4 dic. 2018

Nueva Antología de La Caverna, escuela de escritura creativa


Nueva Antología de La Caverna, escuela de escritura creativa

Nos complace anunciar la publicación de la Antología 2018 de la Caverna, escuela de escritura creativa: Cuentos para iniciar una fiesta, la cual se puede ordenar próximamente en Amazon, en archivo de papel y digital.
A continuación, les comparto copia de la página de créditos y  el texto de la Introducción.
¡Feliz lectura ¡





                      Mother Nature, Pintura de Patricia Franco Gómez




Título: Cuentos para iniciar una fiesta
ISBN:
Edición: Diciembre de 2018
© José Díaz-Díaz; Alejandra Morales; María Gabriela Madrid; Mario Morales Bocanegra; Catalina Arenas; Natalia Erdmann; Álvaro Jaimes y Ana Sofía González.
Edición: José Díaz-Díaz y María Gabriela Madrid
Diagramación y diseño de portada: Mónica Orjuela
Cubierta: Pintura de Patricia Franco Gómez Mother Nature. Oil on canvas, 36x48 inches, 2006

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo, ni en parte, ni registrada o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, foto-mecánico, electrónico, magnético, electro-óptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor. Esta antología es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes o son producto de la imaginación de los autores o se usan de forma ficticia. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, eventos o escenarios son puramente casuales.
Colección: La caverna, escuela de escritura creativa.




                                                   

                                                                                                                                     







María Gabriela Madrid



Introducción

Por: José Díaz- Díaz


Cuentos para iniciar una fiesta, es una compilación de textos de diverso género, editado y publicado por La Caverna, escuela de escritura creativa, bajo el auspicio de la Fundación La Caverna, con sede en Miami.

Y el título de esta Antología viene al caso porque para «iniciar una fiesta» y entrar en el fragor del suspenso y del albur, en la medida que transcurre la lectura nos vamos tropezando también con textos de poesía y de teatro, de alegorías profundas vertidas en mini ficción y hasta de reflexiones críticas sobre el milagro de la escritura.

Estos textos recogen el trazo individual de ocho  escritores hispanoamericanos, unos jóvenes y otros no tanto, unos, avezados en las trampas de la escritura y otros, neófitos deslumbrados en el umbral del alfabeto, pero todos unidos por el fervor de su profunda adicción: comunicar a través de la expresión literaria.

Valga la pena resaltar el cuento póstumo de  Mario Morales Bocanegra, La nieta de Juana Cata, manuscrito recuperado por su hija Alejandra Morales, quien funge además como compiladora de este proyecto.

En todo caso, la misión de hacer visible la voz de nuestros escritores, la mayoría radicados en territorio estadounidense y con el doble propósito de mantener nuestro lenguaje original y de expresarlo en códigos que transcriben nuestros afanes y compromiso con los grandes problemas de nuestro tiempo, constituyen suficiente aliciente para continuar abonando ese universo literario, que a veces, timoneando las claves del ensamble entre vigilia y ensoñación,  y en medio de sorprendentes metáforas reveladoras, explican con mayor totalidad el quid de nuestra compleja y actual etapa histórica que atravesamos, con más preguntas que respuestas y más perturbación que sosiego.


                                                 Alejandra Morales




                                                   Catalina Arenas





                                         Natalia Erdmann






                                         Ana Sofía González







                                                     Mario Morales Bocanegra


                                         Alvaro Jaimes




                                                      José Díaz Díaz

27 nov. 2018

Literatura de nuestro tiempo. José Díaz- Díaz


Literatura de nuestro tiempo. Ensayos de José Díaz- Díaz

Amigos lectores, con sumo regocijo les comparto esta publicación que contiene mini-ensayos, reseñas literarias y entrevistas escritas y publicadas a lo largo de más de quince años de vivificante  ejercicio de lectura y escritura. Se puede ordenar en Amazon. 













