28 sep. 2015

Sakura, un fragmento de la novela corta de Hernán Orrego

Sakura, un fragmento de la novela corta de Hernán Orrego

La Caverna, escuela de escritura creativa, continuando con la presentación de textos de los escritores que conforman la Antología Bilingüe: MUESTRARIO DE FICCIONES HISPANOAMERICANAS, a publicarse en la plataforma de Amazon en noviembre próximo, publica en esta oportunidad un fragmento de la novela corta: SAKURA, del escritor chileno Hernán Orrego.
La edición bilingüe 2015 contendrá además, relatos de las venezolanas María Gabriela Madrid y Dioly Araque; del mexicano Alejandro Rosales Lugo; del peruano Jorge Andrés Escalante; y de los colombianos Tonny Flórez de Restrepo, Luis Alberto Miranda y José Díaz- Díaz.














Sakura
5


Alejandro subió al salón de los oficiales, como se lo sugirió el comisario. No encontró  a nadie, el televisor encendido era la única entretención visible. El Nivico de 32 pulgadas mostraba un noticiero de la BBC, sin interés.
          Se da la vuelta, para regresar a su camarote. Presiente alguien  a sus espaldas. Enciende la lámpara central y veo con toda claridad, una figura femenina,  que no le parece de este mundo.  Es una joven menuda, de rostro ovalado, blanco como la luna. Sus ojos son dos líneas horizontales, su nariz, dos puntos  yacientes bajo una tenue colina de nácar. El pelo negro como la noche del océano, le llega a las orejas de nácar. Está envuelta en seda. Un lazo de plata le ataba su kimono níveo-rosado en la espalda. A los ojos de Alejandro es frágil como una muñeca, a la que no se atrevería a tocar para no hacerle daño. Abre los ojos y lo mira con insistencia, como buscando algo en él. Alejandro asustado camina a la puerta para regresar a su camarote, lo detuvo su voz.
          —¡Espera, Alex, no te vayas! La muñeca japonesa le habla por su nombre, cree estar soñando.
          Una mano fina como ala de paloma le hace señas para que se acerque. Alejandro quiere salir arrancando, pero ella lo llama con una voz armoniosa como las notas de un sanshin. Los rudos oídos del neófito sucumbieron al particular asedio.
          —¿Qué quieres?
          —Nada, sólo quiero que te quedes para conversar.
          —¿De qué?
          El vocabulario de su inglés elemental lo traicionaba. Olvidó todo lo que había aprendido en un mes.
          —Yo no tengo dinero, ¿entiendes?
          —No dinero, no problema. No te pido dinero.
          —Entonces, ¿Qué quieres?
          —Sólo tu  compañía. Mi nombre es Sakura. Tú eres Alex, ¿verdad?
          —¿Cómo dijiste que te llamas?
          —Sakura. ¿Te gusta?
          —Claro que sí, es muy bonito ¿qué significa?
          —Sakura es la flor del árbol típico del Japón.
          —A mí me gusta tu nombre y tu pelo, Alex.
Ella se le acercó, le tomó la mano y lo besó con suavidad en la mejilla, mientras le susurraba al  oído: No dinero, No money, honey.
          Hasta entones se había sentido torpe, pero la insistencia de  la japonesita, que le ofrece amistad, sin dinero a cambio, lo interpreta como un gesto de amor espontáneo, seguramente típico de las mujeres orientales. Lo que el novato marinero no advierte es que ella conoce  la vida a bordo, mejor que él. Hablándole con suavidad lo convence para que la lleve a su camarote para conversar. Alejandro le repite una y otra vez que no tiene dinero para pagarle, pero la dulzura de su mirada y el balanceo de sus pasos cortos y apresurados, terminaron con su resistencia.
          Llegando al camarote, el conquistador marinero, quiso sellar la incipiente amistad ofreciéndole una cerveza.
          —No, gracias. No Saporo para mí.
 Antes que terminara la frase, él había vaciado la suya en su garganta resecada por una mezcla de curiosidad y arrojo juvenil. Le ofreció sentarse en la cama, pero la japonesa rehusó, Alejandro se avergonzó, sintió que le leía el pensamiento. Entonces no sabía qué hacer con ella. Le hablaba de su país, esperando que le entendiera algo, pero lo único que lograba era arrancarle un sonrisa. Después de la tercera cerveza, decidió sacar la muñeca japonesa del estuche, la sentó en la cama, se abalanzó sobre ella y la besó, suave primero y con apasionamiento después. Empezó desnudando sus pies, cuando le quitó las medias ella se fue al baño, para ponerse más bonita aún. Alejandro descubrió que las mujeres orientales son iguales que las occidentales. La espera tendido en la cama convencido de que esa chica de rostro angelical no puede ser una puta de puerto. Prefiere pensar que él vuelve a ser el conquistador de sus años de soltero y se abandona al recuerdo de sus años mozos. Sakura aparece a su lado, dispuesta a vislumbrarlo con una desnudez celestial. El anfitrión vencido por las cervezas y por su trabajo, cae en un sueño que parece sin regreso. La japonesa se le acerca ofreciéndole su mejor tentación. En el suave triángulo del pubis luce el tatuaje de una flor. La acerca hasta ponerla en las narices del dormido. Él no supo si fue el aroma de la flor o el suave perfume en que flotaba la japonesa, lo que lo sacó del sueño. Lo cierto es que sintió el roce de los delicados bellos púbicos en su nariz morena. Al abrir los ojos descubrió el sutil adorno de una flor de durazno en el delta del sexo de la muñeca nipona.
