5 oct. 2017

Anecdotario fantástico de un personaje insólito

Anecdotario fantástico de un personaje insólito
Por José Díaz- Díaz

Comparto con los lectores apartes del capítulo séptimo del libro: Chenco, el pintor, en donde se nos revela— en la propia voz del biografiado—un retrato de su característico sentido del humor con que se acerca a la realidad cotidiana. Humanizando al artista se humaniza el arte. Exponer el «día a día» del hombre no es otra cosa que exteriorizar la urdimbre que explica su creación.






El pintor Chenco Gómez con los escritores colombianos: Luis Miranda; José Díaz Díaz; Juan Pablo Salas;Martha Daza; Eduardo Marceles; Jaime Cabrera; Rafael Vega y Freda Mosquera.



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ANECDOTARIO FANTÁSTICO DE UN PERSONAJE INSÓLITO






D
ecenas de anécdotas rodean la vida cotidiana de nuestro biografiado. Hilarantes a cual más, nos describen con fidelidad testimonial el personaje  sui  géneris  que  nos  ocupa.  Contestatarias  e  iconoclastas   la mayoría, nos revelan el temperamento afinado para encontrar el humor negro, corrosivo y el drama de cualquier evento en apariencia intrascendente. Su campo preferido y propicio para las bromas está alimentado por su deslumbramiento de lo macabro y lo escatológico. De este modo las escenas alrededor de temas como la muerte, la necrofilia y el más allá; los demonios, las calaveras los fantasmas y demás elementos que alimentan ese miedo cerval hacia lo desconocido, como también los rituales obscenos y temores infundados pero presentes en el inconsciente colectivo de sus semejantes, constituyen el abono para desarrollar uno  de sus pasatiempos predilectos. Fustiga con sus bromas y tomaduras de pelo a las mentes opacas y pacatas que tragan entero toda cuanta ideología política o religiosa siembra en sus cerebros vacíos. Entiende que la estupidez es una de las grandes fuerzas que mueven la historia. Abundan las anécdotas delirantes en cantidad que se necesitó un libro completo para recoger muchas de ellas.

Pintando desde los instintos


“Aprendí a pintar de manera instintiva después de la experiencia con los internos del psiquiátrico del Hospital Santa Clara en Cartagena.
Mi amigo el médico Francisco Haydar Ordage y director del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, me invito para conocer de cerca el ambiente del asilo. Se me ocurrió darles papel y lápiz para que ellos pintaran lo que se les ocurriera y fue muy sorprendente el resultado. De manera totalmente instintiva los “locos” realizaban sus dibujos. Allí tuve la revelación de  que la pintura en estado PURO debía salir sin preconceptos y academicismos, y solo prestar como un espejo las interioridades  del alma tal como lo hacían los pacientes del Psiquiátrico. Ese es uno de los rasgos de mi estilo”. La actividad artística para mí no es un substituto ni una escapatoria sino una manera de hacer frente a los problemas de la vida.

