12 sep. 2015

Emigrante. Cuento de Dioly Araque

Emigrante
Cuento de Dioly Araque

La Caverna, escuela de escritura creativa, en esta oportunidad invita a leer uno de los cuentos de la coantóloga venezolana Dioly Araque. El texto hace parte de la Antología Bilingüe: MUESTRARIO DE FICCIONES HISPANOAMERICANAS a publicarse en la plataforma de Amazon en noviembre próximo.





              “Dedicado a todos aquellos que un día se encontraron atrapados en una celda. 
Que estas palabras de alguna manera liberen tanto dolor.
A todos los cubanos caídos en busca de libertad”.

Primero salió mi esposo. Su padre lo mandó a buscar. El pagó para que lo sacaran de Cuba y una madrugada se fue a la tierra de la libertad. Claudia y yo nos quedamos solas en la casa, y la tristeza, bueno, la tristeza me llegó después con los días, pues, estos comenzaron a  hacerse larguísimos y las horas pasaron a ser eternas, eternas. Pero, ¡ya tú sabes!, yo siempre mantuve la esperanza que Ari haría todo lo que tenía que hacer para sacarnos a la niña y a mí de Cuba. Aquello que vivimos no fue fácil para ninguno de los dos. Me pasaba el día entero arreglando la casa y al día siguiente volvía a arreglarla para que el tiempo se consumiera y los pensamientos no me comieran la cabeza.
Un día Ari me llamó y sólo me preguntó por la niña, ¡tú sabes!, él estaba loco por ella, la niña era la luz de sus ojos  y me dijo que alguien vendría a visitarme y que le prestara mucha atención. Él no me dijo cuándo, ni el día, ni la hora, ni quién era y no dijo más nada, y así mismo se despidió y trancó el teléfono. ¡Muchacha!  tú no te imaginas lo que yo tenía que hacer para ir a recibir una llamada de Ari desde aquí en Miami, y después que Ari se iba por ese teléfono, ¡muuuchaacha! Yo siempre me quería morir.
Pasaron los días y la persona no venía a verme y pasaron como dos meses para que al fin la persona llegara, y cuando menos lo esperé entonces llegó de madrugada, eso fue como a las dos de la mañana. Así que, abrí la puerta y yo estaba muy asustada, tú sabes, porque yo en ese tiempo andaba muy extraña de los nervios, bueno, me había puesto así después que se fue Ari, y el corazón en el cuerpo me saltaba por todo.
El hombre aquel entró y me dijo cerca de la puerta rapidito — en cualquier momento la venimos a buscar a usted y a la niña, pero sólo puede traer lo necesario, no dijo más nada, ni la hora, ni el día, ni qué había dicho Ari, ¡niñaaa!, que desesperación me entró a mí. Así que, pasaron los meses y nada que me venían a buscar y yo casi que me volvía loca de tanto pensar, porque además,  yo no podía decirle nada a nadie y para colmo cuando Ari llamaba sólo me preguntaba por la niña y las llamadas eran todas demasiado cortas y lo que decíamos era todo tan extraño. Yo sabía que el pobre Ari estaba asustado también, entonces, me dio por comenzar a prepararlo todo y a escribir una carta para dejársela a la prima mía. También, hice unos papelitos para ponerlos en las cositas mías y en las de Claudia para que mi prima las cogiera para ella, también, dejé una nota para que mi prima repartiera todo rápido, como la ropita de Claudia para que la usara otra niña, tú sabes, todo antes que se metieran ellos y se lo llevaran todo. La prima mía siempre pasaba por la casa a visitarme, pero yo nunca le llegué a contar nada a la pobre, nunca le dije que en cualquier momento yo dejaba Cuba.
Sabes, que yo soy de un pueblo muy pobre que se llama  ‘Aguacate’, y todo es tan pobre que aquí en Miami he cogido una lloradera cuando pienso que mi pueblo es muy pobre. Esto no se puede explicar me refiero a lo que uno siente cuando está viviendo aquí del otro lado con tanta comida y tantas cosas para usar que todavía no sé ni para qué sirven en esta vida. Bueno, para hacerte el cuento corto el hombre llegó en la madrugada a mi casa y no tocó la puerta, él, cuando llegó ya estaba allí adentro en la casa mirándome mientras dormía, me echó un aire húmedo y caliente y dijo muy cerca de mi oído, muy cerca de mi cara, —¡nos vamos! Cuando yo abrí los ojos pegué un salto por el susto que me metió y corrí a coger a Claudia y actué como si alguien me la venía a robar, inmediatamente me repuse porque me di cuenta quién era y agarré el bolso mío que ya era muy pequeñito de tanto sacarle con los días y los meses lo que ya no era necesario, así que, me moví rápidamente con Claudia entre mis brazos y como lo había planeado repartí rápido los papelitos que había escrito por toda la casa, y también le dejé a mi prima la carta en la cocina cerca del fogón y apresurádamente nos fuimos de la casa. 
Esa madrugada partimos del pueblo y viajamos como por una hora y diez minutos  por entre los montes hasta que llegamos a un lugar donde solo estaba el mar. Era una maleza que había que atravesar caminando para encontrar apenas un pedacito de arena que era la única orilla para enseguida echarte al mar, todo era muy difícil. El hombre nos llevó hasta allí, y no se despidió, se hizo a un lado y antes de irse me dijo, — entra en el mar y vas a caminar hasta allá y señaló con un dedo el mar oscuro. Yo no veía nada ni siquiera lo podía ver a él, entonces, él se dio cuenta de lo que le pasaba a mis ojos y me dijo —aprietálos, él se refería a mis ojos y yo los cerré con fuerza y luego dijo, —abrélos bién, y presta atención, ¡tú estás viendo allá, verdad! y señaló de nuevo el mar con el dedo y fue cuando vi en aquella oscuridad unas sombras. Le respondí — sí las veo, y eso fue todo cuando viré sólo estábamos Claudia dormida en mi hombro y yo que seguía intentando ver las sombras.
