12 jul. 2018

Alejandra Pizarnik o la poética de la carencia







 ALEJANDRA PIZARNIK  O LA POÉTICA DE LA CARENCIA.

© José Díaz- Díaz











Alejandra Pizarnik, de nacionalidad argentina, murió  en París, de una sobredosis intencional de seconal. (1936-1972) Provenía de una familia de inmigrantes de Europa oriental y estudió Filosofía y Letras en Buenos aires  y Literatura francesa en París. Sus principales  trabajos están publicados en los volúmenes: Los trabajos y las noches,  Extracción de la piedra de la locura y  El infierno musical.

Su poesía nos abre el camino  hacia una comprensión de la vida  de manera total, plena, entera; quizás  más auténtica, más desprendida. Desbordada hasta la locura, embriagada del goce y el dolor de vivir  hasta llegar a verter su existencia  por su propia mano y voluntad  en el sagrado misterio de la muerte.

Metáforas  extraordinarias, es lo de menos. Lo importante  es cómo nos  golpea su entrega existencial abierta como una flor que se sabe sublime y marchita  en el mismo instante de su mejor color, mujer que besa la vida con los labios alados de su soledad, mujer que delira en la belleza  insufrible de la existencia en los límites del cuerpo y en las valvas  sin horizonte  de un espíritu que se sabe inmortal y perfecto.

Y es que Alejandra Pizarnik, nos enseña con su sacrificio, a vibrar en la vida  con un sentido de plenitud, que este momento histórico, pisotea, opaca y aliena. Ella entró en el oficio de la Poesía con todo, pues la Poesía es la puerta  por donde se reconcilia la existencia humana con su plenitud: por la magia de la Poesía, los sentidos se convierten,  entonces, en instrumentos  para acceder al goce estético del  color o de la música, de la plasticidad del movimiento y de la forma, o en el uso de los sentimientos  para acceder   a la bondad del corazón en la ternura indescifrable  de una energía que se siente y se sabe parcial en la totalidad  y una con la perfecta simetría del universo, una con el prójimo que sufre, una, con las lágrimas que sellan una amistad de ojos que se miran más allá de sus cuerpos, de unas manos que se fortalecen cuando se anudan en el silencio  de dos sombras que se sustentan en el vacío de la soledad.

Alejandra nos indica, definitivamente, cómo transitar por la alucinante embriaguez del despojo de bienes materiales, a roer la  belleza de la inmortalidad humana, con los dientes en posición de batalla escondidos sutilmente  detrás de una boca  que bebe el dulce aliento de un universo que siempre titila en la distancia. El cosmos, diría ella, es nuestra casa y nuestro hogar. La conciencia, el cántaro y el géiser  por donde afloran sensaciones extraordinarias e innombrables.

Transcribo su poema La Jaula, donde se percibe el sacrificio de su existencia.

Afuera hay sol./ No es más que un sol/ pero los hombres lo miran/ y después cantan./ Yo no sé del sol./ Yo sé la melodía del ángel/ y el sermón caliente/ del último viento./ Sé gritar hasta el alba/ cuando la muerte se posa desnuda/ en mi sombra./ Yo lloro debajo de mi nombre./ Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad/ bailan conmigo./ Yo oculto clavos/ para escarnecer a mis sueños enfermos./ Afuera hay sol./ Yo me visto de cenizas.

















29 jun. 2018

Sollozos de mujer enamorada, poemas de Sandra Rosa Cabrera Ortiz


Sollozos  de mujer enamorada, poemas de Sandra Rosa Cabrera Ortiz

La Fundación La Caverna invita a leer la selección de poemas de la joven poeta Sandra Rosa Cabrera Ortiz, tomados de su libro inédito: El planctus de una mujer vestida de nostalgia.
Imágenes frescas, sorprendentes y llenas de ímpetu existencial anuncian el cuerpo erótico de una escritura prometedora. El cultivo de una voz hibernada largamente en el dolor de la pérdida, es garantía de una poesía mayor. Porque sigas creciendo, Sandra Rosa.
José Díaz- Díaz









Sin máscaras


Descubierta allí sin el ropaje de vitrales
Recibí el beso desnudo de raíces genealógicas
Me tocaste… te toqué sin el miedo al sol.
El agua descascaraba cada sitio deshabitado
Y nos llenábamos de la lejana ciudad.
Entre risas y caricias comentábamos sueños citadinos
Besábamos cada gota escurrida y así me ahogabas.
Después cada orgasmo en lo más íntimo nos llegaba,
Seguido la profunda relajación de un mundo aspirado
Y tú allí mirándome como el ave cansada,
Yo deliraba entre gritos de mi profunda guerra.
Como soldado sin pose estaba acostada a tu lado
Y como el beso clandestino tus ojos brillaban,
No sé cuánto tiempo estuve sin rostro
Poco recuerdo de tus máscaras… aún te siento aquí….
jugamos al amor,
besamos sin frenos,
y ahora ¿dónde estás?
La ciudad tiene un ruido insoportable,
Paredes lloran por tanta soledad, por tanto nadar.
Hay calles que han olvidado su dirección,
El mar no tiene olas, el muro ha caído al suelo
Y yo camino sin parar recordando cada instante a tu lado.
Como un animal sin instintos,
al igual que el loco que tiene cordura
así estoy yo padeciendo la ruptura de esta realidad
y le pregunto a la santa mímica :
… ¿donde estás?

