13 may. 2011

Los Testigos. Cuento de José Díaz Díaz

                                                            Natural Beauty


Los Testigos.


                                                         “Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo
                                                     consiste en evitar que los niños caigan en él”
                                                           J.D. Salinger, << El guardián entre el centeno.>>
  
1

Le juro Honorable Jueza que las cosas  que le estoy relatando son producto de lo que observé. Vi que Daniel engarzó los dedos de sus manos con las palmas mirando para  adentro y los pulgares sueltos dirigidos al cielo. Luego los colocó en posición horizontal y los comenzó a girar con rapidez primero hacia  adelante y luego hacia atrás. Con la mirada fija yo veía  cómo ese movimiento nervioso de los pulgares -por llamarlo de alguna manera- lo hacía sentir aliviado  de la tensión que soportaba desde que terminó de hablar con su prima Marcela. Ella había sido la  única visita que el paciente Daniel  Salcedo tuvo ese día. Justo un día después del infeliz accidente. El contenido de lo que hablaron, eso sí que no lo sé.
Él caminaba a paso regular el largo pasillo interior  de la casa de asilo con las manos engarzadas, mirando al piso embaldosado y, más precisamente, a las junturas de los adoquines color naranja, que le imprimían un tono lúgubre a la casona de paredes grises.    Va y viene y se detiene. Va y viene y se detiene. Va y viene y se detiene. Podría  asegurar que su mente luchaba por encontrarle algún sentido a lo acontecido el día anterior, por hallarle alguna lógica que explicara el sentido de ese extraño insuceso. Como si encontrarle lógica a algo justificara de por sí esa inexplicable desgracia. Vaya... ¿no? Digo yo.  En fin, era ese su modo de razonar y yo no tengo porqué implicarme en ello. Sólo doy fe de lo que capto, su Excelencia. Además, Usted comprende que en mi condición de enfermero auxiliar en el International Behavioral Health Center de Miami, con una antigüedad y experiencia, eso sí, de veinte largos años en este centro de rehabilitación, se supone que no me puedo equivocar. Con tantos maniáticos que han pasado bajo mi cuidado uno aprende a interpretar sus más mínimos movimientos. ¿Verdad que me cree? ¿Verdad que sí?
Le puedo asegurar que Daniel no tenía la intención de hacerle el menor daño a su psiquiatra el Dr. Placebóh, sólo quería asustarlo. El muchacho se veía de lo más sosegado que Usted pueda imaginar. Durante la rutina diaria lo único que me pedía era que le permitiera dar un paseo de treinta minutos por la playa justo después del desayuno. Y se lo concedí. Estamos a dos cuadras del mar de Biscayne. ¿Por qué le iba a negar ese permiso? Y al final, ni se fugó ni se lanzó al mar para ahogarse, ni atacó a ningún bañista. Lo que hacía era sentarse en una banqueta de madera roída por el salitre, mientras su mirada ausente se perdía en la lejanía como buscando, con desesperado apremio, encontrar el eslabón que le ayudara a desentrañar la clave para solucionar algún enigma. Y sus manos entrelazadas hacían girar los pulgares para adelante y para atrás, para adelante y para atrás.
 Fue una desdichada coincidencia que el médico desarrollara un incontrolable ataque de pánico cuando el paciente intentó caerle encima en la misma oficina donde se efectuaba la cita médica y en la cual el galeno lo insultó tratándolo de imbécil. Yo estaba en la puerta y lo vi y lo oí todo. Ese era mi oficio. Cuidar a mi paciente, o mejor, cuidar al médico de un posible ataque de mi paciente. Noté cuando el Doctor se llevó La mano derecha al corazón. Me alarmé cuando un rictus de desesperación atravesó su pálido rostro y también vi cuando cayó fulminado por ese mortífero ataque que le nubló la razón para siempre.
No pude hacer nada, su Excelencia, sólo gritar y pedir ayuda, que llegó de inmediato pero que como Usted ya sabe, de nada sirvió. Lo que no se me podrá olvidar jamás es la expresión estólida del rostro de Daniel y lo que murmuró en el justo momento cuando el psiquiatra expiraba. Dijo con un hilo de voz que yo sólo pude oír: “ Uno menos, uno más... todo depende del punto de vista...”. Y continuó impasible con sus ojos narcotizados observando el despelote y el desmadre que se formó minutos antes de que se llevaran para la morgue  el cadáver cárdeno y aún caliente del Dr. Placebóh.
Talvez en sus manos esté, señora, que el paciente no caiga, ahora sí de verdad,  en las fauces del vacío. ¡Qué sé yo! Si solo soy un cancerbero que vigila la exigua entrada de   la luz a la oscuridad.