El hombre se fue y no supe más nada ni siquiera su nombre. Cuando caminaba dentro del mar miré hacia atrás con nervios, pero, él ya no estaba, entonces, miré solo hacia adelante, hacia donde me esperaban las sombras. Avanzaba y las sombras las veía cada vez más lejos. Claudia me pesaba y el bolsito lo sentía tan grande e incómodo que ya no podía más con el peso adentro del agua. Entonces, de nuevo me alcanzaron los nervios, y Claudia comenzó a hablarme para espantármelos. Ella como que presentía algo cuando yo estaba a punto de caer en sus redes. Ya despierta comenzó a darme ánimo y me decía  — ¡vamos mami!, allá esta papi, ¡apúrate! El bolso lo sentía como si llevara un hierro y andando como pude lo abrí y comencé a sacarle parte de las cositas que traía. Una a una las fui soltando en el mar, flotaban todas a mi alrededor y a mí, eso, ya no me importaba. Sólo me importó  algo que busqué con desesperación en el fondo del bolso y que en ese momento de atribulación no lo encontraba, eso sí, lo quería tener conmigo. Aquello era desesperante porque el agua la tenía casi por el pecho, pero al fin, después de tanto tantear encontré lo que me pesaba y lo que no quería perder. Cuando mi mano al fin lo atrapó, lo saqué del bolso con fuerza y decidí apretarlo a mi pecho junto con Claudia. Entonces, me liberé del bolso que me hacía presión en el cuello y lo dejé en la superficie del mar.
Subía el nivel del agua por mis senos y ya los nervios se habían apoderado de mí. Allí mismo ya no me importó nada y con desesperación comencé a llamar a Dios por su ayuda y como una loca le hablaba a la nada en medio de aquella oscuridad. En medio del mar negro donde me encontraba ninguna de las sombras venía a ayudarnos ni a mí, ni a Claudia porque la orden que dejó el hombre era que yo tenía que llegar hasta el bote y ellos como que también lo sabían. El agua subía, subía, subía y en mi subía el terror de morir ahogada con Claudia en mis brazos. Yo sentía mientras marchábamos en el mar que más bien íbamos camino a la muerte. Claudia me pesaba mucho, entonces, la empujaba hacía arriba con mis brazos para que no se me ahogara y el agua subía, subía cada vez que avanzaba. Claudia  decía — ¡vamos mami que ya vamos a llegar!, — ¡apúrate mami! Y en un brazo sostenía a la niña y la apretaba a mi pecho y entonces jorobaba mis hombros y los ponía hacia adelante para sujetar el libro para que Dios no nos abandonara. Allí, en ese instante fue que me atreví a decirle de frente a Dios que no nos dejara morir ni a mí, ni a mi niña. Yo lo hice con lágrimas en los ojos, me atreví a gritarle en medio del vacío y lo hice responsable de todo lo que nos pasaba a mí y a Claudia. Después, caminé con más fuerza y mis pies comenzaron a moverse más rápido como si llevara un motor en las piernas. A Claudia la levantaba con un brazo cada rato para que no tragara agua y con el otro brazo levantaba la Biblia para que no se me mojara.
El agua la tenía ya por la boca, entonces, comencé a caminar dando saltos como una rana para que no se me metiera el agua por la nariz y le dije por última vez a Dios con la esperanza de que me escuchara que nos salvara, que sólo lo tenía a Él, a Claudia y a la Biblia. Esta vez le dije en un tono que le insinuaba que la bravuconerías mías no eran con él, y allí abriéndome camino entre las aguas y diciendo todas esas boberías fue cuando de repente escuché a alguien decir — ¡la niña primero!, ¡niñaaa!  Pensé, me habló un espíritu.  ¡Coñoooó!, pero, fueron las sombras quienes hablaron y vaya susto que me pegué. Asi fue, que me di cuenta que habíamos llegado a el bote. Entonces, sentí como de un jalón se llevaron a Claudia y cuando me tocó el turno a mí, les advertí, — ¡cuidado con el libro! Insistí para alcanzar el bote dando saltos para tocar el fondo con mis pies y en la tercera del impulso ya estaba arriba lanzada a el piso del bote como sardina fuera del agua pescada en la red.
Acostada en la embarcación abrazada a Claudia, mientras el viento nos secaba a las dos, de repente, la niña armó un alboroto y reaccioné esta vez sin asustarme y me di cuenta por Claudia que el cielo tenía una estrella. Las dos lo celebramos dándonos besitos y abrazos y después Claudia me insistió, mami regálame la estrella y yo le regalé la estrella. Entonces, le dije - Claudia mi amor ahora quédate quietecita y para de hablar de la estrella porque la estrella nos está mirando y yo sé que ella quiere hablarnos, vamos a preguntarle con la mente cómo se llama para saber qué es lo que ella quiere. Tendidas las dos, concentradas en la estrella, y envueltas en el aliento cálido que expulsaba nuestra respiración, nos quedamos mirando por un largo rato a la estrella de Claudia en el cielo. Mientras, las sombras tomaron rápidamente las riendas del bote y emprendieron a toda velocidad el viaje en alta mar para desafiar las olas, para desafiar los tiburones, para desafiar la guardia costera y así fue como alcanzamos la libertad.


