8 feb. 2014

San Valentín y el eros literario







San Valentín y el eros literario
(Continuando el debate sobre el erotismo)


José Díaz-Díaz

Una de las vías más apasionantes que asume el oficio de la literatura y del arte en general es ese trabajo de acercamiento al fenómeno humano y de expresar su dimensión erótica, entendida esta como fuerza vital que potencia su relación  con la mente y el cuerpo; con la sensualidad en el deseo y el placer de existir, y por supuesto, en su comunicación total con la pareja, con los demás y con el mundo.

El concepto de Erotismo pareciera variar según el encuadre cultural de cada momento histórico, de cada ideología. Pero siempre se mantiene la ecuación en la cual la mente comanda a los sentidos. Sin embargo, es preciso indicar que la especie humana en su evolución, desde un comienzo ha exteriorizado la presencia de esa fuerza vital tanto en su rutina diaria como en su expresión artística como lo podemos apreciar, por ejemplo, en los dibujos de la Caverna de Lascaux.

Para algunas culturas orientales, el ejercicio erótico va de la mano con la elevación mística, que involucra la actitud psíquica enlazada con la energía mental y espiritual. El Tantrismo es una muestra de ello. Para la Grecia clásica, la expresión erótica fluye plena en la medida que va unida a un ideal de belleza física. Sin embargo, durante toda la edad media dicha práctica  se ve demonizada por la teología cristiana (Leer: Historia de la tragedia, de Federico Nietzsche), que prohíbe y castiga el libre goce de la sensualidad.

En la modernidad, Eros se opone a Thanatos (muerte), según el pensamiento freudiano, y Georges Bataille en su libro El erotismo, centra su análisis justamente en <<la conciencia de la muerte>>. El impulso animal se enriquece y se convierte en erotismo cuando el hombre adquiere conciencia de  la muerte. La fiesta y disfrute llega a su máximo cuando se enfrenta a la prohibición, al interdicto y transgrede normativas que frenan su complacencia.
De acuerdo al pensamiento de Michel Foucault (Historia de la sexualidad) el ejercicio de la sexualidad unido a la connotación erótica liberada de todo impedimento doctrinal, ideológico o moral, constituirá prueba de plena libertad.

En la postmodernidad, predomina la tendencia a confundir banalmente, lo erótico, con el ejercicio sexual, y en el peor de los casos se le tiende a identificar con la pornografía (lo erótico, denigrado a mercancía comercial). Los símbolos erótico-sexuales— antes ingenuos y carentes de morbo y pecominosidad— ahora son utilizados como gancho para vender. El marketing para promocionar toda clase de productos tiende a inducir al consumo a partir de símbolos e imágenes intensas—subliminales o no—soportadas en la poderosa fuerza de la libido y de la eroticidad inmanente al ser humano.

También, es pertinente reconocer que algunas religiones ofician como diques contenedores de la vivencia erótica, temerosos de la furiosa expresión humana de su vitalidad, perturbando y desorientando la conciencia social en la búsqueda de su identidad y de su afirmación como seres que exaltan con pasión y voluptuosidad el goce de vivir. El pecado y la culpa le salen al paso a la inocencia.

De esta manera, la Literatura, tanto en su narrativa como en su Poesía, trabajan un lenguaje acorde con la concepción que los escritores y poetas tienen del concepto de lo erótico, y en este sentido, su escritura busca la confluencia hacia la expresión de la fuerza vital humana desde diversos caminos, siempre exaltando el deseo comunicante y a veces, en el mejor de los casos, la auténtica comunión entre dos seres que desde su individualidad o desde su soledad unen su total energía ( libido compartida) con su otredad, ofrenda que deviene en gratificante sensación de unidad con el Ser total( ver Octavio Paz: El laberinto de la soledad).

El ejercicio del erotismo sugiere el ejercicio de la libertad, ajeno al egoísmo pero enraizado en el mismísimo territorio del amor. De acuerdo con la teoría según la cual el arte y la literatura erótica Sugiere pero no Muestra, el lenguaje apunta a transcribir por la magia de la metáfora y de las figuras poéticas el desvelamiento de esa energía que enaltecen el símbolo del hombre en su búsqueda de una imagen-destello, único y fugaz testigo del paso del hombre por la vida.

El lenguaje erótico es la señal que vislumbra el instante donde el milagro gozoso de la existencia se eleva sobre la miseria de la realidad cotidiana.
Publicar un comentario