          —¿Te gusta mi Sakura?, —le preguntó, mientras la mente de Alejandro viajaba al otro lado del océano. Le trajo a la memoria el recuerdo de la flor de cerezo, que le puso a Eliana en el pelo, la noche antes de zarpar. Una tempestad de emociones estremece su espíritu machista. Toma la frágil flor de loto en sus brazos y con sus labios busca la sakura  oculta en los sedosos bellos de la japonesita. Sus narices absorbieron hasta la última molécula aromática que se desprendía de esa flor púbica.
          La mañana siguiente, Alejandro se presentó a trabajar, como de costumbre. El comisario lo apartó de los demás, lo llevó a un pasillo, le extendió una nota firmada por el capitán Megayoti.
          —Alex, el capitán te manda decir que aprecia tu trabajo, y que para compensarte te da libre los tres días que el buque estará en Japón. Volverás a tu trabajo el día del zarpe. ¿Qué te parece, chaval?
          Para Alejandro no tenía sentido,  él hacía su trabajo y nada más, pero se alegró tanto, que corrió a su camarote. Sakura que dormía, despertó con el violento abrir de puerta. Él le mostró la carta del capitán. Sakura se mostró feliz, le hablaba palabras de amor en inglés, japonés y español. Se prepararon para ir a desayunar.  Ella lucía fresca como un crisantemo en abril. Taki, el mess-boy le dijo que el comisario los autorizaba para que usaran el comedor de oficiales. Allí les esperaba una mesa servida para tres.  Esta señorita es muy importante en la ciudad, le explicó el irreverente Taki. La geisha agradeció con una milenaria reverencia y se sentó al lado de su novio ocasional.  En la puerta apareció el comisario Juan Manuel. A Alejandro le pareció que los estaba esperando. Eso lo puso incómodo, en un momento sospechó que juan Manuel tramaba algo.  El comisario muy desenvuelto le dio la bienvenida a la japonesa, sin llamarla por su nombre. La mesa estaba servida a la usanza oriental. Sakura se sirvió salmón con arroz, sopa de miso y un platillo de pickles. Al ver la cara de sorprendido de Alejandro, le explicó que eso era una Tsukemono, típico de su tierra. Alejandro aceptó por complacerla, pero le supo tan mal, que la rechazó.
          Le sorprendió que el comisario llegó a compartir la mesa con ellos.   Alejandro aprovechó para comerse cuanto panecillo Taki ponía en la mesa. Sakura simulaba estar entretenida con las historias fantasiosas del supervisor de su novio, que se explayaba en un inglés acentuado, sin que Alejandro pudiera entenderlo. Al cuarto de hora le pareció que los dos se entendían demasiado bien,  más de lo que podía aceptar. A tal punto llegaron sus celos que le hizo un gesto a Sakura, para que se parara y regresaran al camarote. Ella le pidió que esperara que el comisario terminara de hablar, le dijo que era mala educación interrumpir una conversación.  Alejandro se contuvo y esperó. El comisario advirtió el desasosiego y trató de enmendar su error.
          —Ahora hablaré en español, para que Alejandro me entienda. —No te inquietes, chaval, te traduciré lo que me está diciendo esta señorita. Ella quiere pasar estos tres días contigo. Quiere que conozcas  Aomori,  su pueblo natal. Está a no más de cuatro horas, el tren es muy cómodo  y te va a gustar el paisaje. Aomori es una ciudad grande y moderna. Yo siempre voy allá. ¿Sabes que Teo también a recorridos ese lugar? Recuérdaselo cuando regreses.
          —!Un momento, comisario! Ya le dije a la china, digo, a la japonesa que yo no
tengo plata, no puedo pagar ni pasajes en tren ni nada. !Así que es mejor que se olvidó del viaje aquél! — Se puso de pie y regresó a su camarote, Sakura le siguió en silencio, con la vista baja.
          El indignado Alejandro se sentó en un rincón sin hablar. Ella se dispuso a ordenar la reducida habitación. Tendió la cama, recogió la ropa, limpió el baño y le planchó una camisa y un pantalón de vestir. Alejandro salió con el pretexto de que tenía que hablar con alguien. Se pasea por la cubierta solitaria. No sabe qué hacer con la japonesa. Quiere decirle que se vaya, pero le gustaría tenerla con él esos tres días.  No se resigna a quedarse encerrado en el camarote, mientras toda la tripulación sale por las tardes.  Piensa que es mejor regresar al camarote, ella puede irse con otro tripulante. Sintió celos otra vez. Se dio cuenta que la belleza de Sakura lo había prendado. Había dormido con varias chicas, había compartido con mujeres casadas, pero nunca había cogido a una de piel tan fina, que se le llaga a resbalar de las manos. Regresa con sigilo. Ella está tendida en la cama, con una flor en su cabellera de seda. Alejandro deja que le enseñara nuevas formas de hacer el amor. Recibe atenciones que nunca le han brindado, ella le da a beber en la copa del erotismo hasta emborracharlo de amor.