2


Sí, Honorable jueza. Ese es mi nombre: Marcela de los Ríos. Disculpe que haya levantado la mano izquierda para el juramento pero es que soy zurda y una se confunde, Usted entiende...bueno, pero ya tengo la mano derecha bajo su mirada. Sí, tengo 19 años y cuatro meses, para ser más exactos. En efecto, terminé la High School en Miami, donde nací. Mis padres siempre han sido reacios a moverse de aquí, tampoco los comprendo en eso. ¡Oh sí! Pienso estudiar Psicología, para ver si puedo comprender un poco este mundo de cosas y poder ayudar a los demás a que las comprendan. Hay mucha confusión en el ambiente, al menos para mí. Ya ve señora jueza lo que le pasó a mi primo Daniel. Él sí que está confundido de verdad, pero dicen que cuando salga de allá va a poder distinguir entre el bien y el mal, entre la sinceridad y la hipocresía, entre la libertad y la prisión.  En fin, yo no sé nada de eso y esa es la causa por la que quiero estudiar el tal psicoanálisis. Gracias señora jueza por desearme éxitos en mi futuro. Seguro que voy a necesitar mucha suerte.

Bueno... qué le puedo decir... ¿que si conozco a fondo a mi primo Daniel? Pues le diría que sí. Tanto como él a mí. Ya sabe que tenemos la misma edad y hemos sido compinches desde que tengo memoria. Como hemos vivido en el mismo vencindario de Miami Springs toda la vida y, hasta a las mismas escuelas hemos ido, dígame si no lo voy a conocer. Si no fuera porque somos primos hasta novios seríamos. Jeje. No. Nunca lo conocí en actitud agresiva. Rara vez, en lo que puedo acordarme lo vi  pelearse con nadie, un poco retraído, eso sí. Le gusta mucho leer pero yo creo que eso no le hace daño a nadie. Ojalá a mí me gustara leer pero yo no paso de la segunda o tercera página de ningún libro, me quedo dormida I’am sorry, lo mío son las revistillas de variedades y la tele. Bueno, ¿que si le noté algunos cambios significativos en su conducta últimamente? pues, qué le puedo yo responder, talvez sí, talvez no. Espere, espere. Lo único que se me ocurre, es lo que todos sabemos, la negativa a comer. Desde unos dos meses para acá comenzó con esa manía de no probar bocado dizque porque estaba confundido y hasta que su mente no estuviera clara no iba a consumir alimento. Es decir, señora jueza, que en la práctica lo que estaba haciendo el buenote de mi primo era declarando una huelga de hambre hasta tanto la sociedad no se enderezara y tomara coherencia. Vaya locura, ahí sí que le puso la tapa al pomo. ¿A quién se le ocurre una cosa como esa? Yo también estoy confundida, pero por eso no dejo de comer, eso sí que no. Para mí la comida es la vida. Vivo porque como. Al consumir doy fe de que existo. Existo porque consumo.

Pero, no. Él prefirió atacarse a sí mismo en vez de enfrentar al mundo exterior. OK. Perdone Usted la digresión pero es que una fácilmente se deja llevar por las emociones.
¿Que si le hablé del peligro que corría su salud con esa práctica? Pues sí que se lo dije. Hasta me enojé con él cuando vi que no era un juego o si lo era entonces era un juego muy riesgoso ya que se estaba poniendo flaco como un fideo y sudaba fiebre con frecuencia. Yo lo visité varias veces en casa de mis tíos, con la intención de cuidarlo, antes de que se lo llevaran a esa casa de asilo. Lo visitaba en su altillo, donde tiene su cama, su estudio, su guitarra y en fin, que es su rincón donde se siente confortable. Bueno, yo también me sentía confortable allí sobre todo cuando nos poníamos a jugar a los niños, a jugar  dizque al papá y a la mamá, a dejar de ser nosotros mismos para refugiarnos en la nostalgia de nuestra infancia. Cuando declaró su huelga de hambre ya ni a eso podíamos jugar.
Gracias señora jueza por escucharme. Cuando quiera le cuento más cosas. Sólo una petición le hago de todo corazón: que no vaya a empujar a mi primito al precipicio.

