28 oct. 2012

El escritor y el Estilo literario. Por José Díaz-Díaz




“Escribir es una manera de vivir”, decía Gustave Flaubert  refiriéndose al compromiso solemne y total del escritor con su escritura. “El estilo es el hombre” decía Buffon. El estilo es el autor, su sello personal. Es ese sesgo propio, con todas sus características: psicológicas, intelectuales y estéticas, vertidas y sintetizadas en el texto. Es también el universo literario del autor, pobre o rico, reflejado de manera única y personal en su libro.
 Visto desde la mirada del lector, El Estilo es  ese conjunto de características  que el receptor descubre a través de sus libros y a quien  va a identificar como especial y único, así confluya en sus contenidos con los mismos tópicos de otros autores. De la misma manera como un melómano distingue una pieza de Debussy de una de Brahms sin previamente conocer los títulos de las obras; o como un amante de la pintura diferencia entre un Renoir  y un Monet, con solo un golpe de ojo. No obstante, lo que debe aparecer ante los ojos del lector es la Historia narrada y no el estilo con el cual se escribe.
“El estilo es ingrediente esencial, aunque no el único, de la forma novelesca” dice Vargas Llosa. La única manera de saber si el novelista tiene éxito o si fracasa en su empresa narrativa es averiguando si, gracias a su escritura, la ficción vive, se emancipa de su creador y de la realidad real y se impone al lector como una realidad soberana.
 El estilo, según lo describe Ángel Zapata en su libro Manual de estilo literario para narradores, descansa en cuatro pilares que confeccionan su unicidad: Naturalidad, Visibilidad, Continuidad y Personalidad.
La  Naturalidad se refiere a evitar el estilo artificioso. A no dejarse llevar por el mero atractivo de las palabras. Evitar la forma de expresión amanerada y el vocabulario altisonante sin parentesco con la conversación normal. Escribir bien no es escribir raro. Hay que buscar la autenticidad. El estilo natural es persuasivo, mientras que el artificioso nos hace sospechar de la verosimilitud de la historia. Hay que escribir con aire divagatorio y desvariar porque escribir es vivir. No fingir. Conseguir fiabilidad. Conseguir una voz de timbre cálido, limpio y natural sin estridencias, ni alardes, ni deslumbramientos. Así se gana la confianza del lector. Fingir tramar una fabula es diferente a fabular de verdad.
 Debe prevalecer el estilo sobrio, conversacional, la temperatura emocional de contenidos directos sobre la prosa enjoyada de palabras, atenta solo a la textura y el color de las palabras por encima de la narración misma. La escritura debe pasar a un segundo plano y utilizarse como herramienta para permitir que el interés recaiga sobre la historia contada por los personajes. La escritura natural favorece la necesaria<<inmersión ficcional>> del lector y nos aparta de una narración sosa, cargada y sin magia. Se debe, pues, narrar con claridad, contención y síntesis. Utilizar frases cortas. Buscar la empatía del receptor subrayando situaciones emotivas. Contagiar al lector con el estado de ánimo de los personajes. La tendencia a escribir en registros que exageren  la manera formal, enfática, retórica y asertiva, van en  contravía con la escritura natural.
La Visibilidad se refiere a las cualidades plásticas y sensoriales que debe caracterizar a una buena prosa narrativa. Debe ser figurativa, visual y concreta. Dibujar con palabras, detalles, cosas, acciones breves. Debe ser un muestrario de imágenes. Evitar los conceptos abstractos que dicen pero no muestran. Construir y dibujar un mundo de personajes, escenarios, objetos y eventos. Poner ante los ojos del lector  el contenido de la historia, poniendo los personajes en acción. Hay que despertar el apetito por lo visible y lo concreto. Proyectar la historia en la retina de los lectores. Huir de las descripciones previsibles porque estas le restan visibilidad al relato.
La Continuidad es el tercer pilar que Zapata considera característico del estilo. El secreto consiste en repetir. Conquistar la atención del lector e implicarlo. Repetir para captar la atención. Perseguir y lograr un texto ameno. Evitar los textos pesados y plomizos. No temerle a la Redundancia ni a las Reiteraciones temáticas (anáforas, catáforas), porque estas constituyen el hilo del discurso, sustenta la Continuidad. La redundancia es el tronco del texto que es el árbol.
La Personalidad es el cuarto pilar del estilo literario. Se debe evitar la actitud perfeccionista. El escritor con personalidad escribe desde sí mismo, desde sus vivencias y sus experiencias, desde su modo de estar en el mundo; desde lo que ha imaginado, lo que ha amado y lo que ha perdido. Desde lo más auténtico de su ser. El escritor con personalidad debe descararse y exponerse. Puesto que— como dijera Roberto Bolaño en una entrevista— ser escritor es un trabajo peligroso. Porque debe hurgar en lo obscuro y a veces hasta en lo indecible de la condición humana.  Tan riesgoso como ya anteriormente lo indicara Federico Nietzsche cuando advirtió que de tanto mirar al abismo, el escritor podría caer en él. Aún así, habría que “escribir con sangre”.
José Díaz-Díaz



Publicar un comentario