          Juan Manuel, el comisario guardaba vigilia en la cubierta, al ver llegar un automóvil blanco níveo, pidió a un tripulante que avisara al camarote 27 que la limosina los esperaba.  El nuevo Alejandro  apareció con la camisa y el pantalón recién planchado. El rostro lucía más blanco, por el baño con sales minerales que ella le prodigó. Ambos flotaban en una nube de perfumes que las narices de Alejandro no conocían.
          Agazapados en los motores de proa, el tuerto, jefe de una ganga observaba, lleno de envidia  junto a dos amigotes.
          —¡Miren a ese bobo! ¡No sabe en lo que se está metiendo!
          El chauffer  Chang Wong les abre la puerta del oblongo Toyota  blanco que los llevó en una nube de algodón a la estación. Con puntualidad nipona el tren apareció en la estación de Huachinoé, silencioso, colorido como un ave tropical. Se detuvo con la suavidad de un pétalo de peonia. Alejandro y Sakura se miran sin hablarse, ella no le suelta la mano y él se la aprieta, teme perderse en ese mundo tan raro y ajeno.  El tren vuela sobre rieles de espuma sin alejarse de la costa de Tenashi, que le recordó su Mejillones. Los Roqueríos se entran en el mar verde esmeralda, antes que  la costa se convierta en afilados acantilados.  Las villas por las que pasan le evocan sus campos, con la diferencia que el orden y la limpieza se imponía a lo largo del paisaje. Al mediodía  Sakura lo lleva al coche-comedor. La copa azul del Ti-ku (un vodka de arroz) es el aperitivo que le abre el apetito. Pidieron un almuerzo liviano  a base de fideos y un arroz tan blanco como insípido.  Lo acompañaron con saki, un vino rojo. Al atardecer, el bólido llegó a su destino.
          Aomori, la ciudad moderna, extensa y vertical se levanta en la costa del Pacífico nipón. Alejandro tiene a su flor de loto apegada a él, su suave respirar le llega como el gemido de una frágil alondra. Se deja llevar hasta el final por su estrella de la buena suerte. En un arranque de narcisismo, se encierra en el baño del hotel. El espejo que cubre toda una pared le devuelve su imagen de conquistador. Posa imitando sus cantantes favoritos. Se considera un Nino Bravo, un poco más bajito, pero más buenmozo. Se felicita porque una japonesa tan bella se hubiera enamorado en esa forma de él. No le cabe duda que la sonrisa  ensayaba  por las mañanas cuando adolescente, frente al espejo, le ha dado tan buenos resultados. <<Si lo hubiera sabido, habría hecho caso a mi mamá que me encargaba que me lavara los dientes antes de acostarme>>.
          Otro automóvil  los llevó a  un Best Wetern. El hotel es el edificio más alto de la ciudad. El idilio de la pareja tiene como escenario una de las noches más claras del año.          Sakura lo lleva a un restaurant de turismo para que coma a gusto. Le pidió un Teppan Yaqui, que es lo más parecido a una parrillada criolla. Regresaron a la suite del piso 31 donde la muñeca nipona le dio nuevas lecciones de la sabia ciencia de su erotismo.
           La mañana siguiente tomaron un bus al parque Fijimiku. Aceptando el desafío de la japonesa, cruzó caminando el puente de madera más largo del Japón. Ella le dijo que era augurio de una larga vida. Al otro lado del puente  florecían interminables hileras de cerezos en flor. Le recordó que la flor del cerezo también se llama Sakura, como ella. Alejandro se echó a reír a carcajadas, porque el día anterior, cuando ella le preguntó si le gustaba su sakura, él creyó que se refería a su sexo, por el tatuaje de la flor que adorna su pubis.
          Los dos días siguientes, los disfrutaron conociendo otros parques y comiendo en los elegantes  restaurantes.  Aquellos  días fueron una soñada luna de miel sin haberla planeado y sin gastar un solo peso. Todo totalmente gratis, según el envanecido Alejandro Brown.
          El viaje de regreso, le pareció más largo y cansador. El tren no volaba, como de ida. Era una culebra silenciosa de colores estivales  que con pereza regresaba a su madriguera. Alejandro prefería ignorar las sensuales atenciones y caricias de la japonesita. Su  insistente acoso día y noche le empezaba a cansar. Sakura lo notó, sacó de su cartera la última flor que le quedaba, y se la puso en el pelo. Ella era práctica en esos menesteres.  Le compró un vino de arroz que lo haría dormir el resto de la tarde y vomitar la mañana siguiente. Por fin el aletargado  ferrocarril regresó a Huachinoé, en la estación los esperaba la sonrisa milenaria de Chan Wong con la puerta abierta de su esmerada limosina, dispuesto a regresarlos al Egeo. Las abundantes cenas, los platos desconocidos y el constante asedio de la ardiente japonesita terminaron por descomponer del todo al afortunado Alejandro.
           A media noche, el comisario los espera impaciente en la cubierta. El adormitado Alejandro no ve que Sakura le pasa un sobre que llevaba en la cartera. Ella baja la mirada y le regala una sonrisa estival. Jala su Alejandro de un brazo, lo lleva casi arrastrando a su camarote, y lo tiende en la cama. Al apagar la luz, veo que le esperaba una carta de su esposa. Sakura  se quitó la flor del pelo y la arrojó con fuerza sobre la mesa de noche.










