4 nov. 2014

La caverna, escuela de escritura creativa

La caverna, escuela de escritura creativa

















Consejitos


En octubre 1935 Ernest Hemingway publicó en la revista Esquire, un relato donde transcribe los diálogos sostenidos con un aprendiz de escritor, seguramente ficticio, que habría llegado desde Minnesota para consultarle las reglas básicas del oficio. Ese aprendiz aparece designado con el seudónimo Mice (que significa "ratones") y habría acompañado a Hemingway durante una temporada de pesca. A cierta altura, el maestro informa al alumno sobre los grandes libros que todo aprendiz debería leer, en una larga lista que incluye a Tolstoy, Dostoievski, Flaubert, Mark Twain, Kipling, Henry James y muchos otros.

Mice—Pero leer a todos los buenos escritores podría disuadir a un principiante.
Hemingway—Entonces debes ser disuadido.
M— ¿Cuál es la mejor preparación inicial para un escritor?
H—Una infancia infeliz.
M— ¿Usted piensa que Thomas Mann es un gran escritor?
H—Lo sería aunque nunca hubiera escrito otra cosa que Los Buddenbrooks.
M— ¿Cómo puede prepararse un escritor?
H—Observa lo que ocurre hoy. Si conseguimos un pez fíjate exactamente qué es lo que hace. Si te emocionas cuando el pez está saltando, recuérdalo hasta que veas exactamente cuál fue la acción que te aportó esa emoción. Pudo ser el ascenso del sedal desde el agua y la forma en que se estiró como cuerda de violín hasta que las gotas cayeron desde allí, o la forma en que chapoteaba y desparramaba agua cuando saltaba. Recuerda qué ruidos había y qué cosas se dijeron. Descubre qué fue lo que te dio la emoción, cuál fue la acción excitante. Después escríbelo para que el lector lo vea claro y tenga la misma emoción que tuviste. Es un ejercicio para los cinco dedos.
M—Muy bien.
H—Después, para cambiar, ponte dentro de la cabeza de alguien. Si te grito, debes figurarte qué es lo que estoy pensando, tanto como tu sensación al respecto. Si Carlos insulta a Juan, piensa en cómo son ambos bandos. No pienses sólo en quién tiene razón. Como hombre sabes que las cosas deben ser de una manera o de otra. Sabes quién tiene razón y quién no. Tienes que tomar decisiones y afirmarlas. Como escritor no debes juzgar. Debes comprender.
M—Muy bien.
H—Escúchame bien ahora. Cuando la gente habla, escúchala completamente. No te pongas a pensar en lo que vas a decir. La mayor parte de la gente no escucha. Tampoco observa. Debes ser capaz de entrar en una habitación y, cuando salgas, saber todo lo que ocurrió allí y no solamente eso. Si esa habitación te proporcionó alguna sensación, debes saber exactamente cuál fue el motivo de ella. Procura eso como práctica. En la ciudad ponte fuera de un teatro y observa las distintas maneras con que la gente sale de los taxis y de otros vehículos. Hay mil maneras de practicar. Y piensa siempre en la gente.
M— ¿Cree usted que seré escritor?
H— ¿Cómo diablos puedo saberlo? Quizás no tengas talento. Quizás no puedas sentir a otra gente. Tienes algunos buenos cuentos, si es que puedes escribirlos.
M— ¿Cómo lo sabré?
H—Escribe. Si trabajas en ello durante cinco años y descubres que no sirves, puedes pegarte un tiro entonces, igual que ahora.
M—No podría pegarme un tiro.
H—Vuelve entonces y te lo pegaré yo.
M—Gracias.
H—Bienvenido, Mice. ¿Hablamos de otra cosa?
M— ¿De qué?
H—Cualquier cosa, Mice, veterano, cualquier cosa.
M—Está bien. Pero...
H—Nada de peros. Fin. La charla sobre escritura, basta. No más. Agotado por hoy. La tienda está cerrada. El patrón se fue a casa.
M—Bien. Pero mañana tengo algunas cosas que preguntarle.
H—Apuesto a que te divertirás escribiendo, apenas sepas cómo hacerlo.
M— ¿Qué quiere decir?
H—Ya sabes. Divertirse. Alegría. Buenos momentos. Hacer una vieja obra maestra.
M—Dígame.
H—Basta.
M—Muy bien. Pero mañana...

H—Sí. Muy bien. Seguro. Pero mañana.
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