27 feb. 2011

Entrevista a José Díaz – Díaz


Con ocasión del lanzamiento de su novela El último romántico.
Por: Janiel Humberto Pemberty
Escritor colombiano.


Cada vez con más frecuencia el cine y los medios audiovisuales se apropian del lenguaje literario, tanto que es común oír decir: no he leído la novela pero vi la película, con lo cual nuestro interlocutor da por sentado que conoce ya la obra literaria sin caer en la cuenta de que la literatura tiene componentes que el cine ni los medios audiovisuales pueden alcanzar. Ante tanta proliferación de entretenimiento audiovisual ¿pierde espacio la literatura como arte masivo?

La literatura nunca ha sido arte masivo. Es más, el arte en general nunca ha sido de masas. Ojalá lo fuera. Primero hay que erradicar el analfabetismo y la ignorancia. Sin embargo y en su reducido espacio  de lectores, la literatura continua siendo arrinconada ante la avalancha de entretenimiento y diversión pasiva y sedante que evita por todos los medios recrear educando o estimular los sentidos y el intelecto para que la gente reflexione  sobre el estado de  cosas que pasan a su alrededor. El entretenimiento audiovisual hace las veces de somnífero, mientras que la literatura, ya sea poesía, ensayo, drama, cuento o novela, busca recrear para envolver en el goce estético y en el disfrute del intelecto al lector ávido de otros puntos de vista, de belleza, de sabiduría.
En efecto, la Literatura tiene componentes que las otras artes, en este caso el cine, (y me refiero al cine-arte, no al cine comercial que es una industria millonaria que nada tiene que ver con el arte) no puede desarrollar porque están más allá de su materia. Un texto literario puede adentrarse en los linderos del psiquismo humano y comunicar sensaciones, percepciones y hasta pensamientos (el monólogo, por ejemplo) a donde una cámara de filmación jamás podría penetrar. No olvidemos que el Lenguaje es el instrumento de comunicación mas completo de todos. Y la materia prima de la literatura es el lenguaje.

Sabemos que la economía de mercado arrasa con todos los valores y con las manifestaciones culturales más caras al hombre. ¿Crees que la economía de mercado atenta contra la literatura?

De la manera como está orientado el mercado, sí. Al consumidor se le ofrecen productos que debe desechar cuanto antes para que de inmediato vuelva a comprar. Se le “engorila” con cualquier cantidad de bienes materiales para que se pierda dentro de ellos y se olvide de que la vida es algo  más que consumir. El problema en verdad está dado por la ideología que subyace detrás de este tipo de economía: Se evita y no se impulsa o  estimula al hombre a pensar. Entre menos reflexione y critique su sociedad, mejor. Entre más embotado esté el consumidor, mejor. El mercado no necesita ni críticos ni pensadores, necesita consumidores que reproduzcan y hagan crecer el mercado. La buena literatura, induce a ir en contravía de ese estado de cosas. Fustiga con su ironía, espolea, a veces,  con su humor ácido, sensibiliza con sus historias hilarantes, se convierte en espejo que nos puede llevar hasta el asombro. La literatura esta hecha para sensibilizar y engrandecer al hombre, para ayudarlo a conocerse a sí mismo y a los demás, no para  abotagarlo ni degradarlo.

Se dice que solo tomamos grandes decisiones cuando estamos entre la espada y la pared. ¿Hubo en tu vida algún acontecimiento que te empujara a ser escritor?

Cuando llegué al uso de razón. Con la mayoría de edad  comencé a percibir la necesidad de encontrarle un sentido a la vida y de descifrar esa sensación de absurdo que me perseguía por doquier. Y empecé a leer en forma. Unas cuatro horas diarias, unos tres libros, en promedio por mes. Luego estudie Filosofía, después literatura. La escritura comenzó a perseguirme y simplemente me dejé seducir de ella.

Y volviendo a la economía de mercado, ¿qué opinión te merecen los concursos literarios?

Son necesarios pero muchos de ellos están amañados, sobre todo los auspiciados por algunas editoriales que premian sólo al autor que les va a garantizar excelentes ventas. En estos casos el criterio comercial prima sobre el criterio y el valor literario real. Cuando alguna obra se impone por su valor intrínseco entonces sí se convierte en plataforma que ayuda a la divulgación de todos los libros del escritor premiado.

Cualquiera podría suponer que en Miami, por ser una ciudad tan cosmopolita, el arte y la literatura tienen relevancia especial, pero todos los que vivimos en ella sabemos que nos es así. Partiendo de esta premisa ¿es más fácil hacer literatura en Colombia o en Miami o los ambientes hostiles a la literatura como los de Miami menguan la facilidad o dificultad para escribir?