Cocinando calaveras…


 Siendo estudiante de Derecho y asistiendo a mis clases de Medicina Legal en el anfiteatro del hospital Santa Clara, Calixto el celador, me regala la cabeza de un cadáver, a mí siempre me ha impresionado la muerte. Con ése cráneo llego a mi casa en Castillogrande, entro a la cocina y agarro una olla grande, lo pongo en agua a hervir para desinfectarlo y  que se desprendieran pedazos de carne y cabello que aún tenía, salgo de la cocina y al rato oigo a Patricia que me llama gritando desde arriba ya que estaba acostada con síntomas de pérdida del segundo embarazo. Yo subo corriendo asustado pensando que le había ocurrido algo y ella me dice: “Qué locura estás haciendo ahora?”, yo le contesté muy inocente “nada”. Ella dice: ¿Cómo que nada? La cocinera acaba de subir para que le pague su salario porque se va inmediatamente, ya que tú estás cocinado la cabeza de un cristiano y ella no come de eso”. Por más que le explicamos a la cocinera y le rogamos por el estado de Patricia, se fue. El cráneo quedo limpio y yo lo conservé por mucho tiempo. Nos mudamos entonces al barrio de Manga en la Cuarta Avenida en un apartamento en el segundo piso que tenían Tirso López y Avelina Morales en la parte de atrás de su casa, parientes estos del poeta Luis Carlos López y Darío Morales. Nuestra vecina de la casa de al lado Doña Blanca Baloco de Peláez, nos vendía el almuerzo y la comida que nos enviaba a nuestro apartamento. Yo seguía estudiando mi carrera de Derecho, Patricia atendía a nuestra hija Ana Susana y una madrugada yo estudiando, oí un ruido en el patio vecino de Doña Blanca, me asomé por el balcón de atrás y vi a la muchacha del servicio que se bajaba los calzones para orinar, se me ocurrió instantáneamente coger el cráneo, me puse una sábana encima sobre la cabeza y con la carabela enfrente mío me asomé por el balcón de atrás y dije con voz de ultratumba “boooo”, la sirvienta alzó la vista por donde oyó la voz y cuando vio lo que para ella debió ser un fantasma, se levantó rápidamente y con los calzones todavía por los tobillos corrió hacia el otro lado del patio que daba hacia mi balcón de enfrente, me volví a asomar y vi que pretendía continuar orinando, le dije “boooo”  otra vez y así corrió despavorida, se zafó los calzones y los dejo tirado en el patio y se fue para siempre. Al día siguiente y antes de la hora del almuerzo Doña Blanca nos dijo que no podía enviarnos la comida porque su cocinera se había desaparecido sin dejar rastro y lo más raro, nos explicó que no se llevó su ropa y dejo un calzón tirado en el patio. Yo callado. Patricia en ese momento todavía no se había enterado de lo que yo hice. Solo ahora después de casi 50 años se sabrá este episodio. Pero la cosa no termina allí. Años más tarde siendo yo ya un profesional,  regresamos a vivir a Castillogrande en el penthouse del Edificio Alario, propiedad del doctor Mario Alario DiFilippo. Con el tiempo y por tanto haber limpiado el cráneo, comenzó a soltar polvo y decidimos deshacernos de él. Un domingo salimos a pasear con los niños a darle unas vuelta en el carro y como yo tenía el cráneo ya envuelto me lo llevé y al pasar por la orilla de la bahía del Laguito colindante con el Hospital de Bocagrande, precisamente frente a la casa de mi amigo Senén González Vélez, arrojé el cráneo al agua y seguimos nuestro paseo hasta el Club Naval. Al rato, nos regresamos por la misma vía y a la altura de donde dejamos el cráneo, vimos una multitud de personas y hasta varias radio- patrullas de la policía. Yo curioso como siempre, me orillé al lado de la calle, me bajé para ver qué pasaba. Resulta que el oleaje de El Laguito había traído a la playa el cráneo y oí que la gente opinaba, que al pobre hombre seguramente se lo había comido un tiburón, otras personas decían ese era alguien que se murió en el hospital y lo tiraron al mar”. Yo miré y vi que era el cráneo que yo había tirado y estaba bandeándose al ritmo de la las olas de un lado para otro en la playa, yo no dije nada y me devolví al carro, nos fuimos y llegamos a nuestra casa.







Una pariente celestina…


Una noche en una de mis parrandas, todavía yo soltero, llego al barrio de Tesca en Cartagena a un prostíbulo. Al llegar noté que todas la mujeres eran muy atentas conmigo y en especial la “madam” de la casa.
Sigo allí y al entrar a un cuarto me encuentro con una fotografía gigantesca de mi papá en una especie de altar con santos y velas. Te cuento José que se me cayó todo, todo. José tu sabes que el pene responde al sistema nervioso simpático que no está siempre bajo control consciente de allí que muchas veces no ocurra de manera voluntaria o deseada y sorprendido exigí una explicación. Llega la “madam” y me dijo que esa fotografía era de su papá y que ella era mi hermana, que todos mis hermanos la conocían y frecuentaban la casa. A partir de ese día yo tuve el mejor servicio gratuito. El caso es que mi papá antes de casarse tuvo también nueve hijos con distintas mujeres de distintas razas y llegué a conocer a algunos de ellos. Es más me los presentó mi papá. Mi papá  más que un padre fue mi amigo y confidente.