                                                         
“Emigrant”
A Short Story by Dioly Araque.
Translated by Maria Gabriela Madrid.

Dedicated to all those who one day found themselves trapped in a cell.
That these words somehow release much pain.
To all Cubans who died in search of freedom.


First came my husband. His father sent for him. He paid to get him out of Cuba and one morning he went to the land of freedom. Claudia and I stood alone in the house, and the sorrow, well, the sadness came to me the day after, because, these began to be very long and the hours became eternal, timeless. But, as you know! I always held out the hope that Ari would do whatever he had to do to get the little girl and me from Cuba. What we live was not easy for either of us. I spent the whole day cleaning the house and the next day again to pass time and the thoughts would not consume my head.
One day Ari called and just asked for the girl, you know! He was crazy about her, she was the light of his eyes and he told me that someone would come to visit me and to pay close attention. He did not say when, neither the day nor hour, not who he was and did not say anything else, and likewise said goodbye and hung up the phone. Girl! You
cannot imagine what I had to do to go to get a call from Ari from here in Miami, and after Ari was on the phone, girl! I always wanted to die.
Days passed and the person didn’t come to me and two months passed and finally  the person arrived, and when I least expected it he came at dusk, it was about two in the morning. So, I opened the door and I was really scared, you know, because I at that time was so uneasy with my nerves, well, I was like that after Ari left me, and the heart in my body jumped for everything.
The man came in and quickly told me close to the door - at any time we will come to look for you and the child, but you can only bring what you need and did not say anything more, nor the hour, or day, or what did Ari say, girl what a despair
came to me! So the months passed and nothing came to look for me, I almost went crazy from thinking, and I could not tell anyone and to top that when Ari called just to ask about the girl and the calls were all too short, and what we said was all so strange. I knew the poor Ari was scared too, then I got to start preparing everything and to write a letter to leave to my cousin. Also, I made a few pieces of paper to put in my own stuff and those of Claudia’s  for my cousin to grab them, also, I left a note for my cousin to give away everything fast, like Claudia’s  clothes so another girl could wear them, you know, everything before they came to take everything. The cousin of mine always came to visit me, but I never got to tell anything to the poor girl, I never told her that any time I would leave Cuba.
You know, I am from a poor village called “Avocado”, and everything is so poor that here in Miami I cry and cry  just to  think that my people are very poor. This cannot be explained. I am talking about what you feel when living here on the other side with so much food and so many things to use that you do not yet even know what they are in this life. Well, to make a long story short the man came in the morning to my house and did not  knock on the door. When he arrived he was there in the house watching me while I slept. He blew hot humid air and said very close to my ear, very close to my face, -Let’s go! When I opened my eyes I jumped from shock and ran to get Claudia and I acted as if like somebody came to steal her, immediately I recovered because I realized who he was and grabbed my own bag which  was too tiny for all the days and months where I took out what was no longer necessary, so I moved quickly holding Claudia in my arms and as I had planned I quickly handed out the papers I had written all over the house, and left my cousin the letter in the kitchen near the stove and hurriedly went out of the house.
That night we left the village and traveled for about an hour and ten minutes from the brushwood’s until we reached a place where it was only the sea. It was an undergrowth that we had to cross walking to find just a bit of sand that was once the only bank to lend to the sea, and everything was very difficult. The man took us there, and did not say goodbye, moved aside and told me before he left – go into the sea and walk there while pointed with his finger at the dark sea. I did not see anything even I could not see him, then he realized what was wrong with my eyes and told me –close them tightly. He was referring to my eyes and then said -open them well, and pay attention, you're seeing there, right? While pointing again to the sea with his finger it was when