En cualquier parte es difícil dedicarse a la literatura y menos pretender vivir de ella; aunque hay que reconocer que existen países como España o Méjico en donde el Estado, por intermedio del ministerio de Cultura o Educación, dedica una cantidad decente de su presupuesto para impulsar las “casas de cultura” municipales, los talleres literarios o las bolsas de empleo para escritores o las becas, etc. Son sociedades que invierten en promoción cultural porque están conscientes de su necesidad real. En Colombia todavía se le teme a los escritores por su capacidad instigadora en contra de la injusticia social y cuando alguno triunfa (por lo general en el exterior) de inmediato se le trata de comprar ofreciéndole algún puesto burocrático.
Escribir en idioma español en Miami, a pesar de la cantidad de inmigrantes latinoamericanos, es predicar en el desierto. A los lectores hay que buscarlos con lupa. Prácticamente no hay mercado editorial y los pocos libros que se publican cada año son autoediciones de escritores que se equivocaron de ciudad para vivir y que no pueden dejar de escribir porque ese oficio significa su vocación y su instrumento de afirmación a la vida. ¿De qué viven? De cualquier otro trabajo. No aconsejo dedicarse a la literatura en esta ciudad si se tiene una familia que mantener.

¿Prefieres las insinuaciones mallarmeianas a las descripciones?

Stéphane Mallarmé aportó muchísimo al enriquecimiento del lenguaje para explorar  sus caras ocultas y para multiplicar el sentido de una palabra, de un verso, de un párrafo. El eco, la sonoridad y la resonancia que viene detrás de cada expresión se revelan cuando llegan al lector y le engrandecen y le insinúan sentidos antes desconocidos e insospechados. La sombra y el lado sutil de los hechos y las cosas pasan a ocupar un primer plano. “Un golpe de dados” se convierte, entonces, en algo más que la suma de esos 4 entes gramaticales. Sugiere: albur, insinúa azar y destino; puede entenderse como un posible cambio de vida, se afirma el carácter aleatorio y circunstancial de los sucesos; puede ser la revelación de estar a las puertas de lograr algo soñado, etc.
Mallarmé y el movimiento simbolista aportaron a la literatura el vigor que hoy mantiene. Le dieron prelación al Símbolo y a la Imagen como elementos primordiales y característicos del verdadero lenguaje literario. Al valor filosófico y poético que yace en el fondo de un buen verso, se puede allegar gracias a la orientación de éste maestro que junto a sus discípulos Verlaine y Rimbaud nos indicaron que escribir literatura es mucho más que hacer una buena  descripción.

Sé cuán difícil resulta, cuando se lleva una vida cultural activa, decir quién es nuestro padre en determinada disciplina o profesión. Pero incluso así me rindo a la tentación y te pregunto: ¿Cuáles escritores te han marcado más como lector y cuáles como escritor?

 En cuanto a mis lecturas, en poesía no puedo dejar de mencionar a los grandes William Blake y Rainer María Rilke, verdaderos monstruos de sensibilidad y creación; y a un colombiano contemporáneo (que murió como paria en su propia tierra) y  cuya obra no ha sido aun suficientemente divulgada, llamado Raúl Gómez Jattín. En cuanto a pensamiento, narrativa e influencia ideológica, comienzo con Aristóteles, sigo con Nietzsche, (el peligro y el pavor de ver el abismo en la propia interioridad...), me deleito con Hermann Hesse (“El juego de los abalorios”), con Edgar Allan Poe, y me aboco a comprender a Michel Foucault.
 En el intermedio están   los surrealistas, principalmente  André Breton. Tampoco puedo dejar de mencionar a Jean Paul Sartre ni a Charles Bukowski, ni a Elfriede Jelinek (“El uso del lenguaje como látigo”). Borges también ronda como un fantasma.
En cuanto a la escritura me considero postmoderno y asumo los postulados de Foucault. Sobre todo en lo que se refiere a la acción y a los personajes transgresores, marginales  y de límite. James Joyce es  mi gran maestro (El monólogo de Molly Bloom sigue siendo la corriente imparable de la voz femenina). Franz Kafka es el faro que ilumina las heridas aun sangrantes del ciudadano, infringidas por las estocadas imperceptibles del Estado moderno sobre su conciencia.
Siento una gran influencia también, en cuanto a la técnica y a la carpintería, de Guillermo Cabrera Infante (celebro su capacidad para la parodia) y definitivamente de Roberto Bolaño (“Los detectives salvajes”, “2666” y su obra total) a quien considero el escritor latinoamericano más centrado en lo que debe significar la narrativa en estas primeras décadas del siglo XXI.

¿Está la literatura en crisis como el hombre o por el contrario la crisis del hombre alimenta la literatura?