Sakura
By Hernan Orrego

5

          Alejandro went to the Officer Hall, as suggested by the commissioner. He found no one there. The Television was the only visible entertainment. The 32-inch Nivico showed a BBC newscast without interest.
          He turned around to return to his cabin, sensed someone behind him. Turn the central lamp and see clearly a female figure, which does not seem of this world. She was a petite young woman of oval face, white as the moon. Her eyes were two horizontal lines, her nose, two recumbent points in a dim hill of nacre. The hair black as the night of the ocean, reaches her ears of nacre. She was wrapped in silk. A silver bow tied her snowy-pink kimono to the back. In the eyes of Alejandro she was fragile like a doll, which he would not dare to touch in order not to hurt her. Opened her eyes and look at him insistently, as if searching for something on him. Alejandro scared walked to the door to return to his cabin, her voice stopped him.
          “Wait, Alex, do not go!” The Japanese doll speak to him by his name, he believed was dreaming. A fine hand like a dove wing beckons to approach him. Alejandro wanted to leave, but she called him with a harmonious voice like the notes of a sanshin. The rude ears of the neophyte succumbed to the particular siege.
          “What do you want?”
          “Nothing, I just want you to stay for a conversation.”
          “What kind of conversation?”
The vocabulary of his elementary English betrayed him. He forgot everything he had learned in a month.
          “I do not have money, you know?”
          “Not money, no problem. I do not ask you any money.”
          “Then, what do you want?”
          “I want only your company. My name is Sakura. You are Alex, right?”
          “How do you say your name is?”
          “Sakura, do you like it?”
          “Yes, yes, it's very nice what does it mean?”
          “Sakura is the typical tree flower of Japan. I like your name and your hair, Alex.”
She went to him, took his hand and kissed him gently on the cheek, whispering in his ear: “No money, no money, honey.”
Until then he had been clumsy, but the insistence of the Japanese girl, offering friendship, with no money in return, was interpreted it as a gesture of spontaneous love, probably typical of oriental women. What the novice sailor did not realized is that she knew the life on board, better than him. Speaking gently persuaded him to take her to his cabin to talk nice and quit. Alejandro repeated again and again that he has no money to pay, but the sweetness of her look and the sway of her short and hurried steps, ended his resistance. Arriving at the cabin, the conqueror sailor, wanted to seal the budding friendship offering a beer.
          “No Thanks. No Sapporo for me.”
          Before she finished the sentence, he had emptied it in his parched throat for the mixture of curiosity and youthful courage. He offered her to sit on the bed, but the Japanese refused, Alejandro was ashamed, he felt she was able to read his thoughts. Then he did not know what to do with her. He spoke of his country, hoping she would understand something, but all she managed was to snatch a smile. After the third beer, he decided to take the Japanese doll out of her kit, he sat her on the bed, and he lunged at her and first kissed her soft and then passionately. He began undressing her feet, when he took her panty she went to the bathroom, to get even prettier. Alejandro discovered that oriental women are the same as westerners. He waited lying in bed convinced that girl of angelic face cannot be an ordinary whore like the others of the port. He preferred to think he is the same conqueror of his years as bachelor and let himself go to the memory of his youth years. Sakura appears at his side, ready to glimpse him with a celestial nudity. The host defeated for the beers and his work falls asleep, seems no return. The Japanese approaches him offering her best temptation. In the soft pubic triangle wears a tattoo of a flower. She put it near the noses of the sleeping sailor. He did not know if it was the scent of the flower or the faint scent floating in her, which took him out of sleep. The truth is that he felt the brush of the beautiful pubic in his brown nose. He opened his eyes and discovered the subtle motif of a peach blossom in the delta of the sex of the Japanese doll.
          “Do you like my sakura?” she asked, while Alejandro’s mind traveled across the ocean. It brought to his mind the memory of the cherry blossom that Eliana put in his hair the night before sailing. A storm of emotions shakes his macho spirit. He holds the fragile lotus in his arms and with his lips seeks the hidden sakura in the beautiful silk of the girl. His nose absorbed up to the last aromatic molecule that flowed from the pubic flower.
          The next morning, Alejandro showed up for work as usual. The commissioner took him away from the others, took him to a corridor, and extended a note signed by the master Megayoti.
          “Alex, the master wants me to tell you that he appreciates your work, and to make it up to you he gives you free the three days that the ship will be in Japan. You will return to work the day of departure. What do you think, kid?”
For Alejandro it made no sense, he did his job and nothing more, but was so happy, ran to his cabin. Sakura was sleeping and woke up to the violent opening of the door. He showed her the letter from the captain. Sakura showed to him to be surprised, she said words of love in English, Japanese and Spanish. They prepared to go to breakfast. She looked fresh as a chrysanthemum in April.
          Taki, the mess-boy told him the commissioner authorized them to use the officers' hall for breakfast. There awaited them a table set for three. This lady is very important in the city, explained the irreverent Taki. The geisha thanked with an ancient bowed and sat next to her occasional boyfriend. At the door appeared the commissioner Juan Manuel. Alejandro thought he was waiting for them. It made him uncomfortable, and at a time Juan Manuel suspected that something was up. The very brash commissioner welcomed the geisha, without calling her by name. The table was set in Oriental fashion. Sakura served salmon with rice, miso soup and a plate of pickles. Seeing the surprised face of Alejandro, she explained that this was a Tsukemono, typical of her land. Alejandro agreed to please her, but it tasted so bad that rejected it.
He was surprised that the commissioner came to share the table with them. Alejandro took the opportunity to eat all the bun Taki put on the table. Sakura pretended to be entertained with fanciful stories of the supervisor of her boyfriend, who expatiated in   accented English, that Alejandro couldn’t understand. Fifteen minutes later it seemed that Juan Manuel and the girl understood each other too well, more than he could accept. So much was his jealousy that he motioned Sakura to stop and return to the cabin. She asked him to wait until the commissioner finished the conversation, told him it was rude to interrupt a conversation. Alejandro contained himself and waited. The commissioner felt the unrest and tried to make amends.