3

Ese es mi nombre Honorable señora me dicen Marujita pero mi verdadero nombre es Maruja que dizque viene de María aunque aquí a las Marías les dicen Mary pero mi hijo Daniel siempre me ha llamado Má querrá decir mamá yo no sé nada de eso ni de nada desde que en Colombia allá en San José del Guaviare nos ensanducharon los Guerrilleros y los Paramilitares y nos tocó salir huyendo para salvar el pellejo toda la familia Salcedo Valladares que somos en total cinco las dos hijas mayores que al final se quedaron en Bogotá pues se fueron a vivir con sus novios que conocieron en la capital nomás llegamos y mi hijo menor Daniel y mi marido Antonio con quienes empacamos maletas para Miami ya que pudimos conseguir lo que llaman Asilo en los Estados Unidos gracias a Dios porque a mi marido se la habían sentenciado  los dos bandos por no querer colaborar con ninguno de ellos yo de política no entiendo nada pero aquí estamos más perdidos y despistados que allá lo que me salva es que yo soy madre y las madres sabemos por naturaleza cómo superar la adversidad y  sobrevivir así mismo es señora jueza si usted es también madre sabe que nosotras llevamos la sabiduría y la abnegación por dentro yo cuido a mi hijo todo lo que puedo pero aun así ya ve Usted que el muchacho como que se estancó en su cabeza y no da pie con bola aunque para el Inglés y las matemáticas no ha sido nada malo y se graduó de su High school que le llaman yo creo que algo no le funciona bien por dentro talvez es eso que llaman adaptación o algo así porque el muchacho para todo lo demás es buena gente qué madre va a decir que su hijo no es buena gente ¿verdad que es así? ¿Verdad que me cree? Él no tenía intenciones de hacerle ningún mal al doctor que murió y que Dios lo tenga en su gloria Bendito sea el Señor que mi hijo esta medio desvirolado  pero no es agresivo ni le hace mal a nadie ni se junta con pandilleros o delincuentes como les llaman porque eso sí se lo prohibí desde que era un mocoso mijo nada de ser malandro ni guapetón y bien lejos de las malas costumbres porque tenemos que dar ejemplo de que somos ciudadanos con dignidad cuidadito con eso hasta llegué a amenazarlo hay que respetar las leyes por eso yo creo Doctora que mi hijo es inocente de cualquier maldad eso sí que está un poco zurumbático con eso de la huelga de hambre dizque porque no entiende para donde va el mundo mire  qué cosas se pregunta este mentecato si cada uno de nosotros no sabe para donde va mucho menos el mundo va a saber que rumbo lleva  lo que es la inocencia basta con sobrevivir que eso ya es bastante pero no Danielito se empeña en que todo debe tener un sentido y si la vida no tiene sentido entonces para qué vivirla la cosa no es así  hijo mío se lo he dicho y se lo he venido repitiendo vivir y eso es todo vive y deja vivir se lo repito como una letanía se lo salmodio como una retahíla interminable para que entre en razón y se deje de estar preocupándose por cosas que una no entiende yo no sé yo trato de orientarlo en lo poco que puedo ya que en la práctica vivimos los dos solos puesto que el papá la pasa casi todo el tiempo en Tampa que fue donde consiguió un trabajito estable cuidando una finca y más de la mitad del año la pasa por allá yo sí pongo mis manos en la candela por mi vástago de pronto hasta una misma tiene la culpa sin darse cuenta  es que el destino no es fácil y el miedo  de la agresión se le mete a una hasta en la sangre y se acomoda hasta en los tuétanos y quien sabe si una le trasmitió ese pánico a su hijo como voy yo a saber siempre huyendo siempre perseguidos siempre buscando como salvar el pellejo para lograr mantener lo único que hemos tenido que ni es más que esta cochina vida Jesús me perdonará pero no es fácil señora Jueza huir y huir siempre sacándole el quite al peligro como si vivir fuera una caída ¿soy culpable de vivir? me pregunto y me respondo en las noches más largas de mi soledad ¿soy culpable de vivir? si lo soy entonces que venga el castigo sí  está bien me digo como soñando y como desvariando si es necesario señalar un homicida  entonces yo soy la malhechora y no mi hijo me digo entre sueños y ahora se lo digo a Usted honorable señora que decide el destino de los seres humanos si hay que encontrar un culpable ese soy yo mi hijo es inocente se lo aseguro como que hay justicia divina mi hijo es un cándido y hasta donde yo sé la candidez no constituye delito Usted tiene la última palabra Usted tiene las llaves de la puerta que comunica con el precipicio juro que lo que le he dicho es lo que siento.