Crisis es un término que ha perdido su carga semántica de tanto uso y abuso. Yo diría que en la cultura de Occidente el hombre de hoy vive su momento degradado por los instrumentos de poder que le imponen el Consumismo como único camino a seguir. Luego viene la industria del espectáculo que se encarga de rematar al paciente con su diversión light, la cual no hace más que anestesiarlo, aturdirlo y alienarlo, en el sentido filosófico del término. La existencia del hombre contemporáneo planteada en estos términos nos dice que su crisis es profunda y que la calidad de vida está por alcanzarse. Y sin embargo, la literatura está ahí. Los clásicos están esperando ser leídos, pero los pocos lectores que existen -lectores pasivos en su mayoría- son abrumados con la literatura-basura que el mercado les impone: biografías, autobiografías y memorias  de la farándula, narrativa de escaso y hasta nulo valor literario, chabacanería llevada a la imprenta o a la pantalla digital posando como textos literarios cuando apenas son escritos sin ningún soporte estético.
El lector de hoy necesita de orientación y de instrumentos que le ayuden a acceder a la buena literatura con criterios propios. Conquistar el hábito de la lectura sería un objetivo grandioso a alcanzar.


Los grupos y movimientos literarios han estado presentes a lo largo de la historia y muestra tajante de ello son los innumerables “ismos” que tratan de añadir una nueva concepción a la creación estética en todas sus vertientes. En el caso particular del escritor ¿mejor solo o como miembro de una tertulia o grupo?


Pienso que el escritor debe combinar esas dos maneras: de participación y a la vez de profundización solitaria en su propio trabajo, para retroalimentarse, para no perder el contacto con la corriente de pensamiento y sensibilidad de sus colegas y  para  no descuidar su propia meditación sobre el trabajo individual. El escritor de verdad, debe alcanzar un grado de madurez artística que le permita diseñar y potenciar un universo personal, una estética individual, un modo de ver el mundo, que ilumine a sus congéneres para que ellos en condición de lectores activos se sumerjan en los postulados de su escritura y no solo disfruten de la lectura sino que encuentren elementos de inspiración para ser mejores seres humanos. 
Cuentan que Mallarmé tenía el hábito de celebrar en su casa  una tertulia semanal todos los martes y es bien sabido que José Lezama Lima, el cubano neobarroco quien le dio vida a la Imagen del hombre latinoamericano, mantenía en su casa una tertulia permanente desde donde -y con la revista Orígenes- dirigió la vida literaria y poética de la habana por varias décadas.

A la hora de escribir ¿eres más musical o más pictórico?

Conceptual. Soy más conceptual definitivamente. La consecución de un tema, de una tesis, de una premisa como punto de partida para la elaboración de un poema, de un relato, de un cuento, de una novela es para mí el punto de partida. Luego vienen los símbolos, las imágenes, el lenguaje connotativo. Primero va el “qué decir” y luego si el “cómo decirlo”.
La musicalidad del lenguaje en la composición del texto pesa mucho más en mí que la parte pictórica. Escribo pensando primero en el oído del lector( el más antiguo de los sentidos)y luego sí en su visión. La imagen conceptual –musical se aviene mejor con mi propio psiquismo. Sin embargo, trato de no descuidar el color y de darle su verdadera dimensión sobre todo cuando se logra una metáfora en donde la luz ilumina el texto como una fruta exquisita que se regodea en la hendidura complaciente de una boca sedienta.

En un mundo en el que la imagen desplaza cada vez más al discurso escrito ¿crees que la literatura deberá ser más metafórica, más proclive a la imagen?

La imagen debe ser complemento de la palabra y no al revés, decía Saramago. Actualmente vivimos bajo la dictadura de la Imagen. Porque la imagen tiende a convertir al espectador en sujeto pasivo. Además impacta y vende con facilidad y entonces todo el aparato publicitario la utiliza para lograr su objetivo: el consumo. De todas maneras lo que se busca es un comprador compulsivo y no reflexivo. Una foto, un video, una imagen audiovisual, la tele, la foto-revista, etc., muestran y hasta pueden informar pero no inducen a la reflexión ni mucho menos a la meditación.  Detrás de todo esto se encuentra como soporte la economía de mercado en la cual todos estamos inmersos.
La literatura, por el contrario, trabaja con sus propias herramienta que es el lenguaje lírico, metafórico, simbólico y de imágenes de tipo sensorial y conceptual de figuras llamadas literarias, muy distinto del lenguaje convencional, transaccional y denotativo que es usado en las formas de comunicación no artística. El arte y la literatura proponen una mirada distinta de las cosas y de la vida, del sentido de la existencia, de la relación interpersonal, y su misión es lograr seducir al lector bajo el imperio de la belleza, bajo los cánones de una estética acorde con el nivel histórico de evolución social. Literatura sin metáfora difícilmente es buena literatura.