Prólogo escrito por el poeta Ernesto Olivera Castro

 Brevísimo inmerso

La ventaja de haber leído la introducción de este libro se ha convertido en la mayor de mis desventajas, qué decir que no haya dicho un escritor como José Díaz-Díaz, que martilla, cincela y apuesta por varios géneros en esta recopilación más reciente, arduo trabajo que abarca diversos autores complejos y distantes, de obligatoria lectura. Para esto se requiere autodisciplina y concentración. Una literatura total que solo puede manifestarse en libertad. Donde fluye la excarcelación mental habita la técnica libertaria, su punzón griego es su discernimiento, de individual reinterpretación y valoración de las obras, manifestándose la irreverencia y peculiar ironía con armada responsabilidad ética, porque asume el peso de sus palabras, respaldado en un bagaje cultural con una estrategia argumentativa.
Literatura de nuestro tiempo, de José Díaz-Díaz es fundacional, de pasión critica, descomunal, y no me avergüenza el halago porque un libro sin encantamiento está condenado al polvo de los anaqueles, y por ser una obra única es arte genuino, y eso le confiere belleza.
Ernesto Olivera Castro


Introducción


Me gustaría que esta  compilación  aleatoria de mini-ensayos, entrevistas, reseñas literarias, artículos y entrevistas—  publicadas en diversos medios a lo largo de los últimos quince años— sirvieran como ventana desde la cual el lector pudiera vislumbrar con certidumbre el panorama literario que transcribe la realidad de nuestro tiempo.
Como se podrá percibir, el tono del mensaje es emocional y subjetivo, siempre enfocado a servir de puente entre las obras de los autores, de su visión de mundo, con la curiosidad de un observador expectante. Los textos y escritores seleccionados, pertenecientes a la modernidad, no han sido escogidos ni por su nacionalidad ni por su necesaria consagración pública,  sino por la particular manera de asumir su vocación y de transmitir con sensible aplomo estético su ensamble vital con el mundo contemporáneo que nos contiene.
En correspondencia con los objetivos de la Fundación La Caverna, que dirijo, el propósito de esta  recopilación de textos es también el de ayudar y acompañar a escritores  noveles para que su incursión en el solitario, vasto y apasionado mundo del lenguaje escrito, cuenten con un muestrario del legado de autores cimeros que, con seguridad, devendrán cual vigías para la apropiación adecuada de sus propios caminos.
“Sin Crítica Literaria no hay buena literatura”, afirman los defensores del ejercicio intelectual cuyo oficio—entre otras cosas— es el de exaltar las bondades de una obra. Lo que yo puedo colegir de esa afirmación es que las dos: Literatura y Crítica son una especie de hermanas siameses que se retroalimentan, pues, en definitiva, las funciones de una le sirven a la otra para salvaguardar su sobrevivencia.
El Ensayo Crítico en nuestro medio casi brilla por su ausencia. Sin embargo, esta carencia parece caracterizar a toda latinoamericana salvo pocas excepciones. Para nadie es un secreto que las grandes editoriales son quienes imponen autores y libros y llenan los anaqueles con bodrios de todo tipo. Los periódicos acabaron con las llamadas páginas culturales y en la tele, ¿ha visto usted, por casualidad, un programa de Crítica de libros? Claro que no. Los juicios, las reflexiones literarias poco interesan a los empresarios de los Medios quienes, de paso, tienen postrado el gusto popular de tanta bazofia que le procura. El público actual— ya nos lo ha demostrado con amplitud la sociedad de consumo— nace, se reproduce y muere en niveles proclives a lo ramplón, al facilismo y a la gris inmediatez.
De otra parte, Edward Said, uno de los últimos y grandes exponentes de la crítica académica, previno frente a la exacerbación de la jerga filológica, de corte ya estructuralista, psicoanalista o posmoderno, que se aleja peligrosamente de las múltiples y vitales realidades sociales y estéticas del texto literario, que más parecen autopsias interpretativas con bozales, que dejan al lector extraviado en un limbo gramatológico sofisticado.
Una actitud contraria al desarrollo de la Crítica proviene de algunos autores que ven en el crítico a un destructor y «chulo» del trabajo creativo, más que como a un aliado de sus esfuerzos artísticos. Algunos de esos autores son autodidactas que desconocen la existencia de una Historia de la literatura y hasta el desarrollo evolutivo de la creación literaria, de sus estilos y movimientos y hasta de sus representantes más probados, creyendo ingenuamente que su producción tiene valor porque sí.
Un sano ejercicio de la Crítica Literaria deberá superar todos esos escollos para que pueda recuperar su función esencial cual es la de argumentar, señalar y puntualizar los cauces por donde debe transitar el ejercicio de la escritura creativa. Deberá ayudar al escritor para que extraiga del lenguaje lo mejor de su materia y potencie sus vetas intrínsecas. Como dice Alfonso Reyes, esta posibilidad sólo existe en la manifestación material del lenguaje: “la literatura es la actividad del espíritu que mejor aprovecha los tres valores del lenguaje: la gramática, la fonética y la estilística”.
Los invito, pues, a disponerse a entrar en esta  inmersión del intelecto, de la emoción; del afecto,  del asombro y la seducción. A lograr la empatía y el rapport  necesarios para conectar y hacer el «clic» de ajuste hermético, espacio mágico donde se encuentra la verdadera comunión con los autores escogidos.
José Díaz- Díaz 