Otra nada…

En los vacíos de esta nada me pierdo,
buscándote a ti: inconsolable y desnuda,
mientras mi camino se funde en acero
y mi alma no da paso a esta lágrima mía.
Sin reparos en el mañana incierto
se pierde un alma que nunca me pertenecía,
era el viento o la roca que ostento
no recuerdo que pétalo perdía.
He besado tanta tierra humedecida,
por ajenos lagos que no suceden eternos,
me he colmado tanto de otoños que han muerto,
que incluso he muerto yo sin ningún recuerdo.
En aquel tiempo he vaciado mi alma, ya no tengo cielos…
he abandonado la roca que era mía,
solo siento el fugaz instante de existir
esta vida acuesta que me hurta cada céntimo,
la cumbre de mis deseos donde he visto mi morir.

No te has ido

Cuando entonces morías por mí,
Yo transitaba entre las palabras de muchedumbre
Soñaba con que morirías hasta la fatiga
Y yo te amaría desde la ventaja
De las noches en silencio que me regalabas.
Hoy que ya no vives ni mueres,
Solo lejos levitas, mi corazón ya no te busca
Solo se inventa raíces en tus pupilas,
Pregunta cuando en mi umbral renacerás,
En estos días en los que ya no me sonríes
Solo rezo para que el olvido me haga tan suya
Como una noche de enero lo hiciste tú.
Eres un pensamiento enfermizo,
Una noche que siempre está de regreso
En esta alma condenada al cauce de tu recuerdo.

(Sin Nombre IV)

Eran  dragones de invierno,
Que se asomaban por mi  desconocida ventana
Y yo aquí sin una fe de nada preciso,
De estas mentiras que se nos quedan clavadas.
Era el sexo inoportuno de nuestro encuentro,
El que habitaba en estas tristes esperanzas
Que en las sábanas de suaves helechos,
Tu piel acariciaba y me encontraba.
No inundemos de recuerdo estas letras
Ni miremos el verano que se asoma en esta tarde
Es que yo a ciencia cierta
No soy más que una poeta muerta. 

Planctus y olvido

Ya no te recuerdo como ayer
Has viajado en tu sombra,
Plantándome un adiós sin simpatía,
Navegando en el perturbado encuentro.
Del ayer que has olvidado borrar
Siembras el orgasmo desenterrado,
Silencioso y angustioso despertar.
Ya no te recuerdo como ayer,
Me has dejado un planctus en el tímpano,
Camino y me extingo: ya no soy,
Ya no vengo del ausente momento,
Soy el pez/ el viento / el tiempo.

Atmósferas

Entre el mar y el humo,
La atmósfera me quema los párpados,
Tu olvido y su vapor,
Tu espalda y mi espasmo.
Es que se me olvidó borrarte,
La atrapé sin querer liberarte,
Huí hacia la muerte de tu alma,
Marchita escencia de una mujer
Absurda manera de amar entre la nada.
Ella venía y yo te añoraba,
Tú te marchabas y ella me ventilaba,
No me dormía, no me agotaba.
Moría entre las estrellas lentamente,
Levitaba en tu ventana y huía a su mecedora,
Vivo en un vaivén de incertidumbres y colecciones,
En el marco de una puerta rota,
En  el hierro de un pasado que no escampa,
Bebo del dolor que me acompaña,
Del camino que termina cuando comienza
Nazco en su vientre, muero en ti mil veces una.
No es duda, ni pesar, no es miedo,
Es la muerte que vive en mí,
Es el beso que se fue al verte partir,
Fue el sueño que nació después de ti.

Amarte...

Todo el dolor del mundo me cabe en el pecho
Y la ira oscurece mis ojos,
aniquila mi mirada.
Es el tibio beso q hoy te guardas
Que me arrebata la cordura,
Y en el destiempo me desata,
Es la espesa nube que niegas.
El amarte hasta la herida,
Me convierte en hueso áspero y viejo,
Vivir siendo fuente y no olvido,
Este amarte sin más,
este irte durmiendo a mi lado,
Me envuelve en el miedo inoportuno
De la palabra imperfecta,
del perdón de después.
El tenerte perdiendo el rumbo,
La vida que se escurre entre tus piernas,
La lagrima que nada entre el humo,
La razón que poseo sin tristezas,
El todo que en tu desnudes te guardas,
¡El amarte, cielo, el amarte!