I saw shadows in the darkness. I told him- Yes, I see them - When I turned it was just Claudia   asleep on my shoulder and I was still trying to see the shadows. The man went away and I knew nothing more, not even his name. When I walked into the sea I looked back nervously, but he was gone, then I looked only forward, where the shadows waited. I walked further  and I saw the shadows farther and farther away. Claudia was heavy and the purse felt so large and uncomfortable, and I could not take over what it  weighed in the water. Then again I was nervous, and  Claudia started talking to me to frighten off  my nervousness. She sensed something like that when I was about to lose it. Already awake she began to encourage me and told me – let’s go mom! There's daddy, hurry up! The bag felt as if it had an iron and I walked as I could and then opened it and started to get some of the stuff out. One by one I dropped them into the sea, and as it was floating all around me, it no longer mattered. It only matter to me what I desperately searched for at the bottom of the bag and at that moment of tribulation I could not find it, though, I wanted to have it. That was frustrating because the water was almost at my chest, but finally, after much searching I found what  weighed so much and I did not want to lose it. When my hand finally caught it, I pulled it out of the bag  and decided to hold it close to my chest along with Claudia. Then I freed myself from the bag that put some pressure on my neck and left it on the surface of the sea.
The water level rose by my breasts and my nervousness had seized me. Right there I no longer cared for nothing and in despair I started calling to God for his help and spoke like crazy to nothing among the darkness. Amid the black sea where none of the shadows  came to help me or Claudia  because the man said that I had to get to the boat and they kind of knew it too. The water rose, rose, rose up and in my terror of drowning with Claudia in my arms. I felt as we marched into the sea that we were rather heading to death. Claudia weighed heavily on me, then I pushed her upwards with my arms so she was not drowning and the water kept rising, rising each time I took a step foward. Claudia said – let’s go Mom! We are almost there! Hurry up mommy! In one arm I was holding the girl and I pressed her against my chest. And then hunched my shoulders and put them forward to hold the book so that God will not abandon us. There, in that moment I told God to not let us die, neither me nor my child. I did it with tears in my eyes, I yelled at the void and made God responsible for everything that happened to me and Claudia. Then I walked with more strength and my feet started moving faster as if I had a motor in my legs. I lifted Claudia with one arm at a time so she would not swallow water and with the other arm I lifted up the Bible so it would not get wet.
The water was already at the mouth level. Then I started walking and jumping like a frog so the water did not go through my nose and I said for the last time hoping God would hear my prayer to save us and that I only had him, Claudia and the Bible. This time I said in a tone that implied that the bravado was not with him, and there walking my way through the water and saying all that nonsense was when suddenly I heard someone say - First the girl! The girl! Then I thought, a spirit spoke to me. Crap! But they were the shadows who spoke and it scared the hell out of me. So that was when I realized that we had reached the boat. Then they pulled Claudia up and when my turn came, I warned – careful with the book! I tried jumping high to reach the boat to touch the bottom with my feet and the third pulse already launched me to the top floor of the boat like sardines in a fish net fished out of the water.
Lying on the boat clutching Claudia while the wind dried us both, suddenly, Claudia raised a fuss and I reacted this time without getting scared and Claudia made me realize that the sky had a star. We both celebrated by giving us kisses and hugs and Claudia insisted - Mommy give me the star! And so I gave her the star. I said - Claudia now stay still and stop talking about the star because the star is watching us and I know she wants to speak with us. Let’s ask her with our mind what her name is and what she wants to know. The two of us laid down concentrated on the star and wrapped in the warm air expelled by our breath, and we stared for a long time at Claudia’s star in the sky. Meanwhile, the shadows quickly took over the boat and started speeding the trip offshore to challenge the waves, to challenge the sharks, to challenge the Coast Guard. And that's how we achieved freedom.