El bastón de Rojas Pinilla…


Mi cuñado Jorge Castellanos Julbe, fue el edecán naval del dictador General Gustavo Rojas Pinilla y al finalizar la dictadura heredó no sé cómo, ni por qué entre otras cosas un bastón de mando del mismo, que desafortunadamente para él y para la historia de Colombia, cayó en mis manos. Ese batón era una pieza de de madera y oro bellísima y yo un muchacho joven parrandero y gran bebedor de cerveza decidí despedazarlo y venderlo como oro pesado a un antioqueño que tenía una casa de empeño/joyería en la Calle Larga en Cartagena. Me pagó muy bien. Lógicamente me bebí muchas cervezas durante mucho tiempo en compañía de mis amigos, claro está, yo  pagaba.

Orlando Vega Barco…


Siendo yo el Intendente Fluvial y de Cabotaje, tenía asignado un vehículo y chofer a mi servicio. Ese chofer se llamaba Orlando Vega Barco, un buen hombre y un gran amigo. Un día, durante un viaje a Barran- quilla lo invité a almorzar a un buen restaurante de churrascos. Ordené una botella de vino para los dos y lógicamente dos churrascos. A la hora de pagar la cuenta, Orlando vio la factura y comento: “Docto, veda que ustedes los blanco son raros, tanta plata por dos pedazos de cane medio crua, que ni en plato nos la sirvieron si no en unos pedazos de tabla y un ron desabrio”.
Esa noche dormimos en un hotel en el mismo cuarto, él se quejó que parecía que estuviera durmiendo en una nube, que ese colchón era muy blandito. Yo tomé un libro y comencé a leer como de costumbre al acostarme y le da otro libro a Orlando, me lo devolvió y me dijo que era débil de vista. A la mañana siguiente le dije que entrara a bañarse él primero, y así fue. Cuando estaba en el baño yo oía que se quejaba uff,ufff, uff… y al salir me dijo: “docto tenga cuidado al bañarse que aquí como que el agua la jieben, está caliente.” En otra ocasión de regreso a Cartagena, yo para mamar gallo le dije que recordaba haber hecho éste viaje hacia muchísimos años en una carreta tirada por caballos y que los indios nos habían atacado, me quedó mirando y me preguntó: “¿docto cuando fue eso?” y le dije entonces, Orlando hace más de 300 años. El me interpeló, entonces ¿usté cuantos años tiene? Yo le conteste, más de 500 y en seguida le agregué que para vivir muchos años como yo, era necesario que repitiera conmigo la siguiente oración: “Sin Dios, sin ley y adorando a Satanás, señor de las tiniebla…” instantáneamente frenó el carro y me dijo docto no siga o me bajo y lo dejo aquí. Lógicamente yo le hice caso y a partir de ese momento me miraba de una manera muy especial.Orlando siguió trabajando a mi servicio durante varios años y siempre almorzaba en mi casa. Un día nos dijo a Patricia y a mí, que ya no iba a seguir comiendo en la casa porque la comía que le preparaba su mujé Carmen no le gustaba ya. También una vez me fui de viaje y le dejé el carro a Patricia y le dije  a Orlando: “Cuide la casa, a la señora Patricia y a mis hijos.” Me cuenta Patricia que esa noche oyó un ruido en la puerta de la calle. Se asoma  por el ojo de la puerta y ve a Orlando acurrucado en el piso durmiendo con un machete en la mano. Ella abrió la puerta y le dijo: “¿Orlando usted qué hace aquí y no está en su casa?” El respondió: “Niña Patricia, el docto me dijo que los cuidara y yo de aquí no me puedo mové hasta que el docto venga.” José te cuento que yo también bauticé al hijo mayor de Orlando y lo llamé Simón Orlando Vega Barco. Pasó el tiempo y un día me dice Orlando, “”Oiga docto, como es que se llama Orlandito, ¿uste le puso el nombre suyo?” y desde entonces lo llamó Simón Orlando.

Telegrama escondido de la abuela…


Vivíamos en el barrio de El Cabrero en Cartagena y mis padres habían viajado a Montería por enfermedad grave de mi abuela María Josefa de Lavalle Pineda. Se muere mi abuela y mi papá nos envía un marconigrama avisando  su  deceso.   Yo  recibo  el  Marconi,   lo  leí  y  decidí  callarme la noticia ya que al otro día se realizaba el bailecito anual en al Club Cartagena y yo no iba a dejar de asistir. Después del baile, comuniqué    la noticia a mis hermanos. Siempre he hecho vida social en todos los medios, es decir a todos los niveles, entre personas “aristócratas” y clase obrera. Mi papá fue socio honorario del Club Cartagena y más tarde yo y todos mis hermanos también fuimos  socios.