          “Now I will speak in Spanish for Alejandro to understand me. Not to worry, kid, I'll translate what this lady is telling me. She wants to spend these three days with you, wants you to know Aomori, her hometown. It is no more than four hours, the train is very comfortable and you'll like the landscape. Aomori is a large modern city. I always go there. You know that Teo has been to this place, also? Remind him when you return to Mejillones.
          “Wait a minute, commissioner! I already told the Chinese, I say, to the Japanese that I do not have any money. I cannot pay train tickets or anything! So it is better to forget that trip—!” He  stood up and went back to his cabin, Sakura followed him silently, with downcast eyes.
          The outraged Alejandro sat in a corner without speaking. She started to put the small room in order. She makes the bed, picked up his clothes, cleaned the bathroom and ironed a shirt and slacks. Alejandro left under the pretext that he had to talk to someone. He walked along the lonely deck, did not know what to do with the geisha. He wanted to let her go. At the same time he would like to spend the three days with her. He did not want to being locked in the cabin, while the entire crew goes out in the evenings. He decided return to his cabin. Otherwise, she could go with another crewmember. He was jealous again. He realized that the beauty of Sakura had hooked him. He had slept with several girls, had shared with married women, but had never taken such a thin skin, which sore of slip out of hand. He returned to stealth. She was lying on the bed with a flower in her silk hair. Alejandro allowed her to teach him new ways of making love. He got attentions he had never received before. She gave him to drink the cup of eroticism till to make him drunk.
          Juan Manuel, the commissioner kept vigil on deck. Seeing a white snowy car asked a crewmember to advise the cabin 27 that the limo was waiting. The new Alejandro appeared in the deck with freshly ironed shirt and pants. His face was whiter because of the bath with mineral salts that she lavished him. Both were floating in a cloud of perfumes that Alejandro nose never smelled until that day.
          The one-eyed, head of a gang watched with two buddies, squared in the engines, filled with envy,
          “¡Look, that dumb doesn’t know what he is getting into!”
          Chang Wong, the chauffer opened the door of the white Toyota limousine. In a cloud of cotton bring them to the train station. With Japanese timeliness the train appeared at the station of Huachinoe, quiet, colorful as a tropical bird. It stopped with the softness of a petal of Peony. Alejandro and Sakura look each other without speaking, she did not let his hand loose and he squeezes her hand. He fears get lost in that world so strange and alien. The train flew over silent rails of foam without departing from the coast of Tenashi, which reminded him Mejillones, his hometown. The villas they passed evoked his fields, with the difference that the cleaning was imposed throughout the landscape.
          At noon Sakura took him to the dining car. The blue Ti-ku cup (a vodka of rice) on the rocks was the appetizer that opened his appetite. They asked for a light lunch of noodles and rice white and tasteless, accompanied with sake, a red wine. At dusk, the train reached its destination.
          Aomori, the modern city, stands extensive and vertical on the pacific coast of Japan. Alejandro keeps his lotus flower attached to him, her soft breath reach him as the wail of a fragile lark. He gets carried to the end for his good luck star. In a fit of narcissism, locks himself in the bathroom of the hotel. The wall to wall mirror reflects his image of conqueror. Pose imitating his favorite singers. He consider himself a brave kid, a little short, but some handsome. Alejandro Brown was pleased that such a beautiful Japanese girl had fallen in love with him plenty of romanticism. No doubt the smile he rehearsed in the mornings as a teenager in front of the mirror, has given such good results. << If I had known I would have listened to my mom who asked me to wash my teeth before bed >>.
          A luxury car drove them to the Best Western, the tallest building in the city. The idyll of the wonderful couple took place in one of the clearest nights of the year. Then, Sakura took him to a tourist restaurant so he could eat as much as he wanted. They ordered a Teppan Yaqui, which is the closest thing to a Creole barbecue. They returned to the suite on the 31st floor where the Japanese doll gave him new lessons of the wise science of eroticism.
          The next morning they took a bus to Fijimiku Park. Accepting the challenge of Japanese, he walked across the longest wooden Japanese bridge.  She said it was an omen of a long life. Endless rows of cherry blossoms bloom across the bridge. He recalled that the cherry blossom is also called Sakura, like her. Alejandro laughed out loud, because the day before, when she asked him if he liked his sakura, he thought he was referring to his sex, instead of the tattoo decorating her pubis.
The next two days, they enjoyed going to other parks and eating at fine restaurants. Those days were a dream honeymoon without having planned it and without spending a single penny. All completely free according the judgment of Alejandro Brown.
          The return trip seemed longer and exhausting. The train did not fly, as it did before. This time it was a quiet snake of live color that with laziness returned to its burrow. At first, Alejandro was pleased with the continued sensual attentions and caresses of the Japanese girl. Later, her insistent harassment day and night started to bother him, and Sakura noticed. The smart girl took out her hand bag last flower she had, and did put it in her hair. She was practical in such things. She bought him a rice wine that would make him sleep the rest of the afternoon and the next morning will make him vomit. Finally the sleepy train returned to Huachinoe. Chan Wong was waiting for them with his millenary smile with the open door of his emerald limo willing to return them to the Egeo. The hearty dinners, unknown dishes and constant siege of the burning little Japanese eventually decompose the lucky Alejandro.
          At midnight, the commissioner was waiting impatiently on deck. The asleep Alejandro did not see Sakura passes him an envelope she had in her handbag. She looked down and gave him a smile. Alejandro took her arm and almost dragged her to his cabin, and made her to lie in bed. Turning off the light, he sees a letter from his wife. Sakura took off the flower in her head and threw it hard on the nightstand.