Especiales agradecimientos para la escritora Luz Estella Macías, editora del libro y para la pintora Patricia Franco Gómez, quien nos cedió la foto de su pintura The Arrival para la cubierta.

Nota: El libro se ordena en Amazon, en Kindle o en papel:

https://www.amazon.com/s/ref=nb_sb_noss?url=node%3D7735161011&field-keywords=Literatura+de+nuestro+tiempo

https://www.amazon.com/Literatura-nuestro-tiempo-Spanish-Jos%C3%A9/dp/1790342007/ref=sr_1_3?s=books&ie=UTF8&qid=1543678469&sr=1-3&keywords=literatura+de+nuestro+tiempo





13 nov. 2018

Mujeres de ojos grandes, de Ángeles Mastretta


Mujeres de ojos grandes, de Ángeles Mastretta
Análisis  estructural
© José Díaz- Díaz














Existen básicamente dos  maneras de aproximación a una obra literaria, la una, con un  método riguroso, propio de quienes ejercen la Crítica literaria y  la otra a través de un acercamiento subjetivo.  La más común es la  segunda. Abunda esta característica en las reseñas y resúmenes no literarios y artículos periodísticos no especializados.  
Sin embargo, hay guías que encausan el trabajo de abordar  de modo general el texto narrativo como lo son las respuestas que responden a las preguntas del Qué y el Cómo. El «qué» se refiere al tema del cual trata y el «cómo» a la forma como se asume la escritura del tema escogido.  De igual manera, el Fondo se refiere a la parte conceptual y la Forma a la manera particular y de estilo como el autor asume la narración.
En cuanto al Análisis extraliterario, este  es el más utilizado, el cual no toca la materia propia de la literatura que es el Lenguaje connotativo (simbólico) sino que aborda la obra desde tópicos meramente denotativos que no son de su esencia. Asaz de partir de disciplinas distintas a la literaria como pueden ser los enfoques periodístico o sociológico, por ejemplo,   se cae entonces en el análisis ideológico, en el criterio histórico, ajenos a lo propio de la literatura que es la inmersión en el sentido analógico, alegórico y simbólico del texto narrativo. Por lo general esta clase de discurso extraliterario se centra y acaba en ver un texto narrativo (cuento, relato o novela), desde fuera de él y no desde dentro como debería ser. Se escudriña la obra no desde su propia identidad, desde sus normas y leyes constitutivas sino desde la periferia. En fin, que se habla de todo menos del texto en sí.
En este artículo de Crítica Literaria, utilizaré el método de análisis estructural para intentar llegar al meollo de esta génesis narrativa y a la comprensión general del texto que nos ocupa.