El abuelo y la tiza…


Mi abuelo paterno el General Henrique Alfonso Gómez Pérez (15 de Septiembre de 1865 a 15 de Septiembre de 1963). Fue un General de División del Ejercito de la República de Colombia, y militante del Partido Conservador. Participó en la Guerra de los Mil Dias que fue una guerra civil de Colombia disputada entre el 17 de octubre de 1899 y el 21 de noviembre de 1902. En principio entre el partido Liberal y el gobierno del partido Nacional en cabeza del presidente Manuel Antonio Sanclemente quien fue derrocado el 31 de julio de 1900 por José Manuel Marroquín, representante del partido conservador, en alianza con el liberal Aquileo Parra. Ah, se me olvidaba, también el bisabuelo de Patricia el General Francisco Burgos González-Rubio, participo junto con mi abuelo en esa estúpida Guerra, que nos llevó a la pérdida del Canal de Panamá.
Por su mal carácter y criticón, mi abuelo, era temido en Montería y cuentan las lenguas que cuando paseaba por las calles y se asomaba por las ventanas de las casas por curiosidad donde se celebraban fiestas un vez lo veían a él, la fiesta se acababa enseguida.
También él era propietario de varios bienes, fortuna que se perdió al simular una venta a su hijo mayor mi tio, Miguel Gómez de Lavalle cuando concluyó la guerra de los Mil Días. A la muerte de mi abuela, María Josefa de Lavalle Pineda, mi abuelo reclama la devolución de sus bienes y mi tío se los niega, allí arranca un pleito que duró cerca de 30 años y mi papá y yo, lo ganamos en la Corte Suprema de Justicia y perdimos en las inspecciones de policía en Montería. Uno de esos bienes de mi abuelo fue el teatro Rosy, que después le cambió de nombre por el de teatro Montería. Cuando se inició la ampliación de la calle donde se ubicaba el teatro, mi abuelo se opuso con revolver en mano y sentado en la puerta del al teatro a que se mutilara la parte del teatro que sobresalía a la calle y así se terminó, se respetó la propiedad y voluntad de mi  abuelo.También recuerdo un episodio contado por mi abuelo en el que una señora en Montería a la que él fue visitar a su nueva casa y la señora  muy amablemente comenzó a mostrársela y él no supo que le “insinuaba” la señora cuando le mostró el  baño. Mi abuelo, como ya te habrás dado cuenta José, fue un hombre de carácter muy fuerte y autoritario y además ultra conservador. Vivía en Montería y venía a visitar a sus nietos a Cartagena y para imponernos su voluntad “como militar” y enseñarnos a obedecer, mi abuelo nos pintaba a hermano Mariano Antoni (Toño) y a mí que éramos los más chiquitos, una raya con tiza en el piso de la acera a la salida de la casa en el Cabreo, que no debíamos cruzar sin su consentimiento. Yo como siempre desobediente,  voluntarioso  y rebelde (como él),   nunca esa imposición la respeté e ignoré sus  regaños.


Intervención del gobierno a mi teléfono (lo que ahora llaman las chuzadas)…


 Viviendo en Bogotá, Colombia en 1975 y siendo yo Director General del INTRA, (hoy Ministerio del Transporte) un día se me daña el teléfono y cuando llegan a arreglarlo empleados de la telefónica, me preguntan que si alguna persona en la casa trabaja  para  el gobierno, yo les digo “Si, yo”. Entonces me dicen que el teléfono ha sido intervenido desde la Presidencia de la República y tienen que pedir permiso para arreglarlo. Allí me di cuenta como el servicio de inteligencia, el DAS me vigilaban a través de interceptaciones telefónicas y escuchaban todas las conversaciones.


