21 oct. 2017

Renace la literatura oral en la novela: La copa de mis lágrimas

Renace la literatura oral en la novela: La copa de mis lágrimas
Por José Díaz- Díaz







Muy pocas veces la lectura de un libro, en este caso, de una novela autobiográfica, conmueve de tal manera el espíritu del lector, como en el caso de: La copa de mis lágrimas —primera parte de la saga de tres— que conforma esta obra de la cantautora y narradora colombiana Ana Sofía Ruiz, publicada por la editorial madrileña Chiado Editorial.
Es evidente que la voz de su escritura nos implica y arrastra a revivir con ella un sinnúmero de experiencias  que, en el recuerdo realista de sus memorias, nos vapulea entre la tragedia y la comicidad, entre el gozo y el sufrimiento, entre el placer de vivir y la angustia de crecer.

La Colombia de comienzos del siglo veinte y en especial de la Boyacá profunda, como gigante primitivo dormido y laxo, sirve de telón de fondo de la historia de su vida, hasta su primera juventud, nos recuerda que la vida de cada ser humano es el producto de sus circunstancias, y que nadie se hace solo y que nadie es enteramente víctima o héroe y que todos pertenecemos a un cuerpo social en desarrollo, con sus deslices e imperfecciones pero también con sus aciertos.
La crítica de la historia de una familia desplazada por «La Violencia», en Colombia, constituye en esta novela de Ana Sofía Ruiz, el testimonio sagrado e inolvidable del terrible desacierto con que se ha manejado desde la cúpula del poder el destino de millones de personas cobijadas bajo el mismo signo del atraso y de la desvergüenza.

Narrada totalmente en primera persona y dentro de un argumento lineal y realista, despojado de todo artificio literario, el alma naif de Ana nos introduce en un mundo conmovedor en el cual el personaje principal sufre— durante su infancia, adolescencia y primera juventud— los padecimientos causados por un ambiente signado de irracionalidad donde el imperativo es la sobrevivencia.

La antagonista de la historia, su madre de nombre Ana Diosa, encarna el personaje: víctima y victimaria, a la vez, quien arrastra en su destino de mujer y madre envilecida y humillada, la furia de ese ser humano que se autoalimenta de violencia como única  arma defensiva para lograr salir adelante dentro de un medio de «violencia institucionalizada» en todos sus estratos sociales, y así poder levantar a pulso,  con los mínimos recursos, a sus cinco hijos que conforman su núcleo familiar, ausente de padre.

Este primer argumento lo termina el personaje de Ana cuando cumple los veinte años y sale de casa de su madre para casarse con quien será el padre de sus hijos. La historia, además de caracterizarse como una vigorosa obra de literatura y narrativa oral, testifica y recobra un plus valor en cuanto mini retrato de una sociedad convulsionada por los desajustes sociales y políticos característicos de los países latinoamericanos.

Pero, ¿cuál si no es el papel de la literatura, que poner el dedo en la llaga para conseguir una catarsis personal tanto como social? La reveladora potencia de una narradora oral, como es el caso de Ruiz, rescata desde sus raíces la importancia de la literatura oral como medio de contar el material más íntimo que criatura humana pueda transmitir a sus congéneres desde las heridas abiertas de sus emociones vitales. El flujo o corriente de conciencia, que es una forma de monólogo interior, constituye la técnica precisa y despiadada con que ella canta su historia en la medida que deslastra su cuerpo del bombardeo recibido en su alma infantil y juvenil.

 Con esta forma de narrar, se optimiza ese tipo  de escritura realista en que el énfasis básico se encuentra en la exploración de los niveles anteriores al habla con el propósito de revelar la conciencia psíquica de los personajes, es decir, la conciencia de estos personajes nos sirve como una pantalla sobre la que se proyectan los materiales que la novela completa contiene. Es contundente en esta clase de narrativa el poder observar el hecho de que aquí la gramática y la semántica están puestas al servicio de la Historia, y no al revés. Por ello, esta novela constituye un ejemplo de la auténtica recuperación de la voz narrativa sobre cualquier otro elemento complementario.

Bienvenida esta «ópera prima» de Ana Sofía Ruiz, realista y refrescante a más, y abrebocas de lo hilarantes y conmovedores que serán los dos nuevos libros que esperamos con franca expectación.














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