Sandra Rosa Cabrera González, nacida el 31 de agosto de 1989 en La Habana, Cuba. Graduada de Licenciatura en Estudios Socioculturales en el 2014, realizó un Diplomado y Maestría en Gestión del Patrimonio Histórico- Documental de la Música. Cursó dos posgrados en el Colegio San Gerónimo de La Habana y uno de Estética en la Universidad de La Habana. Dos de sus poemas fueron publicados en la revista mexicana "CantaLetras" en el año 2013, en la No. 5 y en la No. 7. En la actualidad labora como Especialista en Gestión de la Actividad Cultural en el Centro Nacional de Escuelas de Arte y en el Museo Nacional de la Música.



16 jun. 2018

Un diletante en su panóptico. Prólogo a la novela YO BIPOLAR, de Jesús I. Callejas


De la revista CRÍTICA. Cl

Apreciados amigos, les transcribo el texto del prólogo que escribí sobre la nueva novela YO BIPOLAR de Jesús I. Callejas, publicado en Revista Crítica cl. de Santiago de Chile.
Un diletante en su panóptico. Prólogo a la novela: YO BIPOLAR  de Jesús I. Callejas. Por José Díaz- Díaz
EN EL MUNDO DE LAS IDEAS E IDEALES
REVISTA LATINOAMERICANA DE ENSAYO FUNDADA EN SANTIAGO DE CHILE EN 1997 | AÑO XX
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Un diletante en su panóptico. Prólogo a la novela: Yo bipolar, de Jesús I. Callejas.
por José Díaz Díaz
Artículo publicado el 15/06/2018
Un joven escritor narra en un diario o novela —a través de ramalazos de memoria— trozos de su vida signada por el agobiante padecimiento de una condición mental que lo sojuzga. Sus recuerdos, afloran abruptamente, como confesiones íntimas, tortuosas, dolorosas y perturbadoras que dejan desnudo el espíritu sensible de un hombre imposibilitado para adaptarse y convivir bajo los parámetros médicos, éticos y estéticos de la sociedad de nuestro tiempo.
Yo bipolar, novela de Jesús I. Callejas, es la segunda de un tríptico antecedida por Memorias Amorosas de un afligido (Amazon 2004) y Los míos y los suyos, de pronta publicación. El espacio ficcional citadino en donde se desarrolla la trama, se llama Baja gracia, ciudad ubicada en el sur de la Florida y trasunto de Miami. Así la describe el narrador:
Si usted cree que exagero le invito a que recorra algunas atestadas calles de Bajagracia; disfrutará de variopinta fauna: charlatanes, orates, falsas putas, cabrones, ladronzuelos, negociantes sin escrúpulos o rateros con corbata, retrasados mentales, politiqueros provincianos, suicidas, canallas por el placer de serlo. Tome en cuenta mi recomendación, apreciado turista; no se limite a recorrer centímetros de idiosincrasia barata: los multiculturales retablos gastronómicos abrumados por la vulgaridad de sus espejos e ingeniosidad vernácula digna de las peores carpas provincianas.
Los museos y las galerías, las bibliotecas y librerías del mundo entero, la oficina del psiquiatra, el edificio donde vive, pero sobretodo, el espacio fantasioso, ilusorio y onírico de una atmósfera plena de detalles surreales, constituirán los ambientes y las escenografías por donde se mueve nuestro personaje. No nos sorprendamos cuando veamos deambular al protagonista dentro de una escena cinematográfica o dentro del lienzo de un cuadro de Modigliani, pues su condición mental lo lleva a confundir el espacio real con el de sus mundos alternativos.
En cuanto al tiempo en el que transcurren las aventuras narradas podríamos situarlas entre 1950 y el presente. El argumento es mínimo y tan secundario como suelen ser el de las novelas literarias actuales, que apartadas de la columna vertebral del “cuentico”, ahora, sostienen su fuerza expresiva en otros elementos narrativos. Se reduce a contarnos su cotidiana existencia en la ciudad y desde el núcleo familiar que lo constituyen. Así los describe:
Más allá de la cúpula ambarina, manoteando el perfumado éter se cruzan cosmonáuticos mis padres, hermanos, tíos, primos, Amelia con su hijo infante de una mano y su hijo hombre de la otra, compañeros estudiantiles, amigos, terapistas, psiquiatras, camareros, cantineros, tenderos, bodegueros, barrenderos, oficinistas gubernamentales y privados.
Su imposibilidad afectiva y emocional para mantener una relación estable y funcional de pareja, nos lo cuenta desde su extravagante relación con su amante esquizoide Amelia. Pero, antes de seguir adelante permítanme agregar algo más sobre la debilidad del argumento de la novela actual, muy pertinente en el caso que nos ocupa. Ya lo decía Ortega y Gasset en su ensayo: La novela presentativa, que lo importante no es el argumento, sino los aspectos formales, algo parecido a lo que ocurre con la pintura moderna. Que “el objeto que se expone no está presente en toda su plenitud, solo se ofrecen algunas alusiones a él, pobres y no esenciales. Cuanto más miremos el lienzo, más claro nos es la ausencia del objeto. Esta distinción entre mera alusión y auténtica presencia es, en mi entender, decisiva en todo arte; pero muy especialmente en la novela”.

