En busca de la infancia perdida

...

5 feb. 2018

El lenguaje sensorial como criterio de valor literario

El lenguaje sensorial como criterio de valor literario
©José Díaz-Díaz. Director de la Fundación La Caverna.








Es mucha la confusión que reina entre los lectores a la hora de saber con certeza si el libro que se tiene entre manos posee calidad literaria o no. Tampoco es menos cierto que la publicidad— ajena por principio a la valoración estética—  orienta sus artimañas a conseguir su objetivo que no es otro que vender sea como sea, imponiendo en el mercado obras de exiguo valor literario.

En estas circunstancias, es imperioso difundir todo punto de vista que oriente y ayude  al lector a sopesar  el valor estético de la obra en referencia.
Uno de los criterios consiste en medir los logros de profundización que el autor alcance en su escrito basándose en la relación inseparable entre la forma y el contenido. El manejo del lenguaje escrito, que hace parte de la forma en cuanto significante, debe ser oficioso, detallado y cuidadoso para que comunique las inquietudes existenciales más sentidas y sustanciales del ser humano. Exige ser sensorial, pulsional. Todo entra primero por los sentidos decía el filósofo Aristóteles  “Nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu”, y más cuando se trata del lenguaje artístico, puesto que la pregunta ante un poema o una narración no es qué me dice sino cómo me lo dice.
 De modo que la estructura, escenografía, descripciones espacio-temporales, diálogo entre personajes; tipo de narrador, ritmo y tono, más todos los demás elementos que conforman la totalidad de la composición se debe dar en colores o en sabores; en sonido y música; en olores y sensaciones táctiles de tal modo que seduzcan al lector a través de las sensaciones y pulsiones más elementales y primitivas posibles pues estas son las ventanas que conducen directamente a su conciencia profunda.

Por esto, el carácter metafórico de la comunicación literaria propiamente dicha, es obligante. Y ese lenguaje metafórico se elabora a partir del uso de las figuras literarias, que en nuestra gramática superan en número de noventa.  El conocimiento y buen uso y apropiación de ellas, o al menos de unas cuantas, constituyen el arsenal secreto con las cuales el buen escritor va a enfrentarse a la hoja en blanco y sorprendernos y hasta deslumbrarnos con sus aciertos creativos. A ese quehacer oficioso es lo que popularmente ha venido en llamarse talento o inspiración, tras lograr con el nuevo texto creativo una  fabulación sorprendente e impactante, una ficción literaria que embriaga la emoción del lector de un inenarrable gozo estético. 
La Trama no solo debe ser una transmisión de sorpresas, o una transmisión de información o de contar historias, sino que debe ser una sucesión cada vez más emocionante de descubrimientos (de desvelamientos repentinos), o de momentos de comprensión.










El contenido y significado de un texto es la otra cara indisoluble de esa unidad, que como puntualizaba Ferdinand de Saussure conforma y completa el mensaje. Lo que se dice debe alcanzar una excelencia que nos lleve a sorprendernos. ¿Para qué repetir afirmaciones que ya se conocen? ¿Para qué llover sobre mojado? Lo banal y anodino es considerado basura literaria. Entonces al buen escritor no le queda otro camino que descubrir y deslumbrar con un nuevo punto de vista sobre el hecho narrado. Y obtener el privilegio de empatizar con el lector, de construir ese mágico momento de rapport comunicacional que lo lleva a seducirlo. El logro de conseguir un texto que contenga varios niveles de sentido, nos indica la presencia de una narrativa densa y rica en mensajes y significados.

Otro ejercicio que ayuda a evaluar un texto es la comparación del libro  con alguna o algunas obras  clásicas de la literatura universal que se enfoquen en el mismo tema y similares personajes. Si aguanta la comparación es un buen signo de que estamos en presencia de algo importante.
Se puede colegir que una obra tiene deficiencias cuando al compararla con otras de su mismo estilo (temática, punto de vista similar, etc.) saltan a la vista los logros de aquellas y la mediocridad de esta.
Un texto que genera discusión, que invita a conversar sobre él, a polemizar sobre algunos de los temas planteados, punto de vista o manejo de personajes; a ser reseñado y a escribir artículos que espontáneamente lo analiza o lo compara con otros; nos indica que el libro posee elementos de consistencia literaria.

