21 may. 2012

Carlos Fuentes también escribió sobre vampiros Por José Díaz- Díaz



INQUIETA COMPAÑIA es el título del  libro conformados por seis relatos, del escritor mejicano Carlos Fuentes (1928-2012). Abonados de sabiduría literaria,  subyugan la imaginación, la fantasía y el intelecto de cualquier lector desprevenido. Narrativa de madurez sin desperdicio de papel ni de tinta, exactos los personajes, naturales los diálogos, matemáticos los argumentos, girando alrededor del tema que más nos interesa: el hombre y sus circunstancias, el hombre criollo, el latinoamericano que explica sus raíces, que toma distancia cultural, que exalta su condición de americano. Es la expresión de la lúcida conciencia de un Carlos Fuentes, magnífico.

VLAD, es el título de la última narración de Inquieta Compañía (Santillana, ediciones generales, España, 2004) en donde la leyenda del conde Drácula renace vital y tierna. El argumento es puntual. El personaje inmortal Vladimir Radu, se traslada de Transilvania(Rumania) a ciudad de Méjico donde se realimenta gracias al precioso líquido de una esposa y madre  (Asunción), para continuar su periplo llevándose a Magdalena— una niña de 10 años quien será más tarde su novia y después su esposa-niña. Deviene eterna como él mismo, al entrar en la legión de Minea, la niña anciana, seductora del propio Vlad.

Podría estar seguro de afirmar que el tema de la leyenda del VAMPIRO, es retomada por el escritor, no solo para recrear los grandes mitos de nuestra civilización como lo son evidentemente el de la eterna juventud y el de la inmortalidad, sino también, como una disculpa para encarar el espíritu del ser mejicano: sus clases, su idiosincrasia. Pero, por sobre todo, una disculpa para asumir temas tan caros  a sus intereses  filosóficos tales como el de la  vejez y la muerte; el poder y el servilismo; el amor de pareja; la niñez y la decadencia. En fin, el concepto de un Dios inacabado.  En boca de cada uno de los personajes de este relato, Fuentes asume un ordenamiento ético, directo, crítico, conmovedoramente humano.

No debo terminar esta semblanza, sin transcribir un fragmento de Vlad. Es la parte de un diálogo entre el conde Drácula y Navarro, el esposo de Asunción y padre de Magdalena (pág. 256 opus cit.):
“...— Por eso amo a los niños— dijo Vlad, sin tocar bocado aunque invitándome a comer con la mano de uñas largas y vidriosas—. ¿Sabe usted? Un niño es como un pequeño Dios inacabado—.  ¿Un Dios inacabado?— dije con sorpresa—. ¿No sería esa una mejor definición del diablo? — No, el diablo es un ángel caído. Sí, —reanudó el discurso Vlad—. El abismo de Dios es su conciencia de ser aún inacabado. Si Dios acabase, su creación acabaría con él. El mundo  no podría ser el simple legado de un Dios muerto. Ja, un Dios pensionado, en retiro. Imagínese. El mundo como un círculo de cadáveres, un montón de cenizas... No, el mundo debe ser la obra interminable  de un Dios inacabado—. ¿Qué tiene esto que ver con los niños?— Para mí, señor Navarro, los niños son la parte inacabada de Dios. Dios necesita el secreto vigor de los niños para seguir existiendo—. ¿Usted no quiere condenar a los niños a la vejez, verdad, señor Navarro? — Abandonar a un niño a la vejez— repitió impasible el conde, —A la vejez. Y a la muerte...”

