30 jun. 2010

Círculo de lectura

El Círculo de Lectura en Español
invita cordialmente a la presentación de la novela
"El último romatico" del escritor colombiano
José Díaz-Díaz

Jueves, 8 de julio de 2010
7:30 P.M- 9:30 P.M

Borders-Plantation

12171 West Sunrise Boulevard
Plantation, Fl 33323
Teléfono: 954-723-9595

Moderadora: Freda Mosquera
954-357-7346

Programa gratuito y abierto al público en general.

Para adquirir el libro los interesados pueden llamar al
786-512-3437

o vía e-mail a joserdia@hotmail.com

28 jun. 2010

Un neo-romántico tardío

José Díaz-Díaz


La novela El último romántico y sus personajes.

             “ Por el elevado tono y la sensible percepción de una
 época que acusa una doble moral inocultable, logrando con éxito
traducir su problemática a un lenguaje narrativo de parodia
y síntesis esencial, el escritor José Diaz-Díaz nos está indicando
que se encuentra en el camino justo donde la narrativa actual
se topa de frente con la veta que nos lleva a interpretar válidamente,
con las herramientas de su propia estética, al confundido y alienado
hombre de hoy.”




El primer inpacto que me causó el libro del escritor José Díaz-Díaz tan pronto lo tuve en mis manos fue el del título de la novela, respaldado en la portada por la foto de un violín emanando de su silencio unas notas que se me antojaban, no sé porqué, un poco nostálgicas. Y no fue hasta bien avanzada la lectura cuando caí en la cuenta de que había suficientes argumentos para justificar el título de El último romántico.


En efecto, siguiendo el azaroso deambular de su personaje principal, podemos sentir con él que en verdad es un romántico en la acepción simple del vocablo, valga decir enamorado y soñador, pero enfaticemos que es mucho más que eso. La parte donjuanesca y vaya que sí la tiene y en abundancia, nos remite unas veces a Zorrilla pero cuando nuestro personaje se pone serio y comienza a tomar posiciones críticas en defensa de lo justo y contra las fechorías y corruptelas que amenazan con socavar los ya de por sí maltrechos principios de dignidad de nuestros países, entonces se nos asemeja al inquieto Azorín, el último romántico de la España del siglo diecinueve.


Y es que Gerardo Antonio, que así es el nombre del protagonista, un neo-romántico tardío, ingenuo y joven provinciano quien le apuesta su existencia al único objetivo de escribir un libro para justificar su paso por este infierno con cara de paraíso, no se queda tampoco ahí. Cuando asume posiciones de esteta se nos parece a aquel moralista para quien lo bueno es lo bello. ( pág. 285). Valga decir, que su moral es su estética. Cuando dialoga con Dios, y alcanza estados de exaltación mística, lo hace directamente sin echar mano de religión alguna. (Pág.219) Cuando habla de poesía sabe que el poeta no es más que un hombre que desnuda su alma y se dedica al más inocente de los oficios, como dijera Hölderlin. Un elegido con voluntad de mostrar sus heridas, sus cicatrices pero también de compartir sus raptos de iluminación. (pág. 218).


Y como su periplo lo lleva por caminos de la Bogotá y Caracas de las últimas décadas del siglo que apenas termina, la nostalgia se enreda en su conciencia para añorar aquellos años donde la decencia todavía significaba algo y la caballerosidad e hidalguía median el temple de los varones levantados bajo unas normativas distintas. Y aquí es cuando se explaya apenándose y apesadumbrándose por la pérdida paulatina de un entorno amable de dialogo y comunicación. Ya no existen los libreros ni las pequeñas librerías de tertulia, los libros de papel amenazan con desaparecer, la era digital y el imperio de la Internet borran de un plumazo el calor de una época que tenía tiempo para platicar. La narcocultura corroe aún más el ya de por sí desvencijado cuerpo de una sociedad desmoronada. Es en ese punto de transición de dos momentos históricos, en ese borde de dos épocas, en esa simbiosis y trasiego de hábitos y costumbres por donde debe transitar el espíritu encandilado del protagonista. Consciente o inconsciente de su minusvalía e imperfección, de su indigencia espiritual para trascender, Gerardo Antonio se apega a su sueño de escribir una novela, para paliar sus limitaciones existenciales y antropológicas. El lenguaje y la literatura serán su salvavidas.