 4

Rossy Valenzuela. Ese es mi nombre. En efecto, cumplí los veinte años el pasado mes abril. Sí, un hijo. No, soltera, lo que suelen llamar madre soltera. Lo conocí hace dos meses pocos días después de que me ingresaron en ese manicomio. Al comienzo lo veía con cierta desconfianza, aunque su apariencia me gustó de inmediato. Usted sabe, hay tanto loco por ahí y una no sabe... pero Dani me inspiró confianza y después de unos días de tratarnos con cierta distancia, es decir, sin encabritarse una como cuando piensa que ha encontrado un amigo de verdad y se desboca. Después de unos días entonces sí que me alegraba cuando lo veía en el patio del edificio tomando el sol.
Tenemos muchas cosas en común, hasta soñamos los mismos sueños y entonces nos los contamos al día siguiente y los entretejemos en encrucijadas imposibles y nos los volvemos a contar el día después, remozados con los retazos compartidos, total tenemos el mismo origen latino. Hoy por hoy, Dani es mi gran amigo y lo siento como un hermano en nuestras desventuras, porque yo también soy una desventurada. Miren que aún llevo puesto el uniforme de loca que nos obligan a vestir allá en el reclusorio ese, no es que yo sea tan vanidosa pero ¡por favor! Soy una joven hermosa, no les parece que no me deberían obligar a vestirme como una payasa que eso sí que no lo soy.

Ok. señora Jueza me voy a limitar a contestar sus preguntas. Sí ve Ud. ¿Cómo lo coaccionan a una para todo? ¿Lo entiende ahora? Y así es en casa de mamá donde mi abuela cuida de mi bebito. Obedecer órdenes todo el tiempo. Órdenes en la escuela, órdenes en el High school, órdenes en el College, porque así como Ud. me ve de atolondrada, ya cursé mi primer año de ingeniería  en la St. Thomas University. Órdenes y más órdenes por doquiera que tú vayas por eso es que una se vuelve loca y ¿qué es lo que  quiere un joven? pues muy sencillo, hacer su vida. Solo eso vivir su vida, pero no. No, dice la madre. No, dice la abuela. No, dice mi padre que hace como diez años que no lo veo y entonces una cae. Cae por aquí o cae por allá y después termino abotagada de tanta pastilla y somnífero que es lo que nos aplican en esta cárcel de rehabilitación.
¡Oh, sí! Disculpe que me volví a salir de tema. No, no volverá a suceder. Tómelo como una divagación positiva. No, no estoy sedada. Me salvé de esa porque según me dijo el guardián, a la corte debía presentarme sobria y lúcida. Lúcida es lo que estoy todo el tiempo después de que pasa el efecto mortífero de las pastillas.

 Ok, voy directo a eso. Pues bien, hummm, cómo le digo. Yo creo que Dani sí está en sus cabales pero también le digo que está loco, o sea, lo está y no lo está. Bueno en otras palabras, él sabe lo que está haciendo pero no capta que es una forma extrema de hacer lo que está haciendo. Es decir, motivos para protestar sobran ¿ verdad? Pero cómo hacerlo, eso es otro cuento y la forma menos apropiada de hacerlo es  atentando contra su propia salud. Ahora en cuanto a que hubiera obrado con total premeditación para asustar de tal manera al psiquiatra, al doctor Placebóh, que en paz descanse, hummm,  no, de ninguna manera. Dani es pacífico en demasía. Me consta. En el tiempo que llevamos de internos nunca se ha mostrado agresivo con nadie ni le ha armado bronca a nadie ya sean empleados del centro  o pacientes del manicomio. A decir verdad que el doctor Placebóh tenía fama de bravucón con los enfermos pero eso era todo. Nadie iba a querer matarlo por eso. Par mí fue una desgraciada coincidencia y no tienen porqué inculpar a mi amigo por ese fatal desenlace. Él es una criatura inocente de toda sospecha. A él más bien  hay que cuidarlo para que en un abrir y cerrar de ojos  no se nos precipite al abismo sin que nadie se dé cuenta.
Gracias. Honorable jueza. 