12 sep. 2015

Emigrante. Cuento de Dioly Araque

Emigrante
Cuento de Dioly Araque

La Caverna, escuela de escritura creativa, en esta oportunidad invita a leer uno de los cuentos de la coantóloga venezolana Dioly Araque. El texto hace parte de la Antología Bilingüe: MUESTRARIO DE FICCIONES HISPANOAMERICANAS a publicarse en la plataforma de Amazon en noviembre próximo.





              “Dedicado a todos aquellos que un día se encontraron atrapados en una celda. 
Que estas palabras de alguna manera liberen tanto dolor.
A todos los cubanos caídos en busca de libertad”.

Primero salió mi esposo. Su padre lo mandó a buscar. El pagó para que lo sacaran de Cuba y una madrugada se fue a la tierra de la libertad. Claudia y yo nos quedamos solas en la casa, y la tristeza, bueno, la tristeza me llegó después con los días, pues, estos comenzaron a  hacerse larguísimos y las horas pasaron a ser eternas, eternas. Pero, ¡ya tú sabes!, yo siempre mantuve la esperanza que Ari haría todo lo que tenía que hacer para sacarnos a la niña y a mí de Cuba. Aquello que vivimos no fue fácil para ninguno de los dos. Me pasaba el día entero arreglando la casa y al día siguiente volvía a arreglarla para que el tiempo se consumiera y los pensamientos no me comieran la cabeza.
Un día Ari me llamó y sólo me preguntó por la niña, ¡tú sabes!, él estaba loco por ella, la niña era la luz de sus ojos  y me dijo que alguien vendría a visitarme y que le prestara mucha atención. Él no me dijo cuándo, ni el día, ni la hora, ni quién era y no dijo más nada, y así mismo se despidió y trancó el teléfono. ¡Muchacha!  tú no te imaginas lo que yo tenía que hacer para ir a recibir una llamada de Ari desde aquí en Miami, y después que Ari se iba por ese teléfono, ¡muuuchaacha! Yo siempre me quería morir.
Pasaron los días y la persona no venía a verme y pasaron como dos meses para que al fin la persona llegara, y cuando menos lo esperé entonces llegó de madrugada, eso fue como a las dos de la mañana. Así que, abrí la puerta y yo estaba muy asustada, tú sabes, porque yo en ese tiempo andaba muy extraña de los nervios, bueno, me había puesto así después que se fue Ari, y el corazón en el cuerpo me saltaba por todo.
El hombre aquel entró y me dijo cerca de la puerta rapidito — en cualquier momento la venimos a buscar a usted y a la niña, pero sólo puede traer lo necesario, no dijo más nada, ni la hora, ni el día, ni qué había dicho Ari, ¡niñaaa!, que desesperación me entró a mí. Así que, pasaron los meses y nada que me venían a buscar y yo casi que me volvía loca de tanto pensar, porque además,  yo no podía decirle nada a nadie y para colmo cuando Ari llamaba sólo me preguntaba por la niña y las llamadas eran todas demasiado cortas y lo que decíamos era todo tan extraño. Yo sabía que el pobre Ari estaba asustado también, entonces, me dio por comenzar a prepararlo todo y a escribir una carta para dejársela a la prima mía. También, hice unos papelitos para ponerlos en las cositas mías y en las de Claudia para que mi prima las cogiera para ella, también, dejé una nota para que mi prima repartiera todo rápido, como la ropita de Claudia para que la usara otra niña, tú sabes, todo antes que se metieran ellos y se lo llevaran todo. La prima mía siempre pasaba por la casa a visitarme, pero yo nunca le llegué a contar nada a la pobre, nunca le dije que en cualquier momento yo dejaba Cuba.
Sabes, que yo soy de un pueblo muy pobre que se llama  ‘Aguacate’, y todo es tan pobre que aquí en Miami he cogido una lloradera cuando pienso que mi pueblo es muy pobre. Esto no se puede explicar me refiero a lo que uno siente cuando está viviendo aquí del otro lado con tanta comida y tantas cosas para usar que todavía no sé ni para qué sirven en esta vida. Bueno, para hacerte el cuento corto el hombre llegó en la madrugada a mi casa y no tocó la puerta, él, cuando llegó ya estaba allí adentro en la casa mirándome mientras dormía, me echó un aire húmedo y caliente y dijo muy cerca de mi oído, muy cerca de mi cara, —¡nos vamos! Cuando yo abrí los ojos pegué un salto por el susto que me metió y corrí a coger a Claudia y actué como si alguien me la venía a robar, inmediatamente me repuse porque me di cuenta quién era y agarré el bolso mío que ya era muy pequeñito de tanto sacarle con los días y los meses lo que ya no era necesario, así que, me moví rápidamente con Claudia entre mis brazos y como lo había planeado repartí rápido los papelitos que había escrito por toda la casa, y también le dejé a mi prima la carta en la cocina cerca del fogón y apresurádamente nos fuimos de la casa. 
Esa madrugada partimos del pueblo y viajamos como por una hora y diez minutos  por entre los montes hasta que llegamos a un lugar donde solo estaba el mar. Era una maleza que había que atravesar caminando para encontrar apenas un pedacito de arena que era la única orilla para enseguida echarte al mar, todo era muy difícil. El hombre nos llevó hasta allí, y no se despidió, se hizo a un lado y antes de irse me dijo, — entra en el mar y vas a caminar hasta allá y señaló con un dedo el mar oscuro. Yo no veía nada ni siquiera lo podía ver a él, entonces, él se dio cuenta de lo que le pasaba a mis ojos y me dijo —aprietálos, él se refería a mis ojos y yo los cerré con fuerza y luego dijo, —abrélos bién, y presta atención, ¡tú estás viendo allá, verdad! y señaló de nuevo el mar con el dedo y fue cuando vi en aquella oscuridad unas sombras. Le respondí — sí las veo, y eso fue todo cuando viré sólo estábamos Claudia dormida en mi hombro y yo que seguía intentando ver las sombras.