Estructura Externa

La estructura externa de este  libro de cuentos como puede verse a simple vista es totalmente elemental y sencilla: se presenta como una colección de 37 cuentos cortos, de escaso desarrollo argumental, independientes los unos de los otros hasta tal punto que tienen identidad por sí solos. No hay interdependencia, solo unidos por unos elementos comunes que indicaremos al tratar la estructura interna.
Están conformados por descripciones de retratos y estampas de provincia, viñetas y cuadros familiares  enfocados en relatar costumbres bajo el marco de una literatura rural (publicado en 1989). No son cuentos enmarcados, entrelazados o entrecruzados ni mucho menos imbricados como pudieran darse al utilizar la técnica de Las mil y una noches o el artificio llamado de «Las cajas chinas» en donde un relato va conteniendo a otro y ese otro a otro y a otro y así sucesivamente, de tal manera que se logra una cadena infinita de entrelazamiento y fusión impactante.
El hecho de escoger un formato de cuento corto en donde la Descripción opaca un desarrollo argumental y un diálogo vertical propicio para lograr transformaciones en la trama, le impide desarrollar una línea narrativa en donde el profundo aliento de la aventura de sus personajes, el suspenso y la tensión; la intriga  y el ahondamiento en el ánimo de los personajes hubieran podido encumbrar su escritura. No hay acción sino más bien contemplación. Pensemos en: Dos Cuentos católicos de Roberto Bolaño o La Cándida Eréndida y su abuela desalmada de  García Márquez, como paradigmas de hondo aliento y acción argumental.  










Estructura Interna

La cota sobresaliente  que la autora consigue al desarrollar una estructura semántica alrededor de varios puntos reiterativos que cobijan y definen a todos los cuentos imprimiéndole a la colección una homogeneidad de sentido que, a su vez permite caracterizarlos dentro de una férrea Unidad, constituye lo que a mi modo de ver, es uno de los aciertos narrativos que rescatan la calidad de la escritura de Mastretta en este libro. El tratamiento de estos nódulos semánticos enhebra y tejen una telaraña de situaciones homogéneas identitarias que devienen en  un foco de unidad de gran factura:
1-Unidad de espacio: Los argumentos se desarrollan exclusivamente en la ciudad de Puebla, México. Otros lugares son nombrados como referencia.

2-Unidad de tiempo:
Los argumentos se desarrollan en un tiempo enmarcado  entre las décadas de 1910 y 1940.

3-Unidad de época, ambientación y atmósfera local.
Reiteración del mismo paisaje arquitectónico de casonas y fincas, de sembradíos, árboles frutales, riachuelos y vida campesina. 
  
4-Unidad de narrador.

A este punto, es imperativo resaltar que la voz escogida por Ángeles Mastretta para narrar sus cuentos es unificada de tal manera que siempre será una voz omnisciente en tercera persona, un narrador testigo, personificada en «una sobrina» que cuenta las aventuras de una «tía». En cada cuento varía el nombre de la tía. Es como una exigencia matemática que la autora se impone; una normativa rígida, unos rieles que como fórceps impedirán cualquier desvío o libertad expresiva desde otro punto de vista narrativo.

5-Unidad de tesis.

Sus personajes principales y protagónicos en todos los cuentos son las mujeres. Mujeres poblanas de la misma época, de la misma clase social, de las mismas costumbres y hábitos; de los mismos rasgos culturales con una rutina familiar rayana en el agotamiento existencial. Una vida de hogar cotidiana a morir; la crianza de los hijos, la cocina y sus recetas, los tejidos, la costura; sus desgastados servicios religiosos, sus maridos aburridos. El rol femenino es descrito con precisión por la autora logrando con esa unidad de sentido imprimir un rasgo de mediocridad existencial propicio para su anulación y superación que será uno de los objetivos de su obra en su sentido simbólico y al interior de sus personajes, como elemento transformador y nuevo. Y esas tías protagónicas vienen a ser la excepción y la punta de lanza hacia la ruptura de ese estado de cosas al entrar en contradicción con el elemento antitético que no es otro que el varón poblano, mexicano, predominantemente machista y que al final constituirá la unidad y lucha de contrarios (feminismo-machismo) para devenir al interior de la ficción en una nueva y liberadora relación. Las Mujeres de ojos grandes, se constituyen como género de sexo superior, por sus componentes psíquicos de una ética inquebrantable substancial de búsqueda de la felicidad. Por supuesto que en las descripciones de sus féminas protagónicas subyacen la terneza y la ecuanimidad, la sabiduría raizal, el donaire, la valentía, el arrojo y la firmeza de carácter, en contraposición con ese miedo cerval que doblega e inutiliza al varón en muchas de sus decisiones.

