27 may. 2013

La calidad de un texto literario

 La calidad de un texto literario
Por José Díaz-Díaz


Para sopesar con ecuanimidad la calidad literaria de una obra se siguen algunos lineamientos que despejan las dudas y confusiones al respecto. Las actuales políticas editoriales que imponen la potencialidad de ventas sobre la calidad, ayudan a confundir aún más al lector, publicitando y publicando libros muchas veces con exiguo valor literario.

Uno de los criterios consiste en medir por la profundización que el autor logre en su escrito basándose en el manejo del tema y de la forma. El manejo del Lenguaje debe ser relevante y concreto para que comunique las inquietudes existenciales más sentidas y sustanciales del ser humano. Lo banal y anodino es considerado basura literaria. El logro de conseguir un texto que contenga varios niveles de sentido, nos indica la presencia de una narrativa densa y rica en mensajes y significados. La Trama no solo debe ser una transmisión de sorpresas, o una transmisión de información o de contar historias, sino que debe ser una sucesión cada vez más emocionante de descubrimientos (de desvelamientos repentinos), o de momentos de comprensión.

Otro de los criterios es el de comparar la obra que se está evaluando con algunas obras  clásicas de la literatura universal que se enfoquen en el mismo tema y similares personajes. Si aguanta la comparación es un buen signo de que estamos en presencia de algo importante.
Se puede colegir que una obra tiene deficiencias cuando al compararla con otras de su mismo estilo (temática, punto de vista similar, etc.) saltan a la vista los logros de aquellas y la mediocridad de esta.

Un texto que genera discusión, que invita a conversar sobre él, a polemizar sobre algunos de los temas planteados, punto de vista o manejo de personajes; a ser reseñado y a escribir artículos que espontáneamente lo analiza o lo compara con otros; nos indica que el libro posee elementos de consistencia literaria.
Si la obra en cuestión invita a ser  releída en distintos lapsos de tiempo (las obras clásicas lo son porque nunca pasan de moda), y en cada relectura se descubren elementos que antes no se habían tomado en cuenta, indica que el material tiene consistencia y riqueza expresiva. Si el texto no aguanta una segunda lectura y da pereza volver a abrir el libro, este no  es un indicativo halagüeño.

Es muy importante captar las <<pretensiones de la novela >> y los logros alcanzados. Hay algunas de largo aliento que pretenden condensar toda  una época o expresar una cultura nacional determinada. Hay unas que desean expresar el concepto de Tiempo en la mente humana o del espacio psicológico como única realidad. Hay otras que quieren expresar el sentir de una generación y sus conflictos. Otras que solo pretenden contar vivencias regionales, locales, etc. Será necesario, entonces, sopesar el manejo de los elementos y artificios con los cuales el autor logra acercarse a su objetivo y contemplar el efecto total de su  Creación.

El factor Tiempo (añejamiento y madurez) es un rasero muy importante para medir la calidad. Si el texto mantiene el vigor originario y toda la frescura del momento en que fue escrita es porque el autor consiguió crear una materia viva sustentada en la autonomía de un lenguaje de un poder irreemplazable.
Tanto la temática como la técnica narrativa del texto en cuestión deben aportar algo a la corriente o movimiento literario universal del momento en el cual se publica la obra. Debe mostrar alguna novedad o postular algún cambio así sea a contracorriente del status literario del momento. El autor debe convertirse en escritor señero. Si no hay aporte y no agrega algo a lo ya conocido, la obra va al olvido en el cajón de lo intrascendente.
Una buena obra literaria, tarde o temprano llamará la atención de la Crítica Académica y será objeto de algún Ensayo, de Reseñas Literarias, de notas especializadas (ajenas al comercio del libro) y  a debates y tesis que exaltarán las bondades de la obra en cuestión.
La nueva obra debe ir más allá de lo posible y configurar un paradigma estético radical que sea capaz de conmocionar a lectores y escritores.
Hay autores muy prolíficos (veinte títulos o más), esto no es necesariamente garantía de calidad. La historia de la literatura nos señala autores de un solo libro o dos, que han alcanzado el nivel de clásicos. Basta con citar a Pedro Páramo de Juan Rulfo.

No nos dejemos influenciar al analizar la calidad de una obra por criterios de autoridad que el autor pueda mostrar, ajenos a la disciplina literaria (celebridad, político, periodista consagrado, presentador de televisión, etc.). Por el hecho de que el autor sea un triunfador en otra profesión no se colige necesariamente que lo sea en el campo de la literatura. Los reconocimientos y premios otorgados a un libro, por instituciones y concursos no comerciales pueden constituirse en un indicio favorable a la positiva  valoración de la obra.

Si el Escritor fuera un músico, no habría ninguna dificultad para evaluar la calidad de su trabajo. O se es un buen músico o no se es. O se domina el instrumento, o no. En el campo de la literatura es más complejo el asunto de evaluación. Pero como en todo arte, el decantamiento de la obra y su permanencia en la memoria colectiva tienen la palabra final.

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