Si la obra en cuestión invita a ser  releída en distintos lapsos de tiempo (las obras clásicas lo son porque nunca pasan de moda), y en cada relectura se descubren elementos que antes no se habían tomado en cuenta, indica que el material tiene consistencia y riqueza expresiva. Si el texto no aguanta una segunda lectura y da pereza volver a abrir el libro, este no  es un indicativo halagüeño.
Es muy importante captar las pretensiones de la novela o del poema y los logros alcanzados. Hay algunas narraciones de largo aliento que pretenden condensar toda  una época o expresar una cultura nacional determinada. Hay unas que desean expresar el concepto de Tiempo en la mente humana o del espacio psicológico como única realidad. Hay otras que quieren dibujar el sentir de una generación y sus conflictos. Otras que solo pretenden contar vivencias regionales, locales, etc. Será necesario, entonces, sopesar el manejo de los elementos y artificios con los cuales el autor logra acercarse a su objetivo y contemplar el efecto total de su  creación.

El factor Tiempo (añejamiento y madurez) es un rasero muy importante para medir la calidad. Si el texto mantiene el vigor originario y toda la frescura del momento en que fue escrita es porque el autor consiguió crear una materia viva sustentada en la autonomía de un lenguaje de un poder irreemplazable.
Tanto la temática como la técnica narrativa del texto en cuestión deben aportar algo a la corriente o movimiento literario universal del momento en el cual se publica la obra. Debe mostrar alguna novedad o postular algún cambio así sea a contracorriente del status literario del momento. El autor debe convertirse en escritor señero. Si no hay aporte y no agrega algo a lo ya conocido, la obra va al olvido en el cajón de lo intrascendente.
Una buena obra literaria, tarde o temprano llamará la atención de la Crítica Académica y será objeto de algunos ensayos, de reseñas Literarias, de notas especializadas (ajenas al comercio del libro) y  a debates y tesis que exaltarán las bondades del escrito en cuestión.
La nueva obra debe ir más allá de lo posible y configurar un paradigma estético radical que sea capaz de conmocionar a lectores y escritores.




Hay autores muy prolíficos (veinte títulos o más), esto no es necesariamente garantía de calidad. La historia de la literatura nos señala autores de un solo libro o dos, que han alcanzado el nivel de clásicos. Basta con citar a Pedro Páramo de Juan Rulfo.
No nos dejemos influenciar al analizar la calidad de una obra por criterios de autoridad que el autor pueda mostrar, ajenos a la disciplina literaria (celebridad, político, periodista consagrado, presentador de televisión, etc.). Por el hecho de que el autor sea un triunfador en otra profesión no se colige necesariamente que lo sea en el campo de la literatura.
Los reconocimientos y premios otorgados a un libro, por instituciones y concursos no comerciales pueden constituirse en un indicio favorable a la positiva  valoración de la obra.
Si el Escritor fuera un músico, no habría ninguna dificultad para evaluar la calidad de su trabajo. O se es un buen músico o no se es. O se domina el instrumento, o no. En el campo de la literatura es más complejo el asunto de evaluación. Pero como en todo arte, el decantamiento de la obra y su permanencia en la memoria colectiva en el transcurso de los años, tienen la palabra final.
joserdiazdiaz@gmail.com


2 comentarios:

Hernan Orrego dijo...

Hernan Orrego Hernandez Este ensayo acerca del leguaje sensorial
detalla a fondo los pasos a seguir para conformar una obra de calidad.
Es digno de destacar el aporte de José Díaz con estas “clases”, a la producción literaria de los escritores hispanos en el Sur de Florida.

Jose Diaz Diaz dijo...

Hola Hernan, un fuerte abrazo.