6-Unidad de antítesis.

Al interior de las tramas de sus historias, el elemento contradictorio y propiciador de ese estado de cosas, casi siempre desde el matrimonio o fuera de él, es el varón, mejor decir el macho (poblano, mexicano) que vela por las necesidades económicas de la familia. El rol del hombre-esposo, quien dirige y manda y transmite de generación en generación las normas familiares, ese marido aburrido, es paradójicamente el causante de esa deplorable relación en donde las mujeres protagonistas son verdaderas criaturas frustradas que se ven empujadas a transgredir la norma, a zafarse por el medio que sea, de esa condición opresora de «esclavitud de nuevo tipo», de enajenación, de trauma existencial y de búsqueda de una grieta liberadora.
Si las mujeres son exaltadas en sus acciones redentoras de sí mismas, los varones son disminuidos y apocados por la pluma vengativa y justiciera de la escritora. 

7-Unidad de síntesis.

Se conforma estructuralmente a través de un movimiento elíptico en donde al final de cada cuento la protagonista alcanza un nuevo estadio en su percepción psicológica de la realidad, en la cual ellas se libran de las amarras de dominación por parte del macho, superan el interdicto moral que las tenía aletargada por décadas o quizás siglos de alienación. Se supera esa relación y ese contrato implícito de  rol de sexos dominante y dominado. Al transgredir la condición de criaturas sometidas, las protagonistas mujeres le dan sentido  la escritura de Mastretta signando su colección de cuentos como una auténtica Literatura femenina ginocéntrica.

8-Epifanías reiterativas.

Esta técnica ampliamente conocida e impulsada por James Joyce en su libro de cuentos Dublineses (publicado en 1914), y que consiste en transformar el espíritu de un personaje por el efecto de una revelación profunda, de un «darse cuenta» que lo sacude y lo convierte en una nueva persona, es elaborado por Mastretta de manera sobresaliente en sus historias. En este caso, la liberación se da a partir de la transgresión de la norma y del rol femenino.

En el primer cuento, la tía Leonor consigue romper la cadena de desamor, al evocar una escena juvenil (alrededor de los veinte años) en donde ella y su primo coquetean mientras bajan nísperos del árbol de la casa de su abuelo. Similar evocación, (también a los veinte años) le sucede a la tía Celia quien tendrá su primera visión  al vislumbrar lo que pudiera ser el verdadero amor.

La tía Cristina se apoya en la amistad con Emilio Suarez para dar el salto al vacío. La tía Chila consigue vislumbrar su derecho a ser feliz  al abandonar a su esposo así como la infidelidad de la tía Magdalena es el puente que la conducirá a ese espacio mágico de ruptura con el pasado.

La tía Carmen es más explícita y directa  al racionalizar la situación de postración moral de ella y de las mujeres de su entorno cuando dice: “Lo que devasta es la norma”. La tía Rosa llega al nirvana a través de un sueño premonitorio que le señala el camino de la libertad. La tía Paulina accede al amor pleno por el conjuro de su amante pianista; La tía Mercedes accede al amor pleno gracias a entregarse sin límites a su amante.

La tía Mónica buscaba su «despertar» simplemente negando lo que era en realidad:  A veces la tía Mónica quería con todas sus ganas no ser ella…hubiera querido ser un globo de esos que los niños dejan ir al cielo, para después llorarlos como si hubieran puesto algún cuidado en no perderlos...

La tía Concha, en el cuento que cierra la colección, es finalmente el paradigma de la mujer hacendosa que se encarga de manejar las riendas del hogar. “a Concha le sobró padre pero le faltó marido”, afirma la relatora. El varón-padre, en este caso se salva de ser un mequetrefe, pero el marido fantasioso e iluso pasa a ser un hijo más para esta matrona símbolo de la entereza de carácter de las mujeres de Ángeles Mastretta. 