El coprotagonista y narrador, un librero retirado que no duda en declararse como un perdedor existencial, soporta la parte adversa y amarga de la balanza tragicómica. En pocas palabras resume su rol, como lo podemos leer en la página 12:


“... He llegado y me siento obligado a confesarlo, a la edad en la cual la vida es finalmente aceptada como una derrota. Me hierve la sangre tener que admitirlo, pero es así. Sin embargo, la visión desoladora que tengo de la condición humana, les prometo, no va a influir en el semblante del presente relato. Vale.”




De todas maneras, Rubén Eduardo se encarga con calculado disimulo en la intimidad de la narración, de dejar caer las gotas de desconsuelo sobre el desdichado estado de la vejez la cual compara con “una tristeza postcoito de nunca acabar” (pág 63) Él es el polo a tierra que nos recuerda que en el final de nuestro destino se encuentra el ser para la muerte, mientras su ahijado (Gerardo Antonio) vuela todo el tiempo como papalote al cual le han cortado la cuerda que lo ata a la tierra. Total, al parecer el único personaje centrado y ecuánime viene siendo el viejo narrador quien a pesar de su abatimiento sentimental y su anarquía conceptual, lleva la batuta de tan singular tragicomedia.


La valoración de la mujer sale muy bien librada en la saga. Allí se reconoce con valentía que los hombres son los blandengues y las mujeres las recias. En efecto, se exalta el don natural de las féminas para crear, amparar y conducir al hombre en su masculino rol de consorte y compañero de camino. Las vírgenes del santoral católico ( La Chinita, La Concepción, la Coromoto, etc.) siempre aparecen en los distintos lugares asumiendo su condición de patronas tutelares que ejercen su función de cobijo y resguardo sobre las frágiles criaturas, lo que hace justicia en su referente externo con el imaginario popular de la creencia latinoamericana.


La mamá de Gerardo Antonio, madre soltera, muestra su temple en las decisiones que debe tomar, es siempre el bálsamo con olor a sándalo que cobija a su hijo donde quiera que éste vaya y asume su condición de lesbiana sin vacilación alguna. Lisandra, la esposa de Gerardo Antonio es la prolongación de la madre del protagonista en cuanto a la protección y vigilia que le brinda y engendra el símbolo de la feminidad total valga decir el prototipo de la hembra telúrica y raizal, elemental y cósmica, en fin el sedimento en el que se percibe con plenitud el verdadero bouquet de la vida. Su potente afirmación a la existencia se consolida con el ejercicio sexual a veces un tanto hilarante y cómico cuando confunde y mezcla el Tantra de la cultura oriental de orientación armónica y totalizante, con la práctica erótica de la cultura occidental de cierta inclinación thanática.


Mara, su amiga del barrio Teusaquillo de Bogotá, es un personaje etéreo y conceptual. Es un pozo de ingenuidad y de bondad, incorruptible y sin pecado original, es la excepción a la sentencia de Rousseau quien dice que “... el hombre nace bueno pero la sociedad lo corrompe...”. Ella transgrede ese destino y se eleva (como la flor de loto flota sobre el río sin mojarse) sobre las miserias de nuestro tiempo. Diáfana, casta, transparente y muda, migra de una ciudad a otra dando testimonio de desprendimiento y tolerancia.


Su prima Eugenia, nacida con vocación histriónica, nos ilustra a partir de su puesta en escena de comedias caseras en el comienzo de su carrera y más tarde con obras como Las Sillas de Ionesco (pág.79[Eugenio Ionesco 1909-1994]) y hasta en su propio monólogo de la mujer liberada (pág 77) la posición conceptual del autor sobre los temas de lo absurdo y de la liberación femenina que tanta fuerza tuvo durante los años sesenta y setenta más aún cuando trae a colación la declaración del llamado “Manifiesto de las 343 sinvergüenzas” sobre el derecho al aborto y firmado por Simone de Beauvoir y Marguerite Duras entre otras, en abril 15 de 1971 en París. También aprovecha el autor la voz de éste personaje para filosofar sobre la tiranía del Yo y la función liberadora de la despersonalización a través del teatro.


