11 ago. 2015

Hombres sin mujeres. Siete cuentos de Haruki Murakami

José Díaz- Díaz













Haruki Murakami, el escritor nipón contemporáneo más leído en occidente (Kioto, 1949) nos dispensa en esta oportunidad  con un libro que contienen relatos escritos con la fórmula estándar que caracterizan su universo narrativo.

En esta selección de historias cortas, encontramos de nuevo la recurrencia y consolidación de Los elementos formales y temáticos del escritor japonés de culto: fantasía fusionada con realidad, surrealismo pop, soledad vertical, amor nostálgico. Escenografía posmoderna: ambientes nebulosos y claroscuros; clubes de jazz, amistades con gatos misteriosos, atmósfera de policial negro, explicaciones metafísicas; suspense; personajes anónimos y ordinarios (y justo por eso, curiosamente, mucho más humanos) perdidos en ese sombrío hueco de su absurdo existencial. La receta se adereza con un flashback  que nos llevará siempre a un retorno soñado de la niñez para recuperar la inocencia perdida y el paraíso donde todo es perfecto.
 He ahí una fórmula que le ha dado resultados excelentes para consolidar un estilo, conquistar un mundo de fans,  vender mucho y ser tenido en cuenta para la adjudicación del premio Nobel de literatura.

Es imprescindible subrayar que en  el nuevo libro inspirado en tres  obras clásicas de la historia de la literatura— las cuales le sirven como  columna vertebral al entramado narrativo— Murakami rinde un tributo explícito a sus autores, a la vez que se ensaya como «copista arriesgado» al emprender una reescritura al talante de los manuscritos de un palimpsesto que capa tras capa mantiene sus signos y símbolos originales y que, transcribe sobre temas y formas tan reconocidas y consolidadas, en la misma  medida en  que inserta su tono personal y su sello de amanuense vanguardista.
 Definitivamente  Murakami se aviene mejor con la distancia corta que con la larga, es decir, con el cuento que con la novela.

 En Sherezade, recrea al cuento clásico medieval de Las mil y una noches, en el cual se engarzan y enhebran historias de nunca acabar. En el cuento del japonés, Habara, un hombre recluido en casa por razones desconocidas invita a la mujer que cuida de su casa a contarle extrañas y apasionantes historias después de las relaciones sexuales que mantienen en cada una de sus encuentros.

 En Samsa enamorado recrea a su modo las dolencias emocionales del protagonista de Gregorio Samsa en la Metamorfosis de Kafka, publicado por primera vez en 1915. El peso aplastante de todo tipo de autoridad sobre la disminuida víctima, recobra sesgos extraños en la nueva prosa.
En Hombres sin mujeres, título homónimo (Men Without Women) de Hemingway publicado  en 1927— y que le sirve de nombre a su nuevo libro— desarrolla la temática de los hombres solos, en este caso, con un tópico que se centra no en los hombres solitarios de Hemingway sino en los sentimientos de aflicción de los  hombres que han perdido a sus mujeres.  Narrado en primera persona, como suele ser su estilo, el protagonista adulto se entera del suicidio de quien muchos años atrás(a los catorce años de edad) fuera su amante. Este argumento le permite vivenciar con nostalgia absoluta la pérdida de su juventud. Añora con hondo dolor la gratificante plenitud del disfrute la vida en el alborozo de una energía sensorial que toca los linderos de la felicidad. Es el retrato patético del adulto que se consume en  el menoscabo de la magnificencia de esa etapa lúdica de la existencia. Murakami rememora esas vivencias de adolescencia y primera juventud como un experto Curador de arte que husmea con fina sensibilidad la pátina del tiempo aún caliente en el cuerpo de su amada obra, pero que en vez de encontrar lustre y brillo solo encuentra angustia y soledad. Nos abocamos a contemplar la imagen de una absoluta impotencia que describe como un abismo insalvable:
 “…no es que solamente sea hondo, sino que además tiene una anchura espantosa. Tanto que desde el fondo se eleva una alta montaña formada por los restos de los pájaros muertos que, incapaces de franquearlo de extremo a extremo, cayeron extenuados en pleno vuelo…”.

De otra parte, la crítica favorece decididamente a los títulos: Sherezade y Kino, como los mejores cuentos del compendio. Estos dos relatos brillan por encima del resto. Kino es el nombre del protagonista: un deportista de juventud, ahora vendedor de material deportivo, que descubre que su mujer se acuesta con un compañero de trabajo. Después del divorcio, Kino alquila un bar al final de un callejón y decide cambiar de vida y de negocio. Hasta ese bar llegan algunos extraños personajes, entre ellos un gato que parece elegir el bar como hogar y también Kamita, una especie de mafioso aficionado a los libros que, en un momento dado, le dice a Kino que es mejor que deje el bar y empiece a viajar.

En el primer relato Drive my Car, encontramos a un protagonista actor de segunda fila que, por unos días, se ve obligado a contratar como chofer a una joven. Mientras esta le lleva de un lado para otro, el protagonista le va contando, casi como sin querer, cómo ha sido su vida. Así la conductora se entera de que su mujer, muerta hace no mucho y también actriz, lo engañaba con otros hombres: actores con los que compartía película y a los que luego, nunca, volvía  a ver. Después de su muerte, cuenta el protagonista, él mismo se reunió y acabó siendo amigo de uno de esos amantes de su mujer.
El relato Yesterday, es la historia de tres jóvenes  narrada por uno de ellos desde su madurez. Kitaru, uno de los protagonistas, propone a Aki, el narrador, que puesto que no tiene novia, podría salir con la suya, llamada Erika, y así cuidar de ella. “Mejor que salga contigo que con otro”, viene a decir Kitaru. Aki, entre molesto, confundido y deseoso, acepta salir una vez con Erika, con quien volverá a encontrarse años después.

El relato Un órgano independiente,  desde la figura del narrador-testigo,  nos deja ver la fascinante historia de Tokai, un médico mujeriego y despreocupado que nunca ha querido tanto a alguien como para atarse a él, pero que un día, siendo ya maduro, se enamora de una mujer casada. Los celos y su incapacidad para aceptar el rechazo, llevarán a Tokai a una destrucción lenta, voluntaria y espantosa.
Aruki Murakami no es el mejor cuentista del mundo, es evidente, pero leer a Murakami provoca instantes de gozo supremo al apreciarse destellos de lo que es el bello arte del buen contar. Ese halo poético que se siente en la fragilidad angustiosa y en la vulnerabilidad e impotencia de sus criaturas literarias, nos agobian y nos desestabilizan como contemporáneos, al fin de cuentas, de un tiempo cuyo rasgo principal es el de la incertidumbre.

Hombres sin mujeres. Haruki Murakami. Traducción de Gabriel Álvarez Martínez. Tusquets Editores. Barcelona, 2015. 269 páginas. 

 

 













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