El título de este prólogo: Un diletante en su panóptico, busca sintetizar y comprimir al máximo lo que yo considero las imágenes simbólicas de una obra que persigue con insistencia la substancia primordial del ser humano en cada párrafo que asume. Esta narración en primera persona, es una ficción alimentada por un fuerte componente autobiográfico, en donde el autor exhibe su extraordinario cultivo intelectual y cuyo alter ego se muestra mas que se esconde. Callejas es un diletante contemporáneo como pocos con una visión diáfana sobre la condición enfermiza de nuestro tiempo, en donde él es víctima y un vivo ejemplo de criatura secuestrada. La imagen del Panóptico viene al caso ya que esta estructura arquitectónica carcelaria diseñada en los finales del siglo XVIII por el inglés Jeremy Bentham y explicada al detalle por el francés Michel Foucault, nos ubica en el centro de la disfunción de nuestro personaje, afectado por un complejo persecutorio y un consecuente pánico incontrolable.
La omnisciencia invisible del “Guardia universal” o “gran hermano” que desde su garita central vigila y castiga, es sin duda la gran parodia y símbolo genérico de la obra de Callejas, sobre la arquitectura de poder de nuestra civilización.
Digamos algo respecto del protagonista-narrador: el personaje nos zahiere brutalmente con su locuaz verbo, al narrarnos su patética historia personal eso sí, con un vocabulario de un sibaritismo sin parangón en la narrativa actual. A este punto es necesario reconocer que Callejas rescata en su escritura al idioma castellano de esa postración y pobreza de léxico hoy por hoy y sobretodo en el habla de los países caribeños, disminuido hasta la tristeza.
Quien nos lleva de la mano hasta el infierno de sus vivencias es un antihéroe, un hombre sin entusiasmo, que llegó tarde a la feria del romanticismo y temprano al coliseo del nihilismo. Presuntuoso, indolente, perturbado, pesado, raro y antisocial, «un sansón de la demencia»; ocioso decadente como él mismo se describe, y al mismísimo estilo de Bartleby el personaje de Herman Melville, nos abruma al envolvernos e implicarnos en ese mundo quebradizo donde reina el absurdo en donde lo único real es el insoportable padecimiento de una condición mental apabullante. Como él mismo dice:
No soy ni místico, ni intelectual, ni científico; si acaso, un esteta aficionado, un diletante. ¿”Satori”? Lo “mío” es la bipolaridad. No perder el único faro: la tramposa mente, cabaretera saltarina y a la vez aliada imprescindible. La intuición, con sus cantos de sirena, mejor se la dejo al sueño…”.
La trama de la novela, en fin, navega siempre hacia el fondo de un mundo enajenado que nos aprisiona en el despliegue de su interioridad polarizada. Estructurada en más de cuarenta capítulos independientes, al estilo cortaziano de Rayuela, se pueden leer y releer en cualquier orden, con la seguridad que siempre caeremos en el mismo abismo de su esencia inarmónica, parodia del mundo que todos habitamos.
Transcribo apartes del segundo capítulo, en donde el protagonista nos cuenta sobre sus primeros pasos del alucinante mundo que navega:
 … ¿A qué edad te llevaron por primera vez a una sesión? Déjeme recordar… Doctor, si no traiciono mis recuerdos, creo que asistí por primera vez a terapia con seis años debido al pánico que me ocasionan los ruidos y a tratar de esconderme de familiares y, subsecuentemente, de los compañeros escolares. Pero, fui al principio uno de los mejores alumnos del achacoso plantel: calificaciones con puntajes de no menos de noventa y nueve o noventa y ocho (por cinco años consecutivos se mantuvieron en cien, ¿no la parece extraño?), condecoraciones anuales, diplomas nacionales, asistencia y puntualidad intachables. No obstante, un día de caluroso enero, jamás lo olvidaré, por ser el mes de mi terrenal onomástico, ocurrió el espantoso anuncio del naufragio: sin motivo alguno me arrasó un histérico ataque de llanto, preludio, sí, a la horrífica sospecha de que las piezas no encajaban en el rompecabezas vivencial y de que haberlo descubierto sería la maldición de esta mente en striptease depravante.