El maestro luciano, liliputiense de postín y su corte de enanos que salpican el texto narrativo a lo largo de sus 289 páginas y además con presencia en las dos novelas, puesto que también aparecen en la fábula que escribe Gerardo Antonio, llenan de alegría simple y de gracia el ambiente de la saga, a la vez que le dan un toque surrealista donde se une lo irreal con lo posible y que además conecta con un mundo de fantasía que trastoca la realidad plana de la historia con la complejidad de los mundos subconscientes. Se trata de desrealizar la realidad o mejor, de enriquecerla al integrar toda esa parafernalia de personajillos que en el imaginario popular deambulan libres. Los gnomos y los Erlkönigs de la mitología nórdica, Rigo, el hijo enano del comandante Tirofijo, Roselino el pequeño donjuan de Galicia y de América en fin, los hombres de minúscula estatura son los sucedáneos de los héroes clásicos, llamados a emprender las grandes empresas. La tragedia comienza cuando los magnos ideales de la humanidad son puestos en manos de los más pequeños y frágiles. No es otro el sentido de imponer al enano Luciano la tarea de conseguir LA PAZ DEL MUNDO (ver pág.25) a partir de su megaproyecto sobre la ciudadela del futuro.


Llama la atención la variedad de temas que abarca El último romántico a partir del principal que no es otro que el SENTIDO DE LA EXISTENCIA. El argumento y la conceptualización de los personajes, elaboran en ágil telaraña tópicos de corte psico-social, cultural y político-filosófico, siempre persiguiendo el medio justo aristotélico de montar un escenario donde conviven en balance sostenido lo humorístico y lo serio, lo cómico y lo dramático, lo anodino y lo trascendental. Si bien es cierto que el personaje central muere de amor ante la muerte inesperada de su amada, final romántico por excelencia, el autor trabaja un sinfín de subtemas ya sea utilizando el subgénero de la ficción transgresiva (ver carta de Sarah a Gerardo Antonio) o planteando la validez de las experiencias místicas como en el caso de las cuevas del Guácharo en Monagas o el de la ingesta de hongos alucinógenos en los alrededores del río la Miel de Cundinamarca.


La desolación de la vejez la contrapone con el mito de la inmortalidad. Denuncia la paulatina muerte simbólica de la literatura y de la poesía, de la lectura y de los libros de papel debido al posicionamiento de la sociedad de consumo que como criterio global de comportamiento impone lo utilitario sobre lo lúdico. Sin embargo antepone principios y conductas salvadoras que subterráneas y silenciosas corroen las entrañas del monstruo tales como lo son en efecto, el principio Holístico de unidad, o el Gen Moral que empuja al hombre hacia la bondad, o la fuerza Andrógina que acaba con las contradicciones psicológicas de la pareja al derribar el muro que separa y a veces hasta enfrenta la dualidad de lo femenino-masculino.


Como en la novela romántica, también la naturaleza y el color local, el aire y la sensación de época, la atmósfera provinciana, el elemento telúrico y el terruño con sabor a paraíso del paisaje latinoamericano juegan un papel de personajes que se integran con el ambiente general de la narración. Las descripciones soberbias sobre la isla de Los Roques y desembocadura del río Orinoco, los alrededores del lago de Maracaibo, la plaza de Bolívar de Caracas de los años setenta, Las cuevas del Guácharo, la colonia Tovar, en Venezuela; de igual manera los cuadros de ambientes como los de Tunja y Manizales, los de la Bogotá de los años sesenta y la reminiscencia de décadas anteriores cuando el bogotazo y de las remembranzas de la Santafé colonial, dialogan con las frescas voces de los contertulios embriagados de sabor a monte y desmesura.


En definitiva, los personajes ficticios de la trama interior de las dos novelas, la que narra el librero retirado y la que narra el personaje principal Gerardo Antonio, desarrollan su acción al comienzo, de manera independiente y separada pero luego se vincula una historia con la otra y los personajes de la primera se entremezclan con los personajes de la segunda y estos con personajes “reales” del entorno exterior lo cual deviene en una mixtura entre ficción y realidad, de verdad y de verosimilitud, típica de la técnica y de las tendencias estéticas de la postmodernidad. Si adicionamos a lo anterior el papel activo del lector quien ya no es más un espectador pasivo de la trama sino que se le da un espacio de participación y juego al ser integrado como un elemento literario adicional del relato y con el cual el narrador dialoga y pregunta, entonces completamos el cuadro narrativo en donde nadie escapa de ser convertido en ente de ficción. Sumémosle a todo esto la filia que el autor demuestra por los libros al incluir muchos de ellos como referente vertebral de la trama, a la vez que rinde un homenaje al mundo de la literatura.