Hoy pienso que tal vez eso se debió a que nunca cedí a las propuestas sucias que me hicieron repetidas veces, y no fui como ellos que sí aprovecharon y siguen aprovechando su “cuarto de hora”, tan común en Colombia. Mi carácter me lo impide y jamás he sido deshonesto, allí me di cuenta de la corrupta clase política y de los intereses mezquinos tristemente al frente del país, no pude hacer nada por corregir lo que vi, no tenia y no tuve el poder para enmendar todo lo que encontré.
¿Habrá cambiado eso en Colombia? Entre otras cosas, por eso, José, abandoné el país.


Chenco y las cervezas



Que tomé muchas cervezas en mi juventud, si eso es cierto y lo reconozco. Ah sí, también a la salida de la universidad después de mi última clase en la noche con mi amigo el doctor Guillermo Gómez León, mi profesor de Derecho Penal nos íbamos a la tienda de la esquina “La despensa” donde nos conocían muy bien, la señora Inés Patrón de Bustamante, dueña de la tienda y allí nos bebíamos mas o menos treinta cervezas Águila cada uno, por supuesto Patricia vivía furiosa conmigo y con Guillermo.
Aún me tomo una que otra cerveza, a ti te consta cuando nos reunimos en mi casa y yo canto rancheras con nuestro amigo Edwin Mazza pero también es cierto que jamás, jamás y bajo ninguna circunstancia he consumido drogas, como si que es usual entre muchos de mis amigos “de la alta sociedad”, que hablan tanto de moral, buenas costumbres y  principios.



Colegio Salesianos…


Yo, estudiando derecho fui profesor del Colegio Salesiano San Pedro Claver en Cartagena y dictaba clases de Doctrina Social de la Iglesia de primero a sexto año de  bachillerato. Me gané el respeto y simpatía de todos mis alumnos. Aún hoy muchos de ellos me llaman y me agradecen todo los que les enseñé durante la época en que me trataron. Un buen día me llama el cura rector del colegio y me pide la renuncia porque los padres de familia se quejaban de mis enseñanzas “socialistas”, yo le respondí al cura que yo solo predicaba y enseñaba lo que aparece en el Evangelio, la palabra y enseñanzas de Jesús. Lucas 1, 51-53/Mateo, 24/25, 31-46/Marcos 1, 3. San Crisóstomo dijo: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarle y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que poseemos, son de ellos”. Ahora que si él quería que me fuera que me pagara el resto del contrato que tenía con ellos ya que yo tenía una hija y una esposa que mantener. Tampoco les gustó a los curas del colegio que los alumnos por insinuación mía llamaran a la Banda de Guerra, Banda de Paz. Prefirieron quedarse conmigo a indemnizarme y que continuara predicando mis ideas sociales. Para sorpresa mía, designaron a otro cura para intentar corregir  “mis errores”.

Caída…


 Yo siempre he sido un hombre saludable y me he cuidado mucho, a  pesar de mis travesuras. Pero desgraciadamente a mis 73 años el día 18 de Junio del 2015 me caí al tropezarme en el parqueadero del complejo donde vivo y me fracturé la cabeza del fémur en varias partes y la cadera. Al entrarme a la sala de operación para hacerme la cirugía, le grite a Patricia antes que cerraran las puertas de la sala “Pío, pio!”, para que no dijeran “se murió sin decir ni  pío”. Desde ese día mi vida cambió para siempre. Nunca pensé que esto me iba a pasar. He quedado cojo y me duele mucho la pierna derecha y  la cadera. Continuo visitando al médico y gracias a mi voluntad, deseo   de vivir y a la atención de Patricia, que yo sé le ha resentido su salud por este suceso. Estoy aún aquí y no pienso dejarlos por ahora. Patricia, yo se que tu y nuestros hijos has sufrido mucho con esto también. Recuerden que  otra de mis canciones favoritas es “Que bonita es ésta vida” de José Celedón y también la de John Lennon “Imagen”. Ya han pasado casi dos años, mi ánimo sigue siendo el que tu conoces y a pesar de que tengo episodios de mucho dolor, sigo pensando que la vida vale vivirse.










El libro de colección: Chenco, el pintor, biografía autorizada, de José Díaz Díaz, se puede ordenar escribiendo al Gmail: joserdiazdiaz@gmail.com o, utilizando la cuenta: PayPal.Me/JoseRDiaz





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