26 jul. 2010

Impresiones sobre El último romántico



EL ÚLTIMO ROMÁNTICO

Novela de José Díaz-Díaz


Al relatarnos la breve vida de GERARDO ANTONIO, el autor nos pasea por los paisajes de Colombia y los llanos de Venezuela. No se detiene a describir la geografía misma, sino el efecto que éstos tienen en la vida de los personajes de la novela. También nos pasea por hechos y personajes sobresalientes en su época. La devaluación monetaria del 83 en Venezuela, el asesinato de Gaitán, el de García Lorca el 36, la visita del papa en que se sacó de Bogotá a 666 mendigos, para que su santidad no oliera la pestilencia y otros. La aparición en la vida pública del rector de la UN, como un producto de la generación de La Sorbona en el París del 68. Estos acontecimientos ponen en duda los valores de la sociedad contemporánea, por lo que el autor de EL ÚLTIMO ROMÁNTICO, pone en sutil balance la VERDAD y la MENTIRA.


Gerardo Antonio dedica su errática vida a escribir su novela, sólo para inmortalizarse, desechando, la realidad de la vida. Cuando su padrino se lo hace notar, ya es tarde. Criado entre mujeres, orinando sentado no hacía diferencia de sexo. Cuando su tía Elizabeth le dijo que no usara el vestido de Eugenia, no sabía que ni Eugenia era su hermana, ni que su tía, era en verdad su madre. De su padre, mejor se hizo la idea, de que no le importaba ni lo necesitaba. Cuando se convirtió en aprendiz de escritor, avanzaba un párrafo al día. Lo hacía como un deber diario, auto impuesto para, en un plazo establecido, terminar su novela, que sería el leit motiv de su existencia. G.A. Tuvo la precaución de nombrar a su padrino como su albacea, con lo que, según el relato, se logra su propósito.


Cada personaje aparece definido en el notable marco de sus propios valores. El enano Luciano que es poeta, sabio, vidente, mago y creativo hasta la audacia de lograr confundir la mentira con la verdad. Toribio el loco de la calle 12, en su edad cuerda, fue apasionado lector de los filósofos de la antigüedad, al extremo que la lectura terminó por trastornarlo. La casquivana Mirtaloba, que sabionda de todas las artimañas, para hacer el amor, recurre al enano para que con su magia, le despoje de su mal onírico. La actriz Eugenia, trató de hacer de Gerardo Antonio, un actor. Le decía que le serviría para fugarse de sus aprehensiones, como la hacía ella. Encarnaba personajes, que hasta ella misma creó. Su hermano de crianza, rechazó la idea. Prefirió ser él. Se dijo: Ser para merecer. El cura Antolín sucumbió a la tentación, procreando a Gerardo Antonio, en su lasciva relación con Elizabeth. Su superficial arrepentimiento, lo resume con su “Que me perdone el obispo”. A su vez ella, defraudada por los hombres, con el tiempo iba a encontrar en su amiga Rachi, su verdadera satisfacción sexual. Por otro lado, Mara le enseñó a G.A. la ciencia del amor tántrico, explicándole en detalles, que era lo único que logra unir a lo físico con lo espiritual. Su filosofía simple, nacía de su propia experiencia: Es preferible ser una amante feliz, que una esposa desgraciada. G.A. lo siguió practicando luego con su esposa Lisandra, quien venía de una relación que la había convertido de mujer de la casa, en mujer de la cama. El aprendiz de escritor vivió intensamente, la relación con su esposa, que es interrumpida en forma accidental. También el lenguaje de la novela, va de los términos depurados, quizás a veces en demasiado, al lenguaje directo, explícito. Otro ejemplo de la inestable escala de valores de nuestra sociedad. Los sueños o pesadillas de los personajes reales e irreales anuncian acontecimientos futuros o dejan mensajes a los lectores.


Finalmente, José Díaz Díaz, a quien admiro por este soberbio trabajo y su obra, nos recuerda la espada de Damocles que pende sobre la presente generación de lectores. La desaparición de los libros en papel, amenazado por al acelerado avance de la era electrónica. Que pudiera, en esta generación, sepultar a los bibliotecarios y a los amantes de nuestros buenos amigos los libros.




Hernán Orrego.


Miami, 22 de julio del 2010

orregoh@aol.com


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