Y, ¿qué decir en cuanto al estilo narrativo de Yo bipolar? Callejas ya nos tiene acostumbrados, en casi una veintena de obras publicadas, a leerlo en su forma barroca y adjetivada, donde eleva a su máxima potencia expresiva la tesitura de un idioma escrito que nos abruma felizmente por su majestuosa riqueza. En este texto, particularmente, podemos apreciar el visible mejoramiento de la calidad de una narrativa cada vez más plena y depurada, que bien nos dice de una cota elevada conseguida enhorabuena por el autor. El texto está diseñado como novela-ensayo, propicio para verter en capítulos-viñetas toda clase de monólogos interiores, mini-ensayos sobre crítica de música académica, arte clásico y contemporáneo, cine silente y a color, literatura de todo género e ismos; diálogos directos e indirectos que a veces nos dan la sensación de estar inmersos leyendo un guion de teatro del absurdo de Eugene Ionesco con el fondo filosófico de Albert Camus, escritor a quien Callejas admira con especial consideración.

Los tópicos que asume nuestro personaje-narrador son variados y siempre de interés universal en cuanto característicos de la cultura judeo-cristiana y de Occidente. El asunto puntual y primordial de este libro no es otro que la denuncia dela ética médico-psiquiátrica y de medicación con el cual se aborda el problema de salud mental de la población. Pero: Yo bipolar va más allá de las barreras de un tópico casero. Se regocija en el estercolero de una civilización en decadencia cuyos nuevas generaciones no parecen vislumbra nada confortante. Sobre algunos jóvenes dice:

Tatuados y con aretes hasta en las lenguas, mirando hacia el más allá como en espera del supuesto Juicio Final. Dan la impresión de, a duras penas, haber sobrevivido a la lobotomía, pero al coincidir en el ascensor, me saludaron con respeto, debo reconocerlo, y siguieron entretenidos con sus celulares provistos con camaritas fotográficas. La mayoría de estos muchachos se desplazan como víctimas de una liposucción cerebral colectiva.
Continuemos con el asunto de la exaltación de la locura, que en la obra constituye un verdadero panegírico a la obra de Erasmo de Rotterdam: Elogio a la locura (1513), libro que fuera muy celebrado en su tiempo. Copio el siguiente aparte:

Me inclino humilde ante ti Locura, icono supremo de nuestro tiempo. Salve, sublime Locura, ¿individual o seriada, qué importa?, eres el ídolo final por ubicar en el decrépito pedestal de nuestro credo. Ante ti me regocijo ahíto de disparates y terrores, bendecido por el estigma que expeles sobre la estolidez de los que alientan. Inefable divina: rescátanos de la corrupta cordura de aquellos que intentan reivindicar este mundo cuando no hacen sino empeorarlo machacando a los demás. Eres fase álgida en destinos activados con perversa cuerda. Planeo alto viendo cientos de ciudades paralizadas por estar las desidiosas moléculas bebiendo vino en un show de modas; ¿cómo culparlas por su veleidosa agenda?

Las precisas e incisivas disquisiciones sobre temas tales como la historia, (en particular la cultura y mitología grecorromana), la filosofía, el arte, la literatura, la música, el cine, en cuanto objeto de vivencias directas y cotidianas involucradas en el mundo real y virtual del protagonista constituyen crítica viva y sarcástica que rebasa los linderos de la ficción para convertirse en voz que reprueba la perturbada huella de este momento histórico. “La libertad es un pájaro que vuela en ámbitos estrechos” nos recuerda Callejas, para quien es necesario des-occidentalizar occidente si es que se desea salvar el mundo. En este sentido coincide con Albert Camus para quien el nuevo orden que se busca no puede ser solamente nacional, ni siquiera continental, ni menos occidental u oriental. Debe ser universal. En todo caso es una crítica devastadora que solo algunos podrán comprender pero para el autor esto poco le interesa ya que sabe para quien escribe. Al respecto dice:

…No me interesa que me lean todos, sino algunos. Entonces, eres soberbio, clasista. Sí, pero clasista del espíritu… Soy buena gente. Un tipo bacán, leal y honrado, lo que los cretinos son incapaces de percibir. Hoy la depresión predominando sobre la ansiedad; días acelerado, los restantes ansioso.
Quizás las anteriores aseveraciones de nuestro personaje nos lleven a encasillarlo en las consabidas ubicaciones de diestra o siniestra. Nada más alejado de la verdad que eso. El mismo narrador lo desmiente:
Para los capitalistas soy un perdedor, para los comunistas un reaccionario. He vivido bajo ambos regímenes, pero no corresponden a esta saga emocional cronologías cuyos detalles prometo revelar en su momento y que hoy me laceran. 