Crítica.cl EN EL MUNDO DE LAS IDEAS Y LOS IDEALES
REVISTA LATINOAMERICANA DE ENSAYO FUNDADA EN SANTIAGO DE CHILE EN 1997 | AÑO XXI

José Díaz
USA

José Díaz Díaz, colombiano naturalizado estadounidense y residente en la Florida. Estudió Filosofía en la Universidad Santo Tomás de Bogotá y realizó un postgrado en literatura, en la Javeriana de Bogotá. Escritos publicados:
Poesía, Los versos del emigrante.
Novelas: El último romántico y En busca de la infancia perdida.
Libro de relatos: Los ausentes.
Manual: Todo lo que debe saber un escritor principiante.
Biografías: Chenco el pintor, biografía autorizada.
Coeditor con María Gabriela Madrid de las antologías:
Un escorzo tropical, Muestrario de ficciones hispanoamericanas y Vorágine sensual.
Director de La Fundación La Caverna.
Ejerce como asesor y crítico literario.

Página web: www.arandosobreelagua.com
eMail: joserdiazdiaz@gmail.com;
#lenguajevital
Facebook: Fundación La Caverna;
Cell.7865123437
28/05/2018 








16 oct. 2018

Eros y Poder. La alegoría vargasllosiana


Eros y Poder. La alegoría vargasllosiana

A propósito de la relectura de la novela Cinco esquinas


 © José Díaz–Díaz









Uno de los temas recurrentes en la extensa obra narrativa de Mario Vargas Llosa quizás sea el del fantasma del erotismo, por su constante presencia como ingrediente  en la mixtura de elementos que constituyen el cuerpo de su escritura. Rastreando algunos de sus ensayos entre los cuales se encuentran La orgía perpetua (1978), La verdad de las mentiras (2002) y Cinco esquinas (2016), deduzco que  le concede una importancia primordial al concepto de Erotismo en cuanto a considerarlo un componente enriquecedor del texto literario que, según su criterio, debe estar presente en toda obra de calidad.

La anterior afirmación me obliga a precisar que la obra total del Nobel no necesariamente puede considerarse de factura erótica, si fuera del caso encontrar una característica central de su universo narrativo, como sí podría tildar por ejemplo, la obra del poeta Constantino Cavafis, la novela Lolita de Vladimir Nabokov, o Los jardines secretos de Mogador de Alberto Ruy Sánchez.

Vargas Llosa conoce a temprana edad— desde sus años de estudiante universitario— las diversas teorías« duras y blandas» sobre el tema en cuestión. Cuando fungiendo como asistente de bibliotecario en el club nacional de Lima tuvo la oportunidad de leer la pornografía literaria del  Marqués de Sade, Justine (1791), como también los más profundos símbolos de la sexualidad humana desarrollados en sus diversos estudios teóricos y narrativos por Georges Bataille Historia del ojo (1928); desde entonces, disfrutará de las más sobresalientes obras de la literatura erótica a partir de la lectura de la colección Los maestros del amor, dirigida en Francia por el escritor surrealista Guillaume Apollinaire.

A mi modo de ver, el peruano es un entusiasta teórico y diletante del tema del erotismo. En unas cuantas de sus innumerables y sesudas charlas y entrevistas, se ha referido a la importancia  de la literatura como agente que  ayuda a potenciar esa dimensión creadora del hombre en su cotidianidad, al agregarle ese valor de ficción, de fantasía y de imaginación, que a través de un lenguaje escrito, lo empuja a descubrir una dimensión cultural enriquecida para acceder a degustar el goce, la  exploración y la recreación de  nuevas experiencias vitales. El ejercicio libertario del erotismo viene a ser la palanca que lo librará de la realidad, así como la ficción es el estadio que lo libera. De este modo, el ingrediente del erotismo en la obra literaria es el adecuado para espolear la sensualidad inmanente en todo sujeto y de propiciar entre los personajes (ambientación incluida) un tipo de comunicación de calidad superior, siempre y cuando la ficción que se ocupe de lo sexual alcance un determinado coeficiente estético y significación no literal sino alegórica que lo distancie de lo meramente pornográfico.

