23 ene. 2015

El Cuento, un flash de emoción










 El cuento, un flash de emoción—The Story, a flash of emotion

José Díaz- Díaz

El  cuento como género narrativo, pareciera que está pasando de ser considerado «la cenicienta» de la literatura escrita en prosa, a reina encumbrada y favorita del modo de narrar actual. Las inclinaciones del gusto de los lectores que aún se aferran a este hábito cultural, tocados por la velocidad con que se consuman las actividades cotidianas, así parece demostrarlo. La tendencia reciente por parte de instituciones culturales de favorecer a escritores dedicados al relato corto y las convocatorias a concursos, al menos así lo señala. No es casual que una escritora del relato corto y cuento, la canadiense Alice Munro, en el 2013 se haya llevado la presea literaria más importante en el campo cultural como lo es el premio Nobel. Quizás sea un indicativo no despreciable la creación del Premio Internacional de  Cuento Gabriel García Márquez, en Bogotá, con una bolsa de cien mil dólares, inaugurado en el 2014 y otorgado en su primera versión al escritor argentino Guillermo Martínez.

Para nadie constituye duda alguna el hecho de la consolidación de este formato narrativo a partir de obras de los grandes del género tales como Poe, Chejov, Cortázar, Borges; apuntalado teóricamente con juiciosos trabajos como los del dominicano Juan Bosch; o el famoso Decálogo del perfecto cuentista de Horacio Quiroga; la teoría estructuralista del Cuento de Vladimir Propp; o  los diversos escritos sobre la teoría del cuento del mismo Cortázar, dentro de los cuales encontramos la carta que le enviara en 1954  al mexicano Juan José Arreola.

Pero, para no dispersarnos en diletantes disquisiciones sobre el particularísimo tema, los invito a enfocarnos en el aspecto referente al «tiempo psicológico» en el cual el lector de hoy es inmerso cuando lee un Cuento; vamos a especular sobre la extensión perfecta que debería tener. Para comenzar, excusemos de este breve análisis, al Microcuento, al estilo de los de Augusto Monterroso: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí;  o el de Arreola: Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte; que son piezas de una profunda belleza y sabiduría.

También vamos a obviar los cuentos largos, para centrarnos en el texto de una duración aproximada entre 15 a 25 minutos. Supuestamente para el gusto actual, es el tiempo de duración ideal para vivir una emoción estética de alto regocijo. Habría que aprovechar ese estado de atención privilegiada, de concentración y expectación máxima durante el cual el lector estaría seducido totalmente por la historia que se le está narrando, antes de que su atención se debilite y se diluya en otros menesteres.  El fundamento— válido o no— se ampara en que todo el mundo vive de afán y a la carrera. «Vivir el momento, vivir el instante», escucha y lee uno por todos lados. En este sentido, el cuento se ajustaría como anillo al dedo, al modo de  vida azarosa y rápida del gusto posmoderno.

Sin embargo, la premisa que defiende la tesis del tiempo intenso, profundo y breve— quizás para algunos acuciosos teóricos una peregrina idea—, posee en el cuento elementos esenciales y substanciales que lo caracterizan como tal y que lo diferencian de la novela, por compararlo con otra forma narrativa.
 El asunto para el cuentista infiere un compromiso inexcusable: su texto debe ser fulminante y fatal, que golpee por nocaut  los registros de un tiempo expansivo y vertical sobre la conciencia absorta del lector.

 El perfecto cuentista debería estructurar su narración dentro de un espacio único y en un tiempo mínimo, con un argumento preciso y un solo protagonista, de emociones profundas con un dramatismo in crescendo; con un suspenso que lleve al lector a agazaparse tenso durante ese instante primordial, el cual se abrirá hacia un final de fuegos pirotécnicos o de orgasmo compulsivo unas veces, u otras, invadiendo la psiquis del afortunado lector de sensaciones que sacudan y zarandeen su ser con una vivencia inesperada que lo lleva a reaccionar a fondo, seducido por esta nueva aventura interna que le abre las puertas para avanzar hacia lo esencial.

 De cualquier forma, la intención es la de dejar al lector convulso y exhausto en la convicción de haber pasado por un trance de inolvidable belleza.
Finalmente, convoquemos luces teóricas que nos den—por oposición entre Cuento y Novela— más elementos de juicio para comprender el porqué de una condensación plástica y radical del texto del relato corto. Nada mejor para ello que citar algunos fragmentos de la Carta que Cortázar le enviara a Arreola (citada arriba), y que viene justo a propósito cuando compara algunos de los elementos constitutivos del Cuento con los de  la Novela:

“(…) Es curioso que muchos cuentistas no han reflexionado jamás sobre el género. No hablo de la reflexión estilística, pues no es imprescindible, sino de esa meditación primaria, en la cual colaboran por partes iguales la inteligencia y el plexo, y que debería mostrarle al cuentista lo riesgoso de su territorio, su complicada topografía, y la responsabilidad que supone. El cuento está desprestigiado por los cuentos. ¿Ha visto usted lo que se publica habitualmente en las revistas? Para uno bueno, para un cuento que caiga parado como un gato de un cuarto piso, el resto o son recortes de una situación mucho más extensa (las tijeras son la haraganería del escritor, o su incapacidad para seguir adelante), o difusos tratamientos de cualquier tema, bueno o malo; lo que en realidad estropea a estos últimos es siempre la falta de concentración, de ataque.
” (…) Juegan al fútbol en vez de torear, someten la materia narrativa a una serie de evoluciones y combinaciones complejas, a largo plazo, es decir aplican la técnica privativa de la novela y que en ella da resultados maravillosos (que lo digan Balzac, Stendhal y Proust). Porque no ven —y esto es capital— que el cuento es una cuestión de lenguaje formando cuerpo con el relato, y entonces escriben sus cuentos exactamente con el mismo lenguaje más o menos discursivo de la novela. Pero dando un paso más abajo, no cuesta ver que ello sucede porque el impulso motor del cuento es novelesco, y ahí está la gran macana como decimos en la Argentina, ahí está la burrada sin perdón, creer que un cuento, que es el diamante puro, puede confundirse con la larga operación de encontrar diamantes, que eso es la novela. No me gustan las fórmulas pero me parece que aquí tengo razón: un cuento es siempre el vellocino de oro, y la novela es la historia de la búsqueda del vellocino. La novela es una maravilla, pero su técnica malogra el cuento”.