El hombre se fue y no supe más nada ni siquiera su nombre. Cuando caminaba dentro del mar miré hacia atrás con nervios, pero, él ya no estaba, entonces, miré solo hacia adelante, hacia donde me esperaban las sombras. Avanzaba y las sombras las veía cada vez más lejos. Claudia me pesaba y el bolsito lo sentía tan grande e incómodo que ya no podía más con el peso adentro del agua. Entonces, de nuevo me alcanzaron los nervios, y Claudia comenzó a hablarme para espantármelos. Ella como que presentía algo cuando yo estaba a punto de caer en sus redes. Ya despierta comenzó a darme ánimo y me decía  — ¡vamos mami!, allá esta papi, ¡apúrate! El bolso lo sentía como si llevara un hierro y andando como pude lo abrí y comencé a sacarle parte de las cositas que traía. Una a una las fui soltando en el mar, flotaban todas a mi alrededor y a mí, eso, ya no me importaba. Sólo me importó  algo que busqué con desesperación en el fondo del bolso y que en ese momento de atribulación no lo encontraba, eso sí, lo quería tener conmigo. Aquello era desesperante porque el agua la tenía casi por el pecho, pero al fin, después de tanto tantear encontré lo que me pesaba y lo que no quería perder. Cuando mi mano al fin lo atrapó, lo saqué del bolso con fuerza y decidí apretarlo a mi pecho junto con Claudia. Entonces, me liberé del bolso que me hacía presión en el cuello y lo dejé en la superficie del mar.
Subía el nivel del agua por mis senos y ya los nervios se habían apoderado de mí. Allí mismo ya no me importó nada y con desesperación comencé a llamar a Dios por su ayuda y como una loca le hablaba a la nada en medio de aquella oscuridad. En medio del mar negro donde me encontraba ninguna de las sombras venía a ayudarnos ni a mí, ni a Claudia porque la orden que dejó el hombre era que yo tenía que llegar hasta el bote y ellos como que también lo sabían. El agua subía, subía, subía y en mi subía el terror de morir ahogada con Claudia en mis brazos. Yo sentía mientras marchábamos en el mar que más bien íbamos camino a la muerte. Claudia me pesaba mucho, entonces, la empujaba hacía arriba con mis brazos para que no se me ahogara y el agua subía, subía cada vez que avanzaba. Claudia  decía — ¡vamos mami que ya vamos a llegar!, — ¡apúrate mami! Y en un brazo sostenía a la niña y la apretaba a mi pecho y entonces jorobaba mis hombros y los ponía hacia adelante para sujetar el libro para que Dios no nos abandonara. Allí, en ese instante fue que me atreví a decirle de frente a Dios que no nos dejara morir ni a mí, ni a mi niña. Yo lo hice con lágrimas en los ojos, me atreví a gritarle en medio del vacío y lo hice responsable de todo lo que nos pasaba a mí y a Claudia. Después, caminé con más fuerza y mis pies comenzaron a moverse más rápido como si llevara un motor en las piernas. A Claudia la levantaba con un brazo cada rato para que no tragara agua y con el otro brazo levantaba la Biblia para que no se me mojara.
El agua la tenía ya por la boca, entonces, comencé a caminar dando saltos como una rana para que no se me metiera el agua por la nariz y le dije por última vez a Dios con la esperanza de que me escuchara que nos salvara, que sólo lo tenía a Él, a Claudia y a la Biblia. Esta vez le dije en un tono que le insinuaba que la bravuconerías mías no eran con él, y allí abriéndome camino entre las aguas y diciendo todas esas boberías fue cuando de repente escuché a alguien decir — ¡la niña primero!, ¡niñaaa!  Pensé, me habló un espíritu.  ¡Coñoooó!, pero, fueron las sombras quienes hablaron y vaya susto que me pegué. Asi fue, que me di cuenta que habíamos llegado a el bote. Entonces, sentí como de un jalón se llevaron a Claudia y cuando me tocó el turno a mí, les advertí, — ¡cuidado con el libro! Insistí para alcanzar el bote dando saltos para tocar el fondo con mis pies y en la tercera del impulso ya estaba arriba lanzada a el piso del bote como sardina fuera del agua pescada en la red.
Acostada en la embarcación abrazada a Claudia, mientras el viento nos secaba a las dos, de repente, la niña armó un alboroto y reaccioné esta vez sin asustarme y me di cuenta por Claudia que el cielo tenía una estrella. Las dos lo celebramos dándonos besitos y abrazos y después Claudia me insistió, mami regálame la estrella y yo le regalé la estrella. Entonces, le dije - Claudia mi amor ahora quédate quietecita y para de hablar de la estrella porque la estrella nos está mirando y yo sé que ella quiere hablarnos, vamos a preguntarle con la mente cómo se llama para saber qué es lo que ella quiere. Tendidas las dos, concentradas en la estrella, y envueltas en el aliento cálido que expulsaba nuestra respiración, nos quedamos mirando por un largo rato a la estrella de Claudia en el cielo. Mientras, las sombras tomaron rápidamente las riendas del bote y emprendieron a toda velocidad el viaje en alta mar para desafiar las olas, para desafiar los tiburones, para desafiar la guardia costera y así fue como alcanzamos la libertad.


