25 nov. 2012

Octavio Paz, la vigencia de su Crítica


                                       

Octavio Paz, la vigencia de su Crítica

Por: José Díaz- Díaz



Una de las mayores virtudes de Octavio Paz es la de acceder al ejercicio de la literatura con el doble don de la permeabilidad sensorial ante la Poesía y la racionalidad estricta ante el ensayo, fusionando en muchos de sus escritos prosa y poema, sentimiento y lógica; dualidad que deviene antagónica y a la vez en armoniosa unidad, como en el manejo de los Opuestos, concepto clave de su concepción del mundo y de su estética.

Premio Cervantes, 1981 y premio Nobel de Literatura, 1990; este escritor mexicano (1914-1998) nos deja por partida doble, un cuerpo poético respaldado por una elaboración teórica que asume su concepción del universo y del hombre, doctrina coherente donde los temas universales tienen cabida tales como el Tiempo y la Historia, el Ser, la Vida, y el Movimiento; el Erotismo, la Sexualidad y el Amor.

Esa mirada abarca más de 20 libros de Poesía, dos de prosa poética, una de teatro y más de treinta ensayos, unidad de pensamiento invaluable para entender y comprender al hombre universal en general y al latinoamericano del siglo veinte en particular, desde el vientre mismo de nuestro Lenguaje, el Castellano. Como afirmaba Jacques Lacan cuando decía que el Lenguaje es la realidad; que el habla de cada individuo es su centro de comunicación con el mundo. Así Paz dice que: “...La crítica del mundo comienza con la crítica del lenguaje [...] Somos lo que decimos... el decir impulsa el hacer. Las lenguas son realidades más vastas que las entidades políticas e históricas que llamamos naciones.”

Hablando sobre el concepto de Modernidad, esa señal semántica acuñada por Lyotard, afirma y se pregunta: “La Modernidad es una palabra en busca de su significado [...] la Modernidad ha sido una pasión universal. Desde 1850 ha sido nuestra diosa y nuestro demonio. En los últimos años se ha pretendido exorcizarla y se habla mucho de la Postmodernidad, pero ¿Qué es la Postmodernidad sino una modernidad aún más moderna?”

Crítico sensible y dolorido de las características histórico-sociales por las que atravesamos, en su libro Vislumbres de la India—a la vez de regalarnos con su fecunda imaginación descriptiva que nos acerca a la comprensión de la idiosincrasia de ese pueblo para nosotros desconocido y misterioso— puntualiza lo siguiente: “...Las sociedades modernas me repelen por partida doble. Por una parte, han convertido a los hombres— una especie en la que cada individuo, según todas las filosofías y religiones, es un ser único— en una masa homogénea; los modernos parecen todos salidos de una fábrica y no de una matriz. Por otra, han hecho un solitario de cada uno de esos seres. Las democracias capitalistas no han creado la igualdad sino la uniformidad y han substituido la fraternidad por la lucha permanente entre los individuos. Nos escandaliza el cinismo de los emperadores romanos que le daban al pueblo << pan y circo>>, pero, ¿qué es lo que hacen hoy la televisión y los llamados << ministerios de cultura>>? Se creía que a medida que se ampliase la esfera privada y el individuo tuviese más tiempo libre para sí, aumentaría el culto a las artes, la cultura y la meditación. Hoy nos damos cuenta de que el hombre no sabe qué hacer con su tiempo; se ha convertido en el esclavo de diversiones en general estúpidas y las horas que no dedica al lucro las consagra a un hedonismo fácil. No repruebo el culto al placer; lamento la vulgaridad general”.

Autor de uno de los poemas más largos escritos en Castellano, Piedra de sol, Octavio Paz, el amante de Oriente y de la India ( vivió unos cuantos años allí), desde su mexicanidad, asumiendo su extraordinaria riqueza raizal de mestizo que construye con auténtica independencia la nueva literatura en lengua castellana; su voz penetra por la vía de la filosofía y el erotismo la relación: masculino- femenino, el yo y la Otredad, la soledad y la unidad , la posibilidad del amor de pareja como ecuación salvavidas de esta existencia.

En el poema Movimiento (que nos recuerda aquel del poeta francés André Breton, Unión Libre) el poeta canta a la pareja asumiéndose telúrico y complejo en la divinidad de su accidentalidad mundana. Dice así: “Si tú eres la yegua de ámbar/ yo soy el camino de sangre/ si tú eres la primer nevada/ yo soy el que enciende el brasero del alba/ si tú eres la torre de la noche/ yo soy el clavo ardiendo en tu frente/ si tú eres la marea matutina/ yo soy el grito del primer pájaro/ si tú eres la cesta de naranjas/ yo soy el cuchillo de sol/ si tú eres el altar de piedra/ yo soy la mano sacrílega/ si tú eres la tierra acostada/ yo soy la caña verde/ si tú eres el salto del viento/ yo soy el fuego enterrado/ si tú eres la boca del agua/ yo soy la boca del musgo/ si tú eres el bosque de las nubes/ yo soy el hacha que las parte/ si tú eres la ciudad profanada/ yo soy la lluvia de consagración/ si tú eres la montaña amarilla/ yo soy los brazos rojos del liquen/ si tú eres el sol que se levanta / yo soy el camino de sangre”.