The Story, a flash of emotion
José Diaz Diaz

The story as a narrative genre seems that is going from being considered "Cinderella" written in prose literature, to lofty Queen and favorite current mode of storytelling. The inclination of preference of readers who still cling to this cultural habit, touched by how quickly daily activities are consumed, seems to prove it. The recent tendency of cultural institutions to favor dedicated short story writers and invitations to participate in contests at least says so. It is no coincidence that a writer of short stories, Canadian Alice Munro in 2013 was the recipient of the most important recognition in the cultural field such as the Nobel literature prize medal. Perhaps a considerable indicative for creating the International Short Story Prize Gabriel Garcia Marquez, in Bogota, with the first prize of one hundred thousand US dollars, opened in 2014 and granted in its first version to the Argentinean writer Guillermo Martinez.

To no doubt is the fact that consolidate this narrative format from works of the greats such as Poe, Chekhov, Cortazar, Borges; theoretically underpinned judicious work as Dominican Juan Bosch; or the famous Decalogue of the perfect story writer Horacio Quiroga; structuralism theory of Vladimir Propp's Tale; or the various writings on the theory of the story of the same Cortazar, among which we find the letter sent by him in 1954 to the Mexican Juan Jose Arreola.

But, not to disperse in dilettantes disquisitions on the very particular issue, I invite you to focus on the aspect concerning the "psychological time" in which today's reader is immersed when reading a story; lets speculate on the perfect extension it should have. To begin, lets put aside from this brief analysis, the micro story, the style of Augusto Monterroso’stories: When he awoke, the dinosaur was still there; or Arreola: You were at ground level and did not see you. I had to dig deep into myself to find you, which are pieces of deep beauty and wisdom.

We will also obviate the long stories, to focus on the text of an approximate duration between 15-25 minutes. Supposedly for the current taste, is the ideal time to live a high aesthetic emotion of high joy. We should take advantage of this state of privileged attention, concentration and maximum expectation during which the reader would be totally seduced by the story that is being narrated to him, before his attention spans weaken and is diluted by other things. The valid statement or not relies that everyone lives in a rush, "Living in the moment, live the moment", listening and one is reading everywhere. In this sense, the story would fit like a glove, random mode and quick taste the story, a flash of emotion of postmodern life.

However, the premise that defends the thesis of intense, deep and briefly perhaps for some theorical people it is a pilgrim idea that has in the story essential and substantial elements that characterize it as such and which distinguish the novel, by comparing it with another narrative form.
The issue for the storyteller infers an inexcusable commitment: The text must be fulminant and fatal, which hit knockout records expansive and vertical time on the consciousness of the reader engrossed.

The perfect storyteller should structure his narrative within a single space and in a minimal time, with precise argument and a single protagonist with deep emotions and dramatic crescendo; with suspense that will take the reader to hunker down during that primary tense moment, which will open towards the end with fireworks or the compulsive orgasm sometimes or other, invading the psyche of the lucky reader with sensations that will shake his being with an unexpected experience that leads him to react thoroughly seduced by this new inner adventure that opens the door to move towards the essential.

Either way, the intention is to leave the convulse and exhausted reader in the conviction of having gone through a trance of unforgettable beauty.
Finally, lets summon theoretic lights of opposition between short story and novel. More evidence to understand why a plastic and radical condensation of the text of the short story. Nothing better to do than to quote some excerpts from the letter that Cortázar sent to Arreola (cited above), and it comes right purpose when compared to some of the elements of the short story with the Novel:

"(...) It is curious that many storytellers have never thought about gender. I don’t talk of stylistic reflection, it is not essential, but that primary meditation, in which collaborate equally intelligence and plexus, and should show the storyteller the risks of its territory, its complicated topography, and the responsibility involved. The story is discredited by the stories. Have you seen what is usually published in magazines? For a good one, for a story that stands as a cat falling from a fourth floor, the rest are cuts of a much larger situation (scissors are the laziness of the writer, or his/her inability to move forward), or diffuse treatments of any theme, good or bad; what really spoils the latter is always the lack of concentration, of attack.

"(...) They play football instead of fighting, submit the narrative material to a series of evolutions and complex combinations, and long term, apply the exclusive technique of the novel and that it gives wonderful results (Balzac, Stendhal and Proust). Because they don’t see and this is capital that the story is a matter of the language forming the narrative language, and then write their stories exactly with the same more or less discursive language of the novel. But stepping down, it is not hard to see that this happens because the

Engine thrust of the story is fictional, and that's the big nightstick as we say in Argentina, there's the stupidity without forgiveness, believing that a story, which is pure diamond, can be confused with long operation to find diamonds, that's the novel. I do not like formulas but I think I'm right here: a story is always the Golden Fleece, and the novel is the story of the quest for the fleece. The novel is wonderful, but its technique spoils the story ".

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