Amigos lectores, como pueden apreciar, todo buena escritura y en este caso la de Jesús I. Callejas, nos genera un sinfín de elucubraciones interminables pues su substancia es tan espesa y a la vez tan transparente que nos inunda y nos deslumbra dentro de sus ilimitadas orillas. Les deseo suerte al emprender el camino de su lectura. De la mano de Caronte llegaremos al lugar que nos espera. Nos veremos al regreso.

José Díaz- Díaz



18 may. 2018

La Estética de lo feo en el mundo de hoy


La Estética de lo feo en el mundo de hoy
©José Díaz Díaz

            El Grito de Munch

En 1853 El alemán Karl Rosenkranz publicó el libro: Estética de lo feo. La obra aborda un tema que, ahora más que nunca, adquiere singular vigencia debido a la aplastante imposición del gusto actual orientado y sostenido por la Media, por la telaraña envolvente de la “cultura del espectáculo” y, por supuesto, por la tendencia de parte de algunos artistas y escritores contemporáneos de trabajar guiados por estos parámetros. Sumémosle a lo anterior la avasallante producción de cine comercial alimentado por lo grotesco y vil del gusto imperante en nuestra sociedad.
El hecho es que lo KITSCH— palabra alemana que define el mal gusto— parece imponerse como tendencia actual, sin embargo la categoría de lo Feo, va más allá del mal gusto, su presencia en el quehacer artístico  camina de la mano con la Historia de la Bellas Artes.  
 La fealdad se incluye dentro de las llamadas "categorías estéticas". Pero, ¿cómo podemos considerar la fealdad como una categoría estética considerando que lo estético es el estudio de lo bello? Rosenkranz en la Introducción a su libro mencionado se hace una cantidad de preguntas muy reveladoras que nos sirven para adentrarnos en la comprensión del tema:
“¿Cabe imaginar unos estudios llamados "Feas Artes"? ¿Seguimos identificando lo bello con lo bueno, y con lo útil? ¿Qué es más sencillo: hacer una historia de la belleza sin nombrar a la fealdad o una historia de la fealdad sin nombrar a la belleza? Tal vez, incluyamos a la fealdad en las categorías estéticas porque esta es, además, una historia de la relatividad. Y si lo que en el pasado fue feo, hoy es bello, llegamos a la conclusión de que no existe ni lo feo ni lo bello, sólo el observador. Que cuando hablamos de fealdad, todo es y a la vez no es”.

Hagamos un poquito de Historia. La sociedad griega fue una de las que desarrolló en más alto grado lo que ellos entendían por belleza, con unos cánones estéticos en los que se refleja su ideal: orden, proporción y la armonía. Pero, ¿qué sucede con la fealdad en este mundo en continua búsqueda de lo bello? Tradicionalmente, sabemos que los griegos asociaban "bello" con "bueno" también "feo" con "malo". Así pues, los personajes de las tragedias si eran buenos eran bellos y si eran malos eran feos.
En efecto, para los estudiosos de aquella época, lo bello se definía por las medidas de unidad, simetría y armonía, mientras que lo feo, se concretaba en dispersión,  caos, deformidad y  desarmonía. En todo caso, la oposición entre lo bello y lo feo daba luces para comprender el fenómeno: lo bello se oponía a lo feo; lo grande a lo mezquino; lo potente a lo débil; lo majestuoso a lo vil; lo grácil a lo tosco; lo lúdico a lo muerto; lo atractivo a lo horrendo; y todo lo anterior aunado a la madre de todas las contradicciones: el bien al mal, devenían en caldo donde se cocinaban  las tesis para definir semejante problemática.

Pareciera que la condición humana lleva en sí esa dualidad que lo impulsa a crear arte desde sus tendencias raizales originadas en su inclinación  apolínea o dionisiaca de sentir el mundo para plasmarlo en su obra. En efecto, el artista apolíneo desarrolla su estética por el camino de la armonía, mientras que el apasionado dionisiaco se va por el sendero del desbordamiento.
 Como curiosidad histórica,  las leyes de Tebas prohibían representar un objeto con un aspecto más feo del de la realidad y en la  República de Platón, este se oponía rotundamente a la práctica del feísmo. Y era un guardián de la belleza: "también hay que ejercer inspección sobre los demás artistas e impedirles que copien la maldad, intemperancia, vileza o fealdad en sus imitaciones de seres vivos, o en las edificaciones, o en cualquier otro objeto de su arte; y al que no sea capaz de ello no se le dejará producir entre nosotros".  
 Después de Platón, Aristóteles se apartaría del mundo de las ideas, con una opinión mucho más abierta sobre el concepto de fealdad. Incluso llegará a afirmar que la fealdad es una forma más de belleza. Con un pensamiento similar se manifestaría Plutarco ya en la época romana. No dudó en hacer apología de la fealdad, asegurando que el arte requería «diversidad».