5

Sí. Ese soy yo. Daniel Salcedo Valladares. Se lo juro honorable señora. No estoy dopado. Que ¿cómo me siento? Qué quiere que le diga,  le puedo decir sin temor a equivocarme que me siento bien de la cabeza pero mal del corazón. No, palpitaciones no. Es algo mucho más adentro señora Jueza, mucho más profundo. Usted no se imagina, allá donde el dolor no puede ser aliviado ni con el fármaco más potente. Se lo puedo decir de otra manera, por ejemplo, le aseguro que me duele la conciencia, o el pensamiento o los dos juntos a la misma vez, es algo así como un dolor emocional... cómo explicárselo, no es fácil. Perdóneme, no es mi culpa no poder hacerme entender.

Déjeme contarle. La verdad es que yo no le cargaba ninguna inquina al doctor Placebóh. Que me cayera bien, pues, tampoco. Nadie es monedita de oro ¿no? Usted sabe el dicho Doctora. Pero bueno, vamos al grano. Que me ofendió, sí que me ofendió. A cualquiera que lo llamen  imbécil y esté en su sano juicio, se ofende a menos que sea un gilipollas cobarde y ese no es mi caso. Pero tampoco era una ofensa como para querer matarlo. “Querer matarlo”, he dicho, entiéndase bien. No he dicho para matarlo. Aunque yo creo que fue mi mirada lo que causó su desmoronamiento. Cuando posé mis ojos de incertidumbre sobre sus ojos aterrados. Y también sé que una mirada no extermina a nadie por más odio o desprecio que transmita. Esa es la contradicción que no entiendo. Porque ese dicho de asesinar con una mirada es solo un decir, yo pienso que Usted no me va a condenar por haberlo deshecho con la mirada. Yo no he leído el código penal pero pienso que en ninguna página pueda leerse que al acusado se le condene por una mala mirada. Pero bueno ese ya es su campo y no voy a especular con códigos que desconozco.

Sostengo lo que afirmo su Excelencia. Ahora le contrapregunto: ¿Usted sabe de qué materia se tejen los sueños, Doctora? ¿Lo sabe Usted? Pues sí. Me contestará que con la misma materia con la cual todos hemos sido construidos. ¡Tiene toda la razón! Ahí está la clave de todo. El doctor Placebóh lo sabía y sin embargo no se inmuto cuando me rasgó de un raponazo la red que enhebraba mis más caros ideales. Quiero decir que todo el tratamiento que me aplicó durante la estancia en la casa de rehabilitación consistió en pretender desarticular mi universo. Él quiso desgarrar mi mundo que llevaba en la cabeza, un mundo de bondad y de desapego, para trastocármelo por necedades baladíes y tonterías vanas que jamás van a estar a la altura del sentido de dignidad que yo tengo de la vida. Me quiso convertir en un zopenco normal. Pero es más: pretendió meterse con los sueños de mis sueños. Y ahí sí que fue Troya. Él sabía que los sueños son intocables. Son sagrados. Fue muy lejos con su método curativo. Está bien sedar el cuerpo. Está bien medicar ciertos trastornos orgánicos, pero pretender que uno aborte sus sueños, eso sí que no.
 Y, entonces no me quedó otro remedio que fulminarlo con la mirada. La energía es muy potente, Doctora. Trabaja por vías extrañas y vindica cuando quiere vindicar. Ni yo mismo lo sabía. Era él o yo. El abismo me estaba llamando con premura y eso era peligrosísimo. Si uno se acerca mucho al abismo, como decía el gran maestro alemán, éste  lo llama a uno y ahí acaba todo ¡el abismo se lo traga! En todo caso,  yo nunca conspiré en su contra aunque sabía del profundo mal que le estaba haciendo a mis hermanos pacientes con esa clase de terapia. Si por mí fuera aniquilaría a todos los verdugos de sueños que deambulan por ahí confundiéndonos con sus artificios de buhoneros y sus argucias de saltimbanquis almibarados. Pero, está bueno ya de resarcir sentimientos, que el perdón es el bálsamo para alcanzar el sosiego.
¿Mi sueño matriz?  ¿De verdad, quiere Usted conocer mi sueño matriz? Qué le puedo decir. Aún es de día y las luces fosforescentes doblegan mi conciencia obnubilada. Esperemos la noche que es el recinto natural de todo lo genuino. Entonces las profecías brotarán y saltarán desde los balcones de la primavera buscando a tientas entre galerías oscuras a las criaturas que crecen bebiendo solo el sueño de las enredaderas.

 Permítame, mientras tanto, mientras Usted me absuelve o me condena, sentir sobre mi espalda el sonoro azote de las lianas de los bambúes que en la medida que me hieren, evocan en mi espíritu el camino olvidado de las aguas buscando afanosas el origen de la culpa.

















 





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