Si fuera del caso ubicar esta novela dentro del ámbito de la narrativa que se está produciendo en esta década en los países latinoamericanos, habría que señalar justamente que constituye una muestra típica de esa nueva búsqueda individual de originalidad y a la vez de universalidad que persiguen nuestros narradores, muy propia de la nueva corriente que nace al desprenderse de la doble tendencia que unificaba a la llamada literatura latinoamericana: la línea barroca de lo real maravilloso y del realismo mágico y la línea con preeminencia de lo ideológico sobre lo literario. El énfasis corresponde aquí, a la disposición de superar los muros de la nacionalidad en la búsqueda de lo transnacional al estilo de la idea de Roberto Bolaño en la cual para el escritor la patria la constituye su biblioteca.


Sin lugar a dudas, el estilo narrativo del escritor José Díaz-Díaz es totalmente experimental y vanguardista. Allí coexisten y se mixtifican los géneros y subgéneros literarios, donde el lenguaje pareciera liberarse de esa camisa de fuerza que lo encasilla y refrena. La Historia parece ficción y la ficción, Historia, en la que se confunde deliberadamente la imaginación con la realidad, resultando de todo este cruce de espacio, tiempo y lenguaje; de voces polifónicas, de artificios, símbolos y apariencias, una amenísima tragicomedia de ritmo cinematográfico que atrapa y conmueve simultáneamente, flanqueada por un aliento poético que transpira la obra a través de sus páginas y de un dominio del idioma en el cual conviven el coloquio y el habla regional con el uso de un lenguaje elaborado que seduce al lector más avezado.


Por el elevado tono y la sensible percepción de una época que acusa una doble moral inocultable, logrando con éxito traducir su problemática a un lenguaje narrativo de parodia y síntesis esencial, el escritor José Díaz-Díaz nos está indicando que se encuentra en el camino justo donde la narrativa actual se topa de frente con la veta que nos lleva a interpretar válidamente, con las herramientas de su propia estética, al confundido y alienado hombre de hoy.






César Lacayo


Presidente del CEPI


Circulo de escritores y poetas iberoamericanos.


Miami, mayo de 2010

Presentación en Unilatina


VIERNES, Junio 18 de 2010 7:00 p.m.
4801 S. University Dr. Suite #114 Davie, FL 33328


 ABRAHAM FURER




Nacido en Argentina. Abraham ha estado involucrado en el campo de la arquitectura por más de tres décadas. Además, ha participado en varios concursos de arquitectura tanto en Argentina como en Estados Unidos, incluyendo el memorial para las Torres Gemelas en Manhattan.


Por otro lado, ha dedicado 10 años al estudio de la pintura y arte visual, habilidades que ha demostrado en la creación de sus diseños.




MUSICA CON VIOLETA, ROLANDO Y MELISSA

 
Violeta nació en Lituania y llegó a los Estados Unidos en el 2001.
Escribe y canta su propia música con tal sentimiento y
voz cautivadora que hace sentir a la persona que quiere llorar.

 
Por otro lado, Rolando divide su tiempo como cantante de ópera,
instructor de música y actor.
El es miembro activo del Coro de la Opera de la Florida
 en donde interpreta como tenor.

 
Melissa nació en Costa Rica. Ha actuado como solista
dentro y fuera de los Estados Unidos. Ha realizado conciertos
 en iglesias famosas de Europa incluyendo la
Iglesia de San Pedro (Ciudad del Vaticano).
 En la actualidad es parte de "L'Opera Nostra".



En esta oportunidad se unen estos tres talentos
para deleitarnos con su música en UNILATINA.



EL ULTIMO ROMANTICO


JOSE DIAZ DIAZ



Nació en Boyacá, Colombia. Estudió filosofía y letras, poeta, novelista y crítico literario. Tiene varias publicaciones en diferentes revistas y periódicos.



La parodia de la novela, teñida de un sustrato poético que emociona, ensambla la alegoría perfecta de la contradicción central de nuestro tiempo: mixtura de valores, las dos caras de la misma moneda, la verdad y la mentira fusionadas en una sola.






 


Agradecemos su puntualidad
Micrófonos abiertos para voces e instrumentos!
El evento será transmitido via internet por http://www.ustream.tv
Rueda de Negocios
http://www.unilatina.edu/ R.S.V.P. (954) 607-4344

 Les recordamos que la Tertulia es un evento gratuito, recibimos todo tipo de donaciones como botellas de vino, pasabocas y refrescos.

