26 nov. 2011

Isla después del diluvio. Novela de Chely Lima.




Con la intención de sumarme al diálogo propuesto por mis amigos de AIPEH, dentro del contexto del Círculo de lectura, les voy a expresar algunos puntos de vista que me impresionaron con la lectura de esta interesantísima obra de la escritora y poeta cubana Chely Lima.

La novela  es un bocado literario de gozosa degustación. Se saborea la textura de un vocabulario preciosista engarzado dentro de una legítima trama de encuadre barroco. Las imágenes sensoriales: olfativas, sonoras, visuales (Por ejemplo Celeste:“respiraba el vaho de almidón y picuala machacada que desprendían los cuerpos de los hombres a cada encontronazo...”),  salpican el texto de tal manera que logran una verosimilitud dentro del estilo Real Maravilloso que soporta—como rieles de ferrocarril—la filosofía estética de la obra.

Tengo la sensación de que la autora logra posicionar su estilo dentro de la Estética que condujo a la literatura caribeña, de la mano del gran maestro Alejo Carpentier ( El reino de este mundo, 1949) hace sesenta años, a un lugar privilegiado dentro del panorama internacional. Recordemos la conquista universal que, sumado al Realismo Mágico llevado a su cúspide por García Márquez (Cien años de soledad, 1967) condujo a  la literatura latinoamericana a su inaplazable reconocimiento. Gracias a esos dos verdaderos genios literarios publicitados por el llamado  Boom de la literatura latinoamericana las letras hispanoamericanas, llegaron al tope y tienen hoy la respetabilidad que  merecen.

También tengo la certidumbre de que la novela Isla después del diluvio, recoge y se regodea con lo característico de la prosa desprejuiciada de su paisano Severo Sarduy (Cobra, 1972), con la crudeza descriptiva de Guillermo Cabrera Infante (Tres tristes tigues, 1967) y, por supuesto, con la propuesta global de convertir en pura IMAGEN, el rostro y la identidad del mestizo americano, por parte del gran maestro José Lezama Lima ( Paradiso 1966).

Sin embargo, el barroquismo narrativo de Chely Lima en esta obra es casi más poesía que narración, como es lo típico del lenguaje barroco. Muy pocos son los diálogos directos de los contados personajes que, envueltos en un aura sobrenatural crean dentro de una escenografía fantasmal a la manera de la literatura fantástica de su paisana Daína Chaviano ( como en Los mundos que amo, 2004) el típico juego de un espacio—tiempo, mágico y maravilloso. Se nota el dominio de una preferencia personal que se recrea en los temas mitológicos, de sincretismo religioso y erotismo visceral en donde se combina con matemática precisión el refinamiento de un lenguaje, el rococó de algunos ambientes y la crudeza de narraciones que como polo a tierra sacude al lector para que no olvide que <<el cuento>>sí es real.

Pero como al analizar o simplemente comentar un escrito literario no podemos quedarnos en el fenómeno en sí, necesitamos entonces ubicarlo dentro de las nuevas corrientes del género narrativo en cuestión. Sólo en este sentido me interesa llamar la atención sobre otros movimientos estéticos que han surgido después del glorioso momento  de la literatura de lo Real maravilloso y del Realismo mágico. Tales son las tendencias a escribir dentro de los cánones de la novela histórica y, de manera más amplia, dentro de lo que se conoce como Ficción histórica. En los años noventa aparece un movimiento llamado McOndo que impulsa una nueva forma de narrar ajena al pintoresquismo y al folclor, a lo autóctono y nacional para propugnar por una mirada  transnacional y global. En este sentido, nuestra literatura sigue su camino con narradores más interesados en desligarse de lo nacional e incursionar en un tipo de narrativa de tópicos universales. Reconocidos autores como Roberto Bolaño (Los detectives salvajes y 2666) es un típico ejemplo de esa nueva forma de narrar.

Entendiendo que estas son sólo propuestas teóricas para desarrollar un diálogo siempre constructivo, debo terminar afirmando que es muy grato para uno como lector, poder dejarse seducir y abandonarse a una prosa exquisita y avasalladora, ajena a la realidad o donde la realidad es el puro lenguaje, pero eso sí, bien lejos de tanto librito premiado o no, sin calidad alguna y, hastiados de tanto thriller religioso, de tanta novela negra y hasta de la fatal narco-literatura.

José Díaz-Díaz

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