Dentro de este contexto, en sus obras: Elogio de la madrastra, Los cuadernos de don Rigoberto; Las travesuras de la niña mala; Cinco esquinas, principalmente, encontramos una alta dosis de contenido erótico— que a mi modo de ver y obedeciendo a los conceptos defendidos por el mismo autor— emanan de las obras de manera natural aunque reguladas por la voluntad calculadora del escritor. Una especie de erotismo a cuenta gotas, diría yo. Sin embargo, esa dosis por lo general no viene dada por simples descripciones de personajes y su interrelación, de argumentos y tramas que se acomodan para exaltar momentos inflamados de pasión o de escenas íntimas, o de rememoraciones confortables como sucede en el recuerdo que Roger Casement, el protagonista de El sueño del celta (2010) tiene de su homosexualidad liberada; sino que el fondo y entorno erótico está dado por la forma en que el lenguaje se transfigura y recrea en sí mismo espacios nuevos en donde el lector no puede menos que conmoverse y dejarse llevar por un rapto de excitación. Habría que romper los tabúes y los interdictos como para acceder a la libertad plena.
Recordemos que el erotismo es el triunfo de la cultura por el ejercicio de la imaginación y la fantasía sobre la naturaleza. Es también el culto al cuerpo que dirigido por un cerebro en paroxismo desgrana y envuelve en sustancia embriagada de deseo y de placer a la sensualidad de que es capaz un ser humano. Y eso es justamente lo que persigue el escritor. Abrir ventanas, desatrancar compuertas.








En cuanto a los lineamientos conceptuales sobre el tema que nos ocupa, Vargas Llosa adhiere en la práctica a los postulados que enuncia Georges Bataille en su obra Erotismo (1957) y a los indicados por  Michel Foucault en su extensa e inconclusa  obra: Historia de la sexualidad (1976-1984), entendiéndose este concepto como una sexualidad transfigurada, donde el sentido último del erotismo es la fusión, la continuidad, la supresión de límites entre el sujeto mismo y entre el sujeto y su pareja, o entre el sujeto y sus acompañantes. Debemos entender, entonces, que al erotismo le interesa el goce, el placer y la vida, no la reproducción y, que el género humano, a diferencia de los animales es el único que puede convertir  la pulsión sexual en erotismo sin que medie la intención de la procreación. El ejercicio del erotismo constituye una práctica de libertad individual y privada de gran contenido liberador y catártico que el sujeto ejerce como un verdadero ascenso hacia la aprehensión de dimensiones humanas más integrales, complejas y totalizadoras.

Entendido de esta manera, el ejercicio del erotismo surge cuando el individuo es capaz de desprenderse del interdicto, de la prohibición y de la regla. Si hay conciliación con el interdicto, ya no hay erotismo. Se hace imperativo transgredir el tabú, el pudor, el recato, para alcanzar lo obsceno que es la desnudez del cuerpo y de la conciencia. Al superar las restricciones impuestas por la norma, por  la mojigatería, por la pudibundez o la tendencia a demonizar el sexo, la acción erótica se aviene más con la clandestinidad y la privacidad  que con la normalidad plana. En tal sentido, Vargas Llosa dice en boca de uno de sus personajes de Los cuadernos de don Rigoberto: “Gracias a los colegios de monjas, el mundo está lleno de mesalinas”. O, cuando en Cinco esquinas, el matrimonio tradicional de Enrique y Marisa es salvado por el ejercicio del triángulo amoroso con su mejor amiga Chabela.
En todo caso, una obra literaria no adquiere niveles de calidades simplemente porque desarrolle o no el asunto del erotismo en su escritura, pero sería raro encontrar una narrativa que valga la pena  sin que contenga una buena dosis de él. Al fin de cuentas, como fuente de inspiración, la libido enloquecida se encuentra en las raíces profundas del inconsciente colectivo y es uno de los elementos viscerales que conforman el psiquismo humano (la gasolina vital de la especie humana), de manera que la escritura lo que hace es regodearse en las delicias del coqueteo y del enamoramiento; en  recoger aquellos signos, señales y símbolos tales como los de la violencia, el poder y la muerte que conjuntamente con los ritos y ceremonias, con la interrelación entre débiles y fuertes entre lo masculino y lo femenino (eros y thanatos) y hasta en lo andrógino (condición en vía de recuperación y aceptación por la sociedad postmoderna), caracterizan y modulan el comportamiento de los seres humanos. Por todo esto y otras cosas, Mario Vargas Llosa llegó a afirmar que «sin erotismo no hay literatura».