17 jun. 2010

Fragmento de El último romántico

A continuación los lectores se encontrarán con un fragmento de la novela El último romántico del escritor colombiano José Díaz-Díaz como abrebocas a la degustación del texto total.



"16. Gerardo Antonio y su novela



No crean ustedes que era tan fácil para mi neófito novelista, escribir diez líneas a pura mano sobre papel, día a día, hasta completar el párrafo que era su meta diaria, en cuanto a escritura se refería. Pero lo lograba con inspiración o sin ella. “Si llega la inspiración, pues que me coja trabajando” se decía, para darse fuerza. Era un defensor a ultranza de lo que significaba la caligrafía para la civilización. Por esto, no utilizaba ni máquina de escribir ni ordenador pues si bien es cierto que vivía en las últimas décadas del siglo veinte, se resistía a utilizar las nuevas herramientas que el progreso le prodigaba y se acomodaba mejor con las obsoletas usanzas de los siglos anteriores y todo él era un joven enchapado a la antigua. Que el verdadero escritor – aseguraba- es el que con su mano y su pluma, le saca música al papel en blanco, que a su vez es la partitura que engendra el verdadero mundo de la fábula.


Total, el asunto no era nada divertido pues además, el único sentido de su vida- y porfiaba en ello con una terquedad ilimitada- era llegar algún día a concluir esa obra maestra que firmaría con sus propios nombres y apellidos, -ya que usar pseudónimo era cosa de cobardes- pensaba, lo cual, además, lo redimiría de su anonimato intrascendente. No quiero ser un perro romántico más, al estilo de los del poema de Roberto Bolaño. No. Pero como tampoco puedo cambiar el mundo de verdad, al menos les voy a dejar simplemente un libro para que se diviertan, aseguraba. Que cambien el mundo los políticos. Yo pasaré por él no como un prócer, que para eso no tengo agallas ni como un mártir de los nuevos idealismos, que para eso se necesita tener cojones y los míos los uso no para la guerra sino para hacer el amor, en fin, tampoco aspiro a ser la gran cosota, total los del boom latinoamericano ya están completos. De modo que, había que ir hacia adelante sin mayores pretensiones pero sin decaer. Ser admirado por lectores agradecidos y subyugados por la intensa degustación del texto leído, por el gozoso bocado que significaría su deglución. Ser recordado por todos al evitar la muerte de la literatura con una novela de verdad, no como esos plagios repetitivos que plagaban de basura los anaqueles de las librerías. Ser respetado por su madre. Uno de sus recónditos deseos, luego de su inminente logro literario era que asomara de un momento a otro su padre, pidiéndole perdón por el abandono y suplicándole que al menos fuera su amigo, él lo perdonaría, a pesar de que en mala hora lo había lanzado en esta tierra de promisión con el innoble sello de la ilegitimidad.


Otro gran problema lo constituía el Tema de la novela. Se devanaba los sesos pensando en la estructura temática y concluía que tenía que ser algo romántico porque sino entonces ¿ Qué?


“¿Quién que es no es romántico?”. Pronunciaba en voz alta la sentencia de Víctor Hugo, para darse seguridad de que el fondo debía a fuerza centrarse en el amor.


¡Claro! Debo seguir los pasos de Don Quijote y Dulcinea, por algo se mantiene como la mejor obra de la lengua castellana. Sí, por ahí es la cosa. Y también debo seguir los pasos de la Divina Comedia, así tenga que ir hasta el mismísimo infierno, Yo Virgilio, detrás de ti mi querida Beatriz, sí, sí, sí. Por algo es la mejor obra de la literatura italiana. Y también detrás de ti Julieta que soy tu Romeo enamorado. Por algo esa historia salió de la mejor pluma de las letras inglesas. Y ¿las penalidades del joven Werther por Carlota, qué? Y no continúo con más ejemplos, Talvez Dafnis y Cloe para reforzar con los frutos silvestres de la Grecia bucólica. Talvez Calixto y Melibea. Y porqué no algo criollito como Efraín y María. ¡Bravo, genio! Tienes agarradito el gran tema por el cuello ¡No lo sueltes!


Si fuera tan fácil. Ahora viene todo lo demás: el cuentito, el argumento. Que crear una adecuada sensación de época. Que cómo se conocen los protagonistas, que dónde se conocen; que si sus padres, que si sus familias, que cuál rico y cuál pobre, sanos o enfermos. O el uno sano y el otro enfermo. Que si ambos malos o ambos buenos o mejor, el uno malo y el otro bueno. La eterna lucha del bien contra el mal. No me creas, no es tan sencillo el cuento, que si final feliz o trágico. Que si novela con final abierto o cerrado, que si tiempo elíptico o lineal. Que si parábola o crudo realismo. Que si lenguaje connotativo o denotativo o una mezcla de los dos. Que si mensaje cifrado o directo. Que si alguna intención subliminal en el texto. Que si algún simbolismo oculto tras bambalinas. Que si trocar historias o fantasear sobre las mismas. Que si el truco del alter ego, autobiografía o ficción neta. Que si realismo histórico o mágico o maravilloso. Que si deconstructivismo, infrarrealismo. ¡Váyase al diablo! Ojalá tuviera yo el genio y la capacidad de síntesis del paisano Monterroso que en una línea escribió el cuento, la mini ficción más corta que la literatura universal conozca:


“ Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”


Yo creo que mejor suspendo esto aunque pierda la inmortalidad y me dedico a escribir guiones para telenovelas -tele-culebras- se dijo para sus adentros mientras bostezaba. Gano bien, me doy la gran vida y emerjo límpido y sonrosado al mundo de la pantalla chica, a la banalidad de la farándula, al palacio del ego, a la ridiculez de lo superfluo, al culto de lo frívolo, que es lo que más odio, ¡Oh, no! ¡Eso sí que no! Nada de cobardía, el proyecto grande sigue en pie. Los dioses me apoyarán con un poquitín de originalidad y genio. El proyecto va. Y va con fuerza narrativa y vigor sustantivo. ¡Literatura o muerte!"
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