De otra parte, Kant en su Crítica del juicio plantea una definición de lo sublime con impresión que supera en más de una forma a nuestros sentidos y nos conmueve como si fuera una especie de poder infinito en el que naturaleza de lo sensible, en el que la humanidad se arrincona para humillarse, provocando una sensación de malestar. Con el arte se sojuzga lo horrible, se lo somete al criterio de malhechor estético que celebra un desorden de lo irregular y lo deforme porque lo que sin importar cuanto se busca la pureza de la línea, ésta no se encuentra libre de desechos impuros que buscan absorber la estética de la belleza. Tal exageración se desarrolló en el llamado movimiento naturalista literario liderado por Zola en Francia y por Blasco Ibañez en España. La estética del naturalismo es contraria a la tradicional y propone una revolucionaria indiferencia entre lo “bello” y lo “feo” que no juzga a lo uno por encima de lo otro si realmente es verdadero.
De acuerdo con Schiller, es común que la humanidad y nuestra propia naturaleza encuentre atracción en lo triste, lo terrible y hasta lo macabro, porque incluso lo horrendo nos atrae con una extraña fascinación, esto de una manera u otra se puede considerar una cuna para la novela gótica en la que los castillos tétricos y abandonados, estilo Harry Potter, lugares en ruinas y pasajes subterráneos repletos de secretos que envuelven asesinatos, demonios, fantasmas y alucinaciones de la perversidad humana. Si bien es cierto que la fealdad no puede ser manifiesta sin destruir paradigmas de la estética de lo bello, esto se logra superar gracias al Romanticismo y autores como Charles Baudelaire en Las Flores Del Mal donde se alude a la lujuria, pecados, impurezas, defectos de la naturaleza y la humanidad para crear una de las más grandes obras de poemas de dicha corriente.


   Güernica de Picasso

Está claro que el concepto de fealdad va más allá de la crítica de las expresiones artísticas pues también cobija el fenómeno social. De acuerdo con Umberto Eco, los miembros de las clases altas siempre consideraron de mal gusto los de las clases bajas; sin duda en esta discriminación han intervenido los factores económicos pero en muchas otras ocasiones, esa aversión ha sido de carácter cultural. Para el siglo XX, la evolución sobre las ideas en torno a la estética de lo feo evolucionaron de tal manera que directores como George Romero admitió que sus filmes utilizan algo tan controversial como la sangre (sinónimo absoluto de vida) con una “horrenda magnificencia” a fin de que la audiencia entienda que sus películas son crónicas sociopolíticas más que un horror ocasional, por lo que se abre una nueva cuestión: ¿lo feo es un medio de denuncia? Este cineasta reconoce que el horror puede llegar a ser un disparador de ventas dentro de la industria del cine, como el caso de Psycho de Alfred Hitchcock ( calidad óptima en el llamado cine de suspenso), o más recientemente  el burdo cine amarillista de temática de narcotráfico. De este modo,  ya no es posible hablar de la degeneración que en ocasiones se difunden en los medios de comunicación en masa, así como la celebración que le perpetúa algunas ramas del arte contemporáneo.
Otro Angulo de la discusión sobre lo bello y lo feo nos lleva a tener en cuenta la posición de Voltaire en cuanto a la subjetividad de la mirada del espectador. En su Diccionario Filosófico nos dice: “preguntad a un sapo qué es la belleza, el ideal de lo bello. Os responderá que la belleza la encarna la hembra de su especie con sus hermosos ojos redondos que resaltan de su pequeña cabeza, boca ancha, aplastada, vientre amarillo y dorso oscuro… preguntádselo al diablo: os dirá que dirá que la belleza consiste en un par de cuernos, cuatro garras y una cola”. Era común aseverar que una belleza europea no encontraba la misma fascinación en un lugar como China o tal vez Latinoamérica, antes de que se diera un proceso de globalización tan expandido que permitiera crear cánones internacionales. Aun así, es necesario separar el feísmo ético del feísmo estético. El primero es definitivamente malévolo mientras que el segundo es concienzudamente inarmónico. En cuanto a los rasgos exteriores informes de una criatura, como el sapo, habría que exaltar su belleza en su indiscutible esencia vital.
Según Karina Ulloa es impresionante la galería de pesadillas, terrores y tragedias que vislumbran desde hace casi tres mil años, que si bien tuvieron alejada esta línea del arte durante mucho tiempo. En efecto, fue el Laocoonte de Lessing, una escultura que data del siglo I a.C. que hizo de manera formal la primera redención de la estética de lo feo. Este ejemplo bastó para que algunos autores comenzaran  a analizar la fenomenología de lo feo en distintas expresiones artísticas topándose con lo complicado que se vuelve representar aquello que provoca repulsión.
En muchas ocasionas a lo largo de la historia, el gusto cambia con mayor lentitud que los estilos, y por tanto, lo que hoy es considerado feo, puede llegar a ser entendido como arte total. Así sucedió con las vanguardias del siglo XX. Estos artistas rechazaban el arte naturalista y academicista de la época. Como resultado, el público consideraba esas obras como fallidas representaciones de la realidad. Es decir, arte "mal hecho", y por tanto, "feo". Se podría decir que todo comenzó con el manifiesto de los futuristas, quienes entendían realizar lo "feo" como una muestra de valor. Sin embargo, La fealdad defendida por los futuristas, y dadaístas era una provocación, muy diferente de la fealdad del expresionismo, que tenía una función de denuncia social.