Si su compañía desea patrocinar éste evento escríbanos a publicrelations@unilatina.edu


http://www.unilatina.edu/activities/viernes-de-tertulia

17 jun. 2010

Fragmento de El último romántico

A continuación los lectores se encontrarán con un fragmento de la novela El último romántico del escritor colombiano José Díaz-Díaz como abrebocas a la degustación del texto total.



"16. Gerardo Antonio y su novela



No crean ustedes que era tan fácil para mi neófito novelista, escribir diez líneas a pura mano sobre papel, día a día, hasta completar el párrafo que era su meta diaria, en cuanto a escritura se refería. Pero lo lograba con inspiración o sin ella. “Si llega la inspiración, pues que me coja trabajando” se decía, para darse fuerza. Era un defensor a ultranza de lo que significaba la caligrafía para la civilización. Por esto, no utilizaba ni máquina de escribir ni ordenador pues si bien es cierto que vivía en las últimas décadas del siglo veinte, se resistía a utilizar las nuevas herramientas que el progreso le prodigaba y se acomodaba mejor con las obsoletas usanzas de los siglos anteriores y todo él era un joven enchapado a la antigua. Que el verdadero escritor – aseguraba- es el que con su mano y su pluma, le saca música al papel en blanco, que a su vez es la partitura que engendra el verdadero mundo de la fábula.


Total, el asunto no era nada divertido pues además, el único sentido de su vida- y porfiaba en ello con una terquedad ilimitada- era llegar algún día a concluir esa obra maestra que firmaría con sus propios nombres y apellidos, -ya que usar pseudónimo era cosa de cobardes- pensaba, lo cual, además, lo redimiría de su anonimato intrascendente. No quiero ser un perro romántico más, al estilo de los del poema de Roberto Bolaño. No. Pero como tampoco puedo cambiar el mundo de verdad, al menos les voy a dejar simplemente un libro para que se diviertan, aseguraba. Que cambien el mundo los políticos. Yo pasaré por él no como un prócer, que para eso no tengo agallas ni como un mártir de los nuevos idealismos, que para eso se necesita tener cojones y los míos los uso no para la guerra sino para hacer el amor, en fin, tampoco aspiro a ser la gran cosota, total los del boom latinoamericano ya están completos. De modo que, había que ir hacia adelante sin mayores pretensiones pero sin decaer. Ser admirado por lectores agradecidos y subyugados por la intensa degustación del texto leído, por el gozoso bocado que significaría su deglución. Ser recordado por todos al evitar la muerte de la literatura con una novela de verdad, no como esos plagios repetitivos que plagaban de basura los anaqueles de las librerías. Ser respetado por su madre. Uno de sus recónditos deseos, luego de su inminente logro literario era que asomara de un momento a otro su padre, pidiéndole perdón por el abandono y suplicándole que al menos fuera su amigo, él lo perdonaría, a pesar de que en mala hora lo había lanzado en esta tierra de promisión con el innoble sello de la ilegitimidad.


Otro gran problema lo constituía el Tema de la novela. Se devanaba los sesos pensando en la estructura temática y concluía que tenía que ser algo romántico porque sino entonces ¿ Qué?


“¿Quién que es no es romántico?”. Pronunciaba en voz alta la sentencia de Víctor Hugo, para darse seguridad de que el fondo debía a fuerza centrarse en el amor.


¡Claro! Debo seguir los pasos de Don Quijote y Dulcinea, por algo se mantiene como la mejor obra de la lengua castellana. Sí, por ahí es la cosa. Y también debo seguir los pasos de la Divina Comedia, así tenga que ir hasta el mismísimo infierno, Yo Virgilio, detrás de ti mi querida Beatriz, sí, sí, sí. Por algo es la mejor obra de la literatura italiana. Y también detrás de ti Julieta que soy tu Romeo enamorado. Por algo esa historia salió de la mejor pluma de las letras inglesas. Y ¿las penalidades del joven Werther por Carlota, qué? Y no continúo con más ejemplos, Talvez Dafnis y Cloe para reforzar con los frutos silvestres de la Grecia bucólica. Talvez Calixto y Melibea. Y porqué no algo criollito como Efraín y María. ¡Bravo, genio! Tienes agarradito el gran tema por el cuello ¡No lo sueltes!


Si fuera tan fácil. Ahora viene todo lo demás: el cuentito, el argumento. Que crear una adecuada sensación de época. Que cómo se conocen los protagonistas, que dónde se conocen; que si sus padres, que si sus familias, que cuál rico y cuál pobre, sanos o enfermos. O el uno sano y el otro enfermo. Que si ambos malos o ambos buenos o mejor, el uno malo y el otro bueno. La eterna lucha del bien contra el mal. No me creas, no es tan sencillo el cuento, que si final feliz o trágico. Que si novela con final abierto o cerrado, que si tiempo elíptico o lineal. Que si parábola o crudo realismo. Que si lenguaje connotativo o denotativo o una mezcla de los dos. Que si mensaje cifrado o directo. Que si alguna intención subliminal en el texto. Que si algún simbolismo oculto tras bambalinas. Que si trocar historias o fantasear sobre las mismas. Que si el truco del alter ego, autobiografía o ficción neta. Que si realismo histórico o mágico o maravilloso. Que si deconstructivismo, infrarrealismo. ¡Váyase al diablo! Ojalá tuviera yo el genio y la capacidad de síntesis del paisano Monterroso que en una línea escribió el cuento, la mini ficción más corta que la literatura universal conozca:


“ Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”


Yo creo que mejor suspendo esto aunque pierda la inmortalidad y me dedico a escribir guiones para telenovelas -tele-culebras- se dijo para sus adentros mientras bostezaba. Gano bien, me doy la gran vida y emerjo límpido y sonrosado al mundo de la pantalla chica, a la banalidad de la farándula, al palacio del ego, a la ridiculez de lo superfluo, al culto de lo frívolo, que es lo que más odio, ¡Oh, no! ¡Eso sí que no! Nada de cobardía, el proyecto grande sigue en pie. Los dioses me apoyarán con un poquitín de originalidad y genio. El proyecto va. Y va con fuerza narrativa y vigor sustantivo. ¡Literatura o muerte!"

11 jun. 2010

El último romántico novela de José Díaz Díaz

Acaba de ver la luz una novela del escritor colombiano José Díaz- Díaz y nos llega como una propuesta experimental de evidentísimo interés. A continuación puntualizo algunos de los aspectos que me impresionaron gratamente los cuales comparto con particular complacencia.








Un librero retirado narra las aventuras de un ingenuo y joven provinciano perdidamente enamorado del mundo de los libros quien dedica su corta vida a escribir una novela con la pretensión de que el éxito obtenido le otorgue sentido pleno a su caótica existencia.






Mientras los tiempos cambian, un exquisito y rebosado erotismo tropical va anudando las diversas secciones del entramado de las dos ficciones. La picardía criolla, la guasonería y el humor picante salpican las páginas del texto total conformando un escenario tragicómico donde todo va en serio y nada es serio, salvo las reflexiones puntuales sobre la inminente muerte de los libros de papel y el advenimiento de los libros digitales con el triunfo de la era de la Internet.






Escrita en un lenguaje coloquial unas veces y otras en un lenguaje depurado, la dramatización nos vapulea entre lo anodino y lo sublime, entre lo sencillo y lo profundo, todo ensamblado en el color local del pintoresco paisaje colombo-venezolano.






En compañía de su duende de cabecera, un enano inmortal, sabio y visionario, el protagonista, cándido antihéroe de pies a cabeza, atraviesa por un sinfín de episodios desde su niñez vivida en Manizales hasta su estado adulto, entre Bogotá y Caracas, en medio de patéticas experiencias y sobresaltos y también de reflexiones puntuales, que conjugan sentimientos como el miedo a la muerte y el amor desbocado por la literatura, con la crítica de la cultura de la sociedad de consumo. Desde la mágica mirada latinoamericana, y de su telúrica condición paradisíaca situada en la periferia del desarrollo y la civilización, sus personajes irradian ese ingenuo y peculiar modo de ubicarse e interpretar el mundo de hoy.






Y desde este mismo espacio primordial emergen chispazos de sabiduría donde lo vernáculo y autóctono se apropia de una elemental alegría local para emular los rezagos a ultranza de la actitud romántica de la vida provinciana. Allí, su personaje central será el símbolo del último romántico.






En el plano ético compara los cánones del romanticismo histórico con la vulgarización y pérdida del refinamiento del hombre de hoy. La tesis del padre del romanticismo francés, Víctor Hugo: “ ¿Quién que es no es romántico?” le sirve de puerta de entrada para centrar a su actor principal en la validez de su periplo. Dos fábulas ocupan la obra en cuestión. La fábula mayor, la que cuenta el librero, se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XX lo que le permite evocar con melancolía simulada las características de las costumbres culturales antes del advenimiento desbocado de la globalización, de la tecnología y del reinado de la Internet. El personaje vive el desgarramiento de unos hábitos culturales signados por la influencia de la lectura de libros de papel y la inesperada irrupción de la era digital. La fábula menor, la que escribe el protagonista Gerardo Antonio, se desarrolla a partir de la segunda mitad del siglo XIX lo cual le permite al autor remitirse a la conjunción histórica hispano-americana. Un vocabulario decimonónico se apropia de las descripciones que corresponden a esta parte de la novela.






En el campo de la crítica social, que transcurre a través de toda la obra, es pertinente traer a colación la alegoría de los mendigos y desamparados ( página 151) que deambulan por la ciudad de Bogotá como mancha que delata la doble moral que pretende sobreponer la imagen a la realidad, la apariencia a la verdad.


La narración permite varios tipos de lectura que va desde lo elemental para el lector bisoño y común hasta lo erudito para el lector avezado. De signo híbrido y multisémico, será el lector activo quien cargará con el trabajo de decodificar el sentido del supuesto caos y cosmos que subyace a lo largo de la doble narración, que soporta varias voces y planos justamente para enfatizar la pluralidad de significaciones y sentidos.






Con ese sustrato poético que respira la obra a lo largo de sus páginas, la novela logra un tono literario tanto en la universalidad de los temas que propone, hasta en el tratamiento de los personajes que verbalizan con transparencia la expresión de sus conciencias, en el vocabulario propio de su habla regional llegando a veces a los límites de la jerga (ver en el capítulo 30 el diálogo entre Ernesto el guajiro y Oscar el uruguayo)


La psicología de algunos de sus héroes y antihéroes (la relación lésbica de Elizabeth, por ejemplo) confeccionan caracteres que deambulan entre lo definido lo dubitativo, entre lo sesgado y lo híbrido, remitiendo a un contexto sociológico de tolerancia y permisividad que supera y se antepone a actitudes fundamentalistas y dogmáticas o verticales y autoritarias que todavía persisten en el entorno real de hoy.






El rebosado erotismo tropical va anudando los diversos capítulos del entramado de las dos ficciones, la que escribe Rubén Eduardo( el librero, el actor de carácter) y la que escribe Gerardo Antonio( el actor de la liviandad dionisiaca) como cantos a la vida que reconfortan el simple hecho de vivir. La sensualidad inmersa a lo largo del discurso es como el bálsamo que ayuda a trascender las verticales preguntas existenciales sin respuestas y los oscuros vericuetos de sus psiques escindidas que sufren los actores. Y algunas palabras inventadas más allá del diccionario exaltan la creatividad del eros, como una forma de mostrar el desbordamiento de la conciencia sobre el lenguaje.






No menos importante es el rol que se le concede a la mujer en el ensamble de las connotaciones de la saga. Entre otras cosas, los varones terminan siendo los débiles y las mujeres las fuertes, las mejor dotadas para sobrellevar la carga del destino. De hecho, el personaje principal luce inseguro y confundido (ver pag.72) en una clara alusión al falso machismo y en puntual exaltación del yo desexualizado, andrógino. También, el santoral femenino católico hace presencia reiterada con sus santas patronas que protegen a sus habitantes, desde los extramuros de las ciudades. Es evidente que se quiere enfatizar la religiosidad inherente a esas comunidades. En otro segmente del relato, Elizabeth, madre de Gerardo Antonio, retoma el doble rol de madre-padre, (página 51), aniquilando el rol masculino. Lisandra, la mujer del protagonista, es la hembra poseedora del poder de la sobrevivencia y de la fortaleza maternal que conjura todo peligro. Ella es el camino para recuperar lo esencial y original de toda convivencia por el despojo de lo superfluo sobre lo útil y práctico. Ella materializa el imperio de lo instintivo sobre la indecisión de toda conducta elaborada. Mara es el epítome de la bondad. Eugenia es la creativa literaria de la jácara quien le apuesta, hasta las últimas consecuencias, su porvenir a revivir el mito de la eterna juventud a través del teatro. La ternura de Sarah la lleva a redimir a su victimario, condolida por el sufrimiento de éste. Al respecto dice: “ Sin embargo, tengo miedo de que me pueda enamorar de Koichi, por esa mirada triste e infantil siempre en su rostro estoy segura de que me ama, y a mí me da temor de aceptarlo así como es ya que me produce más lástima que enfado. Indaga tú letrado sabelotodo, en los abismos del corazón.” (Página 132)






La simbología que envuelve la trama en su totalidad, es la metáfora de la decadencia, territorio en el cual son los enanos (sarcásticamente los más pequeños y superdotados) los portadores del estandarte de la paz y la convivencia. Luciano el liliputiense, quien asume como visionario y superhombre, como mago y duende, como personaje real y ficticio a la vez, es el paradigma que recoge la parábola de la historia. En él se conjugan la grandeza y la miseria de los ideales del protagonista.