 Biografía de Dioly Araque 

Dioly Araque nació en Maracaibo, Venezuela. Obtuvo la Licenciatura en Comunicación social mención Audiovisual en la Universidad del Zulia (LUZ).
Cursó estudios de teatro en la Escuela de Teatro Inés Laredo y estudios de Fotografía en la Escuela de Arte Neptalí Rincón  en Maracaibo, Venezuela. Estudió en el taller Literario del Profesor y Escritor Orestes Pérez en Miami Atenea, Miami, Florida. También tiene estudios en Business Miami Dade County. Miami, Florida.
Trabajó como Script, Asistente de Dirección y de Jefe de Producción para la Televisión Venezolana. Créditos repartidos en diferentes proyectos audiovisuales como Documentales Cuadernos Lagoven en la Pantalla, Series de televisión Infántil Los del Galpón y Comerciales de TV.
Realizó el cortometraje Halcón Negro en formato Umatic como tesis de grado para la Universidad del Zulia. Ejecutando el rol de Dirección General y Adaptación de Guión del cuento Halcón Negro del reconocido escritor venezolano Orlando Chirinos.
Dioly Araque es autora de los libros Palabras en Sepia (Poesía, 2013), Serie Infántil de cuentos,  Los cuentos de mi Barrio,( Libro Inédito),  Mario Benedetti y otros cuentos (Libro Inédito). Participó en la Antología de cuentos Latinoamericanos editada por el Taller Literario de Miami Atenea. 2003. Participó con la Editorial Voces de Hoy en Miami Book Fair International (2013).
Actualmente trabaja en Garmed Art Studio y simúltaneamente escribe sus dos próximos libros, una Novela y un libro de Poemas.

 Biography of Dioly Araque

Dioly Araque was born in Maracaibo, Venezuela. She earned a degree in Social Communication with an Audiovisual mention in the University of Zulia (LUZ).
She studied theater at the School of Theater “Ines Laredo” and studied photography at the School of Art “Neptali Rincon” in Maracaibo, Venezuela. She studied at the Literary Workshop of teacher and writer Orestes Perez in Miami Athena, Miami, Florida. Also, She has studies in Business in Miami Dade County. Miami, Florida.
She worked as a Scriptwriter, Assistant Director and Head of Production for the Venezuelan Television. Credits distributed in various audiovisual projects like documentaries “Notebooks of Lagoven” on the Screen, Child's television series of the shed and TV commercials.
She made the short film “Black Hawk” in U-Matic format as thesis for the University of Zulia. Having the role of General Direction and Adapted Screenplay of the “Black Hawk” tale of the renowned Venezuelan writer Orlando Chirinos.
Dioly Araque is the author of the books “Words in Sepia” (Poetry, 2013), “Infant Series of stories”, “Tales of my neighborhood” (unpublished book), “Mario Benedetti and other stories” (Unpublished book), an illustrated children’s short story “When The Rain Comes to My Neighborhood” (English-Spanish and an Unpublished book). She participated in the anthology  “Latin American Stories” edited by the Literary Workshop of Miami Athena, 2003. She participated with the Editorial Voices of Today (Voces de Hoy) in Miami Book Fair International (2013).
Currently, she is working on Garmed Art Studio and simultaneously writes her next two books, a novel and a book of poems.




Publicar un comentario