Esa característica de encontrar en lo feo una manera de denunciar los antivalores imperantes en nuestra época actual cobra una particular vigencia ya que se vale de lo miserable y lo desgraciado de las nuevas relaciones humanas en donde se pretende pisotear la dignidad del hombre actual mientras se enaltece el apetito desbordado por el poder para la humillación de los demás. En este sentido, la utilización de las categorías de lo humorístico y cómico, con sus aristas de sátira, humor negro y ácido, lo burlesco y lo ridículo, (o la consagración de la bufonería y del carnaval) se constituyen en vertientes provenientes del grandioso caudal de las aguas de lo feo que, como hijos menores, trastocan la patética tragedia de lo feo en risotadas hilarantes para aceptar la triste realidad de la comedia humana.
Las laceraciones emocionales  dejadas por las dos guerras mundiales y el inminente peligro de una tercera; La globalización del terrorismo  y de atentados colectivos por doquier, nos ayudan a comprender el panorama desolador de una civilización enferma. Las pinturas: Guernica de Picasso,  El Grito de Munch o La Cruz de Chenco Gómez (pintor expresionista de nuestro patio), son apenas unos ejemplos pictóricos que  aseveran con su mixtura de elementos deformes, iconoclastas y simbólicos, el paisaje que transitamos.
Para nada sobra anotar que fenómenos de  percepción de conciencia social en cuanto a sentimiento de credibilidad y desasosiego existencial subyacentes en el pensamiento posmoderno, agravados ahora por las corrientes de la posverdad y el negacionismo, contribuyen a debilitar cualquier certeza sobre los cánones estéticos a seguir.
Pero continuando con la línea de pensamiento de Rosenkranz,  la cultura judeo- cristiana a través de la biblia también tienen su peso específico, (y grande) en sostener la dualidad entre lo bello y lo feo. De hecho inducen  a parapetar el símbolo de lo feo en una de sus personajes más significativos.  La exposición del mal estético culminaría con lo diabólico. Para empezar hay que rechazar, la postura de aquellos que consideran absolutamente antiestético a lo diabólico. Esto sería tanto como exigirle al arte exclusivamente “exhibiciones morales” y no permitirle que refleje en sus creaciones “una imagen del mundo”. Lo diabólico es esta instancia que hace de la negación del bien un fin absoluto y demuestra placer en la práctica del mal. Sin embargo, la disolución de lo diabólico en lo cómico está ya presente en su contradicción originaria. Su absurda empresa, instaurar en el universo “un estado de excepción” a las leyes del universo mismo, se hace más absurda cuanta más fuerza se emplee en ella. Frente a la sabiduría divina, garante del curso del mundo, la del diablo es ínfima y ridícula, de ahí que éste aparezca en las representaciones populares como clown y gañán. La caricatura, el arte de individualizar, el arte de lo característico cierra el círculo. La exageración caricaturesca reconduce la forma de su distorsión a condiciones de libertad. La más poderosa manifestación de lo feo, el mal llevado hiperbólicamente a su extremo, aparece como caricatura por no poder ocultar su impotencia ante el orden divino del mundo. No hay que olvidar que para la tradición bíblica el Ángel Caído pertenecía inicialmente a la milicia divina.

Como puedes apreciar, amigo lector, el tema da para mucho. Espero que este sea apenas un abrebocas para masticar despacio el agridulce sabor de la incertidumbre globalizada en cuanto al gusto se refiere.





                        La Cruz de Chenco Gómez