27 sep. 2014

La guerra de las civilizaciones





La guerra de las civilizaciones









Una mirada a través de la narrativa de Orhan Pamuk

José Díaz-Díaz


Ahora, con el recrudecimiento de la llamada Guerra de las civilizaciones, recordar el brillo del imperio turco-otomano está de moda. Qué bueno intentar un acercamiento literario con la relectura de la novela Me llamo rojo, de Orhan Pamuk.

El casi desconocido  en nuestro medio, premio Nobel de literatura 2006, el turco de Estambul Orhan Pamuk; a mi modo de ver, no es un escritor recomendable para aquellos lectores que pretenden llegar a la literatura  por la vía de la simple información, de hojear o husmear un libro. En verdad, pienso que se necesita una muy buena dosis de paciencia y disponibilidad de espíritu para poder  traspasar la barrera del afán cotidiano y doméstico, y dejarse llevar entonces, por el goce estético  que produce la lectura de este formidable autor.
Describir el misterio de la vida, el misterio del arte, es en esta obra de Pamuk un reto consolidado. Introduciéndonos en el exótico mundo del imperio Turco-Otomano del siglo XVI, con su profundo conocimiento y sabiduría penetra en las hendijas que  horadan la textura de la cultura Oriental por la influencia de Occidente. Reflexiones de hondo contenido, que van más allá del alcance de un simple fabulador de cuentos, se ensamblan  con  una adecuada dosis de suspenso propia de la novela negra, lo que permite aligerar y suavizar  una temática de por sí seria y dramática. Y es que con una técnica innovadora y sencilla el escritor-narrador omnisciente, asume la voz de cada uno de sus personajes. Habla como si fuera mujer, como si fuera árbol, como si fuera perro o asesino; asume la conciencia de cada una de las criaturas de su ficción. En la historia todo el mundo (hasta los objetos) tiene voz y el escritor asume su conciencia. Es la palabra de la muerte y del diablo, del dinero y del caballo. De este modo, el narrador no solo no toma distancia de la historia  sino que es la conciencia misma de la historia.

El relato todo está visualmente coloreado por  el rojo. De ahí el título. El personaje central es el mismo relato. Todo gira alrededor de la pintura, de las ilustraciones de los libros que los maestros  Turco-Otomanos realizaban por encargo del Sultán  y de los Bajas, ciudadanos adinerados de ese entonces. El color rojo se impone como símbolo de pasión y violencia, de ímpetu y de voluntad, de poder, de arrojo y valentía. El rojo es la fuerza y la luz, la vida y la muerte

En efecto, Pamuk en boca del mismo color rojo Dice: “¡Qué hermoso es llenar con mi fuego triunfante una superficie que me está esperando! Allí donde me extiendo, brillan los ojos, se refuerzan las pasiones, se elevan las cejas y se aceleran los corazones. Miradme: ¡Qué hermoso es vivir! Contempladme. ¡Qué bello es ver! Vivir es ver. Aparezco en cualquier parte. La vida comienza conmigo, todo regresa a mí, creedme”. (Página 314, de la Edición de Santillana, 2006, Madrid, España, con traducción de Rafael Carpintero y  un total de 687 páginas).

La Trama en esta novela es como una disculpa que se permite el autor para  profundizar en la Ética y la Estética del arte de la Pintura  clásica del imperio oriental turco-otomano, bajo la orientación islámica, que abominaba del estilo personal y del retrato al modo occidental. En efecto, el argumento nos cuenta cómo dos de los maestros ilustradores del taller de pintura más importante a las órdenes del Sultán, terminan siendo asesinados por uno de sus compañeros, por razones filosóficas, al darse cuenta de que el libro que estaban ilustrando introducía técnicas occidentales, (influencia francesa) apartadas de los cánones de los antiguos maestros orientales y de los dictados estéticos del Islam. Es una disculpa realmente que le permite al escritor sumergirse en el mundo de la pintura, en el mundo del color y en el mundo del pintor para captar la extraordinaria sensualidad del ser humano extasiado en la luz de los sentidos.

Paradójicamente uno de sus personajes centrales, el maestro Osman, director del taller, quien le dedicara toda su vida a la creación  visual,  se cegará  de manera voluntaria, pinchándose los ojos “con un alfiler de turbante de oro con cabeza de turquesa e incrustaciones de nácar...” por varias razones: 1- para evitar pintar bajo las influencias occidentales; 2- para poder seguir pintando con los ojos de la memoria;3-para evitar el olvido de lo vivido visualmente.

La historia de amor entre la hermosa Sekure y Negro es solo una disculpa complaciente  del escritor para con el lector, igual que lo son las decenas de mini-historias que al estilo de Las mil y una noches, Orhan  Pamuk, nos obsequia en esta obra grande de la literatura.


Detrás de las guerras de las civilizaciones hay un largo camino recorrido por el hombre e impulsado por sus ideas, por sus creencias religiosas y quizás por su proclive tendencia hacia la autodestrucción.
Publicar un comentario