José Díaz- Díaz
Crítico literario. joserdia@hotmail.com


Ernesto Cardenal: Premio Reina Sofía 2012 Por: José Díaz- Díaz



El poeta y místico nicaragüense Ernesto Cardenal (1925) acaba de ser declarado ganador del premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía 2012, como reconocimiento al conjunto de su obra poética. Sea esta oportunidad una buena ocasión para acercarnos al conocimiento de su escritura y a su quehacer de  místico comprometido con su entorno social.
Conocedor  de primera mano de las tendencias poéticas de los vates estadounidenses ya que además de leerlos realizó traducciones al español de algunos de ellos, reconoce la influencia de poetas  tales como  Walt Whitman de quien recibió la visión del trascendentalismo, y el ejemplo de la necesaria compenetración de las vivencias del poeta con la historia de su país. Cántico Cósmico  es un ejemplo de ese trascendentalismo. También siguió de cerca los pasos de la Generación  Beat de los años cincuenta y a Allen Ginberg, impulsores de la <<Contracultura>> y el interés por la cultura oriental. Recibió influencia  de T.S. Elliot (Tierra Baldía) y especialmente de  Ezra Pound. De este último toma la idea postmoderna en el sentido de que: “En el poema todo cabe”; así como la técnica del Ideograma chino con la superposición de imágenes reveladoras y sugerentes.
                A propósito, en 1957 el joven bardo se internó en la Abadía trapense de Kentucky donde dio los primeros pasos en la búsqueda del camino de la soledad, el silencio y la meditación, bajo la orientación de Thomas Merton. Es necesario para poder valorar la poética de Cardenal, hacer referencia al sentido de sus experiencias místicas, vitales y de compromiso con su entorno nacional. En 1959 se retira al  Monasterio benedictino de Cuernavaca (Méjico) y luego viaja al seminario de La Ceja, Antioquia, Colombia. Se ordenará sacerdote—más tarde—en Managua en 1965. Seguidamente se dirige al deshabitado archipiélago de las islas de Solentiname en Nicaragua en donde funda una comunidad casi monástica con los campesinos e indígenas de la región. De los apuntes de sus vivencias de ese retiro publicará el libro: “El evangelio de Solentiname” (1975). En esta como en la mayoría de sus obras (tanto en verso como en prosa) encontraremos la idea fundamental de su escritura que nos refleja la tensión entre su fe cristiana y la expresión  de sus Raíces dentro de un contexto inaplazable de transformación social.
Sergio Ramírez, escritor nicaragüense, quien junto con Cardenal y Gioconda Belli fundaran en 1995 el Movimiento Renovador Sandinista como crítica al sandinismo actual, publicó una crónica sobre la experiencia de Solentiname en la cual aparece también como protagonista el grande de la literatura latinoamericana Julio Cortázar.  En uno de sus apartes escribe Ramírez:
                “Mi primer encuentro con Julio Cortázar ocurrió en San José de Costa Rica en 1976. Llegaba a dictar unas conferencias. Ernesto y yo le invitamos a visitar Solentiname donde él tenía su comunidad religiosa (…) Al día siguiente, Ernesto celebró como cada domingo una misa dialogada a la cual acudían los campesinos que llegaban en bote de todo el archipiélago (…). Cuando Ernesto lee el pasaje de las treinta monedas que recibe Judas por entregar a Jesús, Cortázar comenta:[el evangelista estaría usando una metáfora; como también nosotros la usamos cuando alguien se vende al enemigo…]. Luego de que doña Olivia, una campesina, dice que la sangre es el dinero de los pobres, Ernesto agrega que Somoza es dueño de una compañía llamada Plasmaferesis S.A. que compra la sangre a los menesterosos para luego vender el plasma  en el extranjero y que al año le quedan unos cuantos millones de ganancia. [De ganancia líquida—comenta Cortázar desde su banca— es un negocio vampiresco]”. En todo caso, el libro recoge muchos matices de todo ese diálogo generado desde los evangelios que deviene, ahora, como un ejemplo de la concientización llevada a cabo por los seguidores de la corriente renovadora de la llamada Teología de la Liberación.
Cardenal  atraviesa en el desarrollo de su creación poética por varias etapas caracterizadas por el común denominador de la Poética Exteriorista. De su primera época el énfasis se da en los poemas amorosos. Luego vendrá la fusión con los poemas críticos, sarcásticos y de corte social en contra de la tiranía; enseguida, el abrazo total con la poesía mística y finalmente la poesía cósmica y telúrica, grandiosa y de pretensiones filosóficas  universales.
El propio poeta ha calificado su poesía como ‘Exteriorista”, no obstante, no se refiere simplemente a exterior entendido como superficial, intrascendente o desprovisto de subjetividad. Implica una opción precisamente de la subjetividad la cual decide salir de sí, entregarse y olvidarse, para expresar el mundo circundante y ayudar a transformarlo y mejorarlo a partir del lenguaje mismo de la realidad. El Exteriorismo es la poesía creada con las imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos. El Exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas concretas (recordemos a Nicanor Parra), con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos. Todo poeta real es un poeta realista. En el caso de Cardenal se trata, además, de un poeta militante, de un realismo místico que busca combativamente la transformación y la unión por el amor, en el amor.
Leamos algunos de sus poemas:
 Epigrama:                                         De estos cines, Claudia, de estas fiestas
                                                           De estas carreras de caballos,
                                                           No quedara nada para la posteridad
                                                           Sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia
                                                           (si acaso)
                                                           Y el nombre de Claudia que yo puse en esos versos
                                                           Y los de mis rivales, si es que yo decido rescatarlos
                                                           Del olvido, y los incluyo también en mis versos
                                                           Para ridiculizarlos.