                                                         
“Emigrant”
A Short Story by Dioly Araque.
Translated by Maria Gabriela Madrid.

Dedicated to all those who one day found themselves trapped in a cell.
That these words somehow release much pain.
To all Cubans who died in search of freedom.


First came my husband. His father sent for him. He paid to get him out of Cuba and one morning he went to the land of freedom. Claudia and I stood alone in the house, and the sorrow, well, the sadness came to me the day after, because, these began to be very long and the hours became eternal, timeless. But, as you know! I always held out the hope that Ari would do whatever he had to do to get the little girl and me from Cuba. What we live was not easy for either of us. I spent the whole day cleaning the house and the next day again to pass time and the thoughts would not consume my head.
One day Ari called and just asked for the girl, you know! He was crazy about her, she was the light of his eyes and he told me that someone would come to visit me and to pay close attention. He did not say when, neither the day nor hour, not who he was and did not say anything else, and likewise said goodbye and hung up the phone. Girl! You
cannot imagine what I had to do to go to get a call from Ari from here in Miami, and after Ari was on the phone, girl! I always wanted to die.
Days passed and the person didn’t come to me and two months passed and finally  the person arrived, and when I least expected it he came at dusk, it was about two in the morning. So, I opened the door and I was really scared, you know, because I at that time was so uneasy with my nerves, well, I was like that after Ari left me, and the heart in my body jumped for everything.
The man came in and quickly told me close to the door - at any time we will come to look for you and the child, but you can only bring what you need and did not say anything more, nor the hour, or day, or what did Ari say, girl what a despair
came to me! So the months passed and nothing came to look for me, I almost went crazy from thinking, and I could not tell anyone and to top that when Ari called just to ask about the girl and the calls were all too short, and what we said was all so strange. I knew the poor Ari was scared too, then I got to start preparing everything and to write a letter to leave to my cousin. Also, I made a few pieces of paper to put in my own stuff and those of Claudia’s  for my cousin to grab them, also, I left a note for my cousin to give away everything fast, like Claudia’s  clothes so another girl could wear them, you know, everything before they came to take everything. The cousin of mine always came to visit me, but I never got to tell anything to the poor girl, I never told her that any time I would leave Cuba.
You know, I am from a poor village called “Avocado”, and everything is so poor that here in Miami I cry and cry  just to  think that my people are very poor. This cannot be explained. I am talking about what you feel when living here on the other side with so much food and so many things to use that you do not yet even know what they are in this life. Well, to make a long story short the man came in the morning to my house and did not  knock on the door. When he arrived he was there in the house watching me while I slept. He blew hot humid air and said very close to my ear, very close to my face, -Let’s go! When I opened my eyes I jumped from shock and ran to get Claudia and I acted as if like somebody came to steal her, immediately I recovered because I realized who he was and grabbed my own bag which  was too tiny for all the days and months where I took out what was no longer necessary, so I moved quickly holding Claudia in my arms and as I had planned I quickly handed out the papers I had written all over the house, and left my cousin the letter in the kitchen near the stove and hurriedly went out of the house.
That night we left the village and traveled for about an hour and ten minutes from the brushwood’s until we reached a place where it was only the sea. It was an undergrowth that we had to cross walking to find just a bit of sand that was once the only bank to lend to the sea, and everything was very difficult. The man took us there, and did not say goodbye, moved aside and told me before he left – go into the sea and walk there while pointed with his finger at the dark sea. I did not see anything even I could not see him, then he realized what was wrong with my eyes and told me –close them tightly. He was referring to my eyes and then said -open them well, and pay attention, you're seeing there, right? While pointing again to the sea with his finger it was when I saw shadows in the darkness. I told him- Yes, I see them - When I turned it was just Claudia   asleep on my shoulder and I was still trying to see the shadows. The man went away and I knew nothing more, not even his name. When I walked into the sea I looked back nervously, but he was gone, then I looked only forward, where the shadows waited. I walked further  and I saw the shadows farther and farther away. Claudia was heavy and the purse felt so large and uncomfortable, and I could not take over what it  weighed in the water. Then again I was nervous, and  Claudia started talking to me to frighten off  my nervousness. She sensed something like that when I was about to lose it. Already awake she began to encourage me and told me – let’s go mom! There's daddy, hurry up! The bag felt as if it had an iron and I walked as I could and then opened it and started to get some of the stuff out. One by one I dropped them into the sea, and as it was floating all around me, it no longer mattered. It only matter to me what I desperately searched for at the bottom of the bag and at that moment of tribulation I could not find it, though, I wanted to have it. That was frustrating because the water was almost at my chest, but finally, after much searching I found what  weighed so much and I did not want to lose it. When my hand finally caught it, I pulled it out of the bag  and decided to hold it close to my chest along with Claudia. Then I freed myself from the bag that put some pressure on my neck and left it on the surface of the sea.
The water level rose by my breasts and my nervousness had seized me. Right there I no longer cared for nothing and in despair I started calling to God for his help and spoke like crazy to nothing among the darkness. Amid the black sea where none of the shadows  came to help me or Claudia  because the man said that I had to get to the boat and they kind of knew it too. The water rose, rose, rose up and in my terror of drowning with Claudia in my arms. I felt as we marched into the sea that we were rather heading to death. Claudia weighed heavily on me, then I pushed her upwards with my arms so she was not drowning and the water kept rising, rising each time I took a step foward. Claudia said – let’s go Mom! We are almost there! Hurry up mommy! In one arm I was holding the girl and I pressed her against my chest. And then hunched my shoulders and put them forward to hold the book so that God will not abandon us. There, in that moment I told God to not let us die, neither me nor my child. I did it with tears in my eyes, I yelled at the void and made God responsible for everything that happened to me and Claudia. Then I walked with more strength and my feet started moving faster as if I had a motor in my legs. I lifted Claudia with one arm at a time so she would not swallow water and with the other arm I lifted up the Bible so it would not get wet.
The water was already at the mouth level. Then I started walking and jumping like a frog so the water did not go through my nose and I said for the last