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11 nov. 2012

La Poesía: ¿sepultada sin funeral? Por José Díaz-Díaz




“A nadie se le ocurrirá preguntarse cuál es la utilidad del canto de un canario o de los arreboles de un crepúsculo”.                                 Jorge Luis Borges

Cuando uno lee que el hecho poético es anterior al Lenguaje, que nace con el Habla misma, es decir, anterior a la escritura… O que es  hermana gemela de la fantasía y que surgió en la época de la infancia de la humanidad cuando el deslumbramiento y el asombro al tomar conciencia de hechos y cosas hacían brotar sentimientos a flor de piel…  Cuando escuchamos decir que detrás de cada creación artística llámese pintura o música, literatura o escultura, hay una actitud poética subyacente y que la historia y pre-historia del hombre está orientada e iluminada por una acción poética determinada, entonces deberíamos— siendo consecuentes con el razonamiento—   concluir que La Poesía es definitivamente algo que viene determinando por mucho tiempo la historia de los hombres en su devenir.
 Pero  también este tiempo de Postmodernidad puede implicar— por lo que uno ve alrededor de acciones, valores y actitudes— un  talante proclive a alejarse de todo lo que huela a una sana recreación metafórica (poética) de todo lo hermoso que hay en el ser humano, a alejarse de esa riqueza existencial que pretenda rechazar el consumismo, a congraciarse con las cosas elementales y lúdicas de la acción cotidiana y del sentido válido de una vida personal, familiar  y colectiva de espaldas al mercantilismo. Es evidente, que estamos atravesando una alienante actitud anti-poética, un empobrecimiento real de la existencia, en términos de vida, no de posesión de cosas. Una deleznable postración del hombre ante los signos y la impronta de lo insubstancial y lo falaz, donde todo es convertible en mercancía y por lo tanto a ser mercadeado.
¿Quiénes de nuestros vecinos viven poéticamente? ¿Quiénes de nuestros conocidos leen textos poéticos? Muy pocos, hay que admitirlo. Y las preguntas surgen: ¿Por qué, cuándo, cómo? El gusto por lo rampante se ha impuesto. La mayoría de las editoriales están renuentes a publicar libros de Poesía. La razón: simplemente no son rentables. El estilo de vida light se está llevando por delante el ejercicio de la reflexión, de la meditación y del goce estético del arte y la literatura de calidad. El entretenimiento banal, los deportes de masas, los programas de TV amarillistas y de escasa calidad roban las horas de entretenimiento de nuestros contemporáneos. Solo un minúsculo grupo dentro de todo el grueso de la población cultiva tanto en sus vidas como en sus gustos una permanente aquiescencia y actitud poética en la rutina de sus vidas.  
Sin embargo la poesía continúa, ahora, cumpliendo (así no sea escuchada) una función de Rescate. El lenguaje entendido como ejercicio de libertad y no de aniquilamiento, es tomado por los poetas (los hay, a pesar de todo y contra todo) como ventana que sirve para respirar más allá de los linderos de los anti-valores impuestos. El ejercicio del lenguaje poético, con sus conexiones fantásticas, con sus tropos y vías alternas de imaginación, con sus símbolos que irrumpen espacios insospechados de nuevas realidades; con sus comparaciones que violentan el espíritu hacia una estética de la conmoción y del deslumbramiento, irrumpen mágicas y verdaderas tras el rescate evidente de los innegociables valores del ser humano, único en su unicidad, polisémico en su sentir, enajenable en su infinito poder creativo.
Es nuestra tarea enfatizar en que el real signo del hombre se expresa íntegro por el don de la Poesía, a la cual todo mundo debería tener acceso. Atrevernos a vivir en plenitud consistiría en atrevernos a vivir en verso la MISERIA de nuestra propia época.
Tenemos la certidumbre de que mientras exista el Hombre existirá la Poesía, pero la pregunta obligada es, entonces: ¿qué clase de hombre habita hoy nuestro tiempo y qué clase de poesía expresaría su real imagen? El tiempo por el que transcurrimos no es el del Valor sino el del Precio. En consecuencia, si la poesía no tiene precio, no vale. Y si no es mercancía comercializable, ¿para qué perder el tiempo en leerla? Lo cual quiere decir que los poetas están solos, pero que también el hombre masificado está solo.
La masificación de la sociedad ha acabado con la exaltación de lo individual que en definitiva es la llama de la poesía. Pero como las expectativas del individuo mueren en los límites de la economía de mercado, desaparecen las posibilidades de soñar, desaparece el futuro como utopía, como posibilidad de ser distintos, como posibilidad de hacer historia, ya que la historia ha muerto en los linderos y la supremacía  de las cosas sobre los individuos.
Por todo esto la poesía que se está escribiendo actualmente transgrede el gusto de lo retórico y de lo bonito, o el papel de adorno o de decoración o de simple diversión. Va más bien tras la huella, tras el vacío, persiguiendo esa vacuidad de conciencia y esa trampa absurda en que el tiempo de hoy pretende enredar la justa trascendencia del hombre común enlodado en el pantano del consumismo.
Así, la vida se torna breve y el poema asume con dolor su condición de ser para la muerte. Entonces, nuestra poesía es instante y es vértigo, es rasgadura vital que intenta hacer canción con los desperdicios que la plusvalía espiritual dejó de esa empobrecida totalidad del hombre pleno, saqueada por la colonización de sus más sentidos valores.

Pero no todo es pesimismo, mientras el hombre exista, existirá la poesía y esta seguirá siendo la huella o la llaga que no solo muestra el pantano sino que es la ventana por donde respira la hermosa esencia real de nuestra existencia.
José Díaz- Díaz<www.arandosobreelagua.com>>