Poema
Como las lechuzas que solo ven de noche, y como
El mediodía es la medianoche de los murciélagos
En esta tarde luminosa de julio ¿no será otra la luz
Y no será tan solo lo oscuro que vemos:
El tanque de agua plateado, la puesta de sol,
Las golondrinas revoloteando, este libro de Suso,
El avión que cruza como un cielo de julio?

Poema
Es la hora en que brillan las luces de los burdeles
Y las cantinas. La casa de Caifás está llena de gente.
Las luces del palacio de Somoza están prendidas.
Es la hora en que se reúnen los consejos de guerra
Y los técnicos en torturas bajan a las prisiones.
La hora de los policías secretos y de los espías
Cuando los ladrones y los adúlteros rondan las casas
Y se ocultan los cadáveres. Un bulto cae al agua.
Es la hora en que los moribundos entran en agonía.
La hora del sudor en el huerto, y de las tentaciones.
Afuera los primeros pájaros cantan tristes,
Llamando al sol. Es la hora de las tinieblas.
Y la iglesia esta helada, como llena de demonios,
Mientras seguimos en la noche recitando los salmos.

Con Cántico cósmico (1992) la poética de Ernesto Cardenal llega a su cima. No es una afirmación extrema decir que en la vida y en la obra de este poeta-monje, la palabra vanguardia adquiere un sentido pleno. Cardenal ha signado a su existencia con los rasgos más plenos del progresismo armonizados con la tradición. Escritor politemático también incursionó en el Ensayo, la biografía testimonial (Libros de sus Memorias, tres tomos, 2002) y la hermenéutica bíblica. Cántico cósmico es un macrotexto plurisemántico que acusa  la influencia  de obras clásicas tales como El cantar de los cantares de la biblia y Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz; hermanado con las cimeras obras hispanoamericanas como Altazor  y Canto General de los chilenos Huidobro y Neruda y con el poema extenso Piedra de sol del Nobel mejicano Octavio Paz. La obra está elaborada de acuerdo con los principios de las corrientes vanguardistas de la lengua inglesa representados por Whitman (Canto a mí mismo); con T.S. Elliot (cuatro cuartetos); y con Cantares de Ezra  Pound. Esta ópera magna, visión holística del universo, mantiene su intensidad lírica a través de sus 43 cántigas y sus  400 páginas.

Cántiga 2
En el principio era el Canto.
Al cosmos Él lo creó cantando.
Y por eso todas las cosas cantan.
Y no es el espacio mudo.
          Quien tiene oídos para oír oiga.
                            Estamos rodeados de sonido.
Todo lo existente unido por el ritmo.
           Jazz cósmico no caótico o cacofónico.
Armónico. Todo lo hizo cantando y el cosmos canta.
                 Cosmos como un disco oscuro que gira y canta.
                                En la alta noche
O radio romántico que nos viene en el viento.
Toda cosa canta.
           Las cosas no creadas por cálculo
                                                                    Sino por la poesía.
Cántiga 26

Morderán el polvo las doctrinas económicas
Contrarias al corazón humano.
Y tal vez lean este poema dentro de mil años
Cuando ya no se leerá Newsweek.

Sea esta una oportunidad válida para despojarnos de cualquier prejuicio ideológico y entrar de lleno en la lectura y valoración  de una obra que representa las vivencias de un Poeta Mayor de nuestro tiempo.
José Díaz- Díaz
Escritor y crítico literario
joserdia@hotmail.com