6 ago. 2016

En busca de la infancia perdida. Novela de José Díaz- Díaz

En busca de la infancia perdida, nueva novela de José Díaz-Díaz












Siempre tuve la corazonada de que la amistad es más perdurable que el amor.  Es decir, que una amistad bien llevada puede constituir lazos permanentes más fuertes y significativos que una relación de enamoramiento, por lo general, fugaz y apasionada.
Esa corazonada constituyó uno de los motivos por los cuales encuadré los rasgos, sentimientos y acciones de Mary Monserrat— el personaje central de mi nueva novelaen ese nicho de confort, quizás develado después de un largo periodo de hibernación. Sin embargo, fue la fuerza del título,  el cual devino primero que el texto, la que marcó el tejido que imbricó las partes del cuerpo de la ficción.

Pero, ¿Qué importancia tiene retrotraer algo que ya se fue, como lo es la lejana niñez?, me preguntaba una y otra vez en la medida que avanzaba en la redacción de la novela. Dudaba, pero siempre salía airoso con la respuesta. Estaba absolutamente seguro de que ese estadio de nuestras vidas—la infancia— subyace siempre en nuestro comportamiento de adultos. El inconsciente nos lo recalca siempre, y cuando soñamos, la mayoría de las veces lo hacemos sobre ese periodo de la vida.

Los recuerdos memorables recrean escenas agradables o fallidos de esa etapa, y aunque todos llevamos un niño herido por dentro; la infancia nos remite al goce sin cuestionamiento de esos instantes. Lo lúdico, lo inocente, lo no contaminado se nos impone como característico de esa edad. Como complemento y reafirmación de la relevancia del asunto, el sentir la infancia nos salva cual bálsamo milagroso, de este momento histórico en donde la duda sobre todo y sobre todos, rompe el corazón y la inteligencia. Cuando escribí la palabra «fin», confirmé que el tema era en verdad el que la novela estaba imponiendo.

Las columnas conceptuales del contenido se materializan en sentencias repetitivas a lo largo del texto, como mantras que reiteran los principios éticos del personaje principal. Por ejemplo, la frase: «Si tú sientes paz en tu corazón, entonces no necesitas de ninguna  religión», o, “Si tú te sientes completo en cuerpo, mente y espíritu, entonces no necesitas de otro para que te complete”, lo encontramos a lo largo del contenido de ciento cincuenta páginas.

Mary Monserrat y Joe Alberto Nieves constituyen una pareja en soledad.  En el relato afloran con bastante frecuencia recuerdos incesantes que recrean los momentos trascendentales de sus aventuras personales, que los han dejado lisiados, desvalidos, lo cual los lleva a desnudar sus almas para terminar vislumbrando una epifanía que les impone la aceptación inequívoca de que viven en un mundo falaz de fingimiento total que les impide tener certeza alguna sobre lo que son y lo que buscan. Es una novela de huida y de búsqueda. De frustración y de entusiasmo.

Aquí todo acercamiento a la aprehensión de la realidad es sesgada. La lente me muestra una gran mentira global. Las deslealtades, los compromisos fallidos, las familias disfuncionales, la insinceridad y el declive moral, la máscara y la mascarada tocan fondo en el remolino narrado.

 Pero no todo es pesimismo. La protagonista comprende con claridad que no es fácil escapar al molde impuesto por la ola social de banalidad y vacío, y por ello propone hacer del cotidiano vivir una obra de arte. Vivir la vida algo así como en un performance regido por el bien y la belleza, la bondad y el desprendimiento. Me pareció pertinente circundar esa utopía con unos cuantos paletazos de color local, chispazos humorísticos, barruntando una atmósfera salpicada de develamientos oníricos y puntuales connotaciones de sibaritismo cultural. 

En cuanto al lenguaje, persigo un estilo detallista y descriptivo, que se detiene en representar los rasgos de un rostro, la forma de vestir de un personaje o la evanescente atmósfera de los sueños. Voy tras una expresión narrativa viva, coloquial y sin artificios, con el empleo de frases cortas, directas y contundentes.

Todo sucede un mes de octubre del 2012 enmarcado en una trama que transita una época desde 1980 hasta el 2012. Las descripciones muestran una polifonía de  época precisa. No hay historia redonda ni lineal. Todo vuelve hacia atrás buscando el tiempo mítico de la infancia. Tres espacios cerrados y cargados de simbolismo ocupan el centro de la mirada: el apartamento de Mary, hogar de desahogo y descanso; el lugar de su trabajo, el hospital, ámbito de dolor y sufrimiento y el salón de masajes, templo para la exaltación del cuerpo.

Me preocupé en particular por describir espacios que corresponden a la geografía de Miami y del  Sur de la Florida. La intención es la de contribuir a la formación de una narrativa de la ciudad. Como quien dice: la «ciudad del sol» no puede ser solo playas y centros comerciales. Busco entre palafitos, manglares  y desperdicios  un lugar para la cultura literaria de nuestro entorno. 

Muy pronto en Amazon.
Foto de la portada: pintura La Máscara, del maestro Chenco.
Ilustración de Patricia Franco-Gomez
















Publicar un comentario