El último romántico, se desarrolla dentro de los rasgos de la postmodernidad, marcadamente influenciada por el uso de las técnicas de la narrativa contemporánea. La construcción del texto total se pliega y expande obedeciendo a una sintaxis de desbordamiento, a una urdiembre polisémica, en contravía de la linealidad de la narrativa tradicional. Cabalgando entre reflexión y narración, lo caótico, ambiguo y contradictorio se enfrentan a lo lógico y formal. Todo es incierto, los personajes principales son en extremo inseguros. El argumento central parece, a veces, diluirse para abandonarnos en anécdotas sesgadas con la intención de que sean degustadas estéticamente en sí mismas. El proceso creativo de la fábula menor o segunda novela es descrito de manera que asistimos y participamos de ese parto literario. Maneja a su manera, los tiempos, el flash back, el monólogo, el fluir de conciencia.






Trabaja el leitmotiv para reafirmar la coherencia argumental y conceptual como es el caso del avance reiterativo de los párrafos del relato que escribe Gerardo Antonio; de los sueños recurrentes, de las constantes apariciones del enano, del olor a sándalo que sustituye la presencia de la madre y de las siete muertes ficticias del protagonista. A todas estas, el tema de la muerte acecha las aventuras del personaje central en todo momento, muriendo varias veces mientras es seducido por el fantasma de la inmortalidad.






Esta metaficción que se asume como tal ya que no pretende ser histórica cien por cien ni tampoco fábula totalmente, con alusión a personajes reales, con su cronología y fechas la mayoría exactas, con la descripción de lugares fidedignos, con sus detalles de época, apela a la verosimilitud, y a la credibilidad de la saga. Le hace un guiño al lector para que comparta los códigos del juego y se entregue como cómplice activo a una lectura de secretos compartidos que los llevarán por caminos zigzagueantes y antinómicos entre lo intelectual y lo emotivo, entre lo poético y lo racional, gracias a la fuerza virtual del lenguaje. También inserta en sus páginas un collage de géneros literarios que van desde el Ensayo a la obra de Teatro y la Poesía; y desde el discurso y la declamación, a la comunicación epistolar, las canciones, y los e-mail. Utiliza el recurso de los diferentes planos y niveles de narración, ya en primera persona ya en tercera y de las distintas voces, que penetran el hilo narrativo sin aviso previo. Aplica la herramienta del Intertexto y hace uso del recurso de inmiscuir la literatura en la literatura, involucrando, por ejemplo, pasajes de Calderón de la Barca o de León de Greiff, etc. para enhebrar las emociones y sentimientos de su protagonista o de reafirmar sus postulados con los correspondientes de aquellos clásicos.






La opción por el recurso de la novela con final abierto, en el cual Ramón José es disparado de la realidad intertextual hacia el futuro en la realidad histórica; y del cuento en el cuento, con el salto y la concatenación o el encabalgamiento y la convergencia de los personajes de uno en el otro, constituyen una muestra del juego teórico entre lo real y lo virtual que novelan y ficcionan la Historia real para conseguir esa atmósfera de un mundo postmoderno a la vez que absurdo. Un aire surrealista entendido como prolongación permanente del romanticismo acompaña el escenario a lo largo de todo el manuscrito.






La reflexión misma sobre el arte de escribir, el ejercicio acompasado de borrar o corregir el texto en el instante de su creación nos empuja a deducir que la única realidad es el texto en sí. Por todo esto, repito, la parodia de la novela dentro de la novela, con sus personajes de carácter en ambas, Gerardo Antonio en la primera y Ramón en la segunda; y con sus comediantes de cabecera Luciano en la primera y Roselino en la segunda, ensamblan la metáfora perfecta de la contradicción central de nuestro tiempo.






Debo terminar diciendo que su lectura engancha con facilidad al lector y lo induce más de una vez a clímax hilarantes bajo el telón del frondoso paisaje latinoamericano, en ocasiones donde la comunicación logra trasmutar verbo en vivencia.






John Jairo Palomino


Revista Memoria Cultural


Miami, Mayo de 2010


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