En toda creación estética subyace una motivación, un impulso, un querer mostrar o decir. ¿Tu novela El último romántico es una crítica o un sarcasmo contra el mundo materialista, consumista y deshumanizado de hoy?

Ciertamente que sí. Es una parodia tragicómica que descansa en los diálogos conmovidos entre un librero atribulado y retirado del oficio con un aprendiz de escritor arrepentido. Bajo la férula de la comicidad, abordo a través de un personaje idealista y naive el tinglado de la realidad tercermundista a partir de la realidad colombiana. También intento mostrar, a partir de digresiones y divagaciones del personaje principal, los valores quijotescos que reposan en la conciencia de nuestras juventudes. Me aventuro a realzar el carácter primordial de la mujer en cuanto signo determinante de afirmación a la vida.
 Un aspecto estructural de la novela que me gustaría puntualizar es el referente al concepto de creación. Como en el cuadro Las Meninas de Velásquez, en donde el pintor aparece dentro de la pintura, de similar manera en El último romántico el personaje principal se observa así mismo y observa a su vez el proceso de su escritura. Cuando utilizo la figura de “la novela dentro de la novela” lo hago con el propósito de familiarizar al lector y también al escritor novato, con el movimiento creativo de una narración que se mira y se supervisa en su propio desarrollo.

Tu libro de poemas Los versos del emigrante nos revela un creador desencantado con una realidad sin esperanza. ¿En cual de esos dos libros crees que has plasmado ese mundo sin futuro de una manera mejor?


Evidentemente, yo soy de los que creen, como el escritor Roberto Bolaño, que el ser humano está de antemano condenado a la derrota, pero que se debe salir a dar la pelea. En la página 12 de El último romántico, lo pongo en boca del librero: “ He llegado y me siento obligado a confesarlo, a la edad en la cual la vida es finalmente aceptada como una derrota. Me hierve la sangre tener que admitirlo, pero es así. Sin embargo, la visión desoladora que tengo de la condición humana, les prometo, no va a influir en el semblante del presente relato. Vale. ”
 Tanto la poesía como la narrativa tienen sus propias reglas de juego. En ambas he apostado mis restos. Me he acercado a la crítica del mundo de hoy de manera vertical, sin máscaras ni tapujos, sin falsas expectativas ni disfraces, sin dobleces; es un ejercicio de depuración y catarsis que comienza por beneficiar a quien escribe pero también a quien lee.

Sostuviste por años una columna de opinión en un periódico local y en el mundo literario de Miami eres reconocido por tus dotes de ensayista. ¿Te sientes mejor haciendo novela, poesía o ensayo?

El ensayo va dirigido a la razón. La poesía va directa al sentimiento y a la emoción. La novela recrea un mundo de ficción para disparar la fantasía y la imaginación.
Con una buena capacidad de análisis y de síntesis, el ensayo va fácil. La novela es otra cosa. Hay que tener y desarrollar la capacidad para contar el cuento con todas las de la ley. Escribir un buen verso es lograr convocar el espíritu del universo para que se nos entregue en un retazo de lenguaje domado por la pluma del poeta. Así las cosas, yo pienso que uno es un instrumento del lenguaje y que las formas de expresión van saliendo acordes con fuerzas y momentos  difíciles de definir.

En estos momentos estamos fascinados por todo el poder que la Internet va cobrando sobre nuestras vidas, y en el caso del escritor en particular, este se encuentra frente a un futuro que lo reta y una red que igual le brinda la oportunidad de sobresalir con mucho ingenio o de quedar sumido en el anonimato. No sé si me hago entender. De todas maneras ante el desafío del e-book ¿cómo ves tu futuro de escritor?

El e-book es simplemente un libro en formato digital. En este sentido no pienso que de por sí produzca cambios radicales en el futuro de ningún escritor. De lo que sí hay que alegrarse es de que acaba en un porcentaje altísimo con la tiranía de las editoriales convencionales y facilita al máximo la publicación de toda clase de textos. Es una pena que los libros de papel hayan encontrado una competencia tan fuerte con los e-book, pero para el escritor es beneficioso en cuanto se espera que aumente el número de lectores, lo que en definitiva es positivo para todas las partes. La tecnología bien utilizada es provechosa para el desarrollo de una conciencia colectiva que empuje al hombre hacia la consecución de su bienestar y mejor calidad de vida y evite su hundimiento en las fauces de la mediocridad.
 La Internet, que duda cabe, después de la invención de la imprenta, es el invento de mayor impacto sobre la historia y evolución de la humanidad. Hasta tal punto  que está transformando los  contenidos y las formas del conocimiento y, de paso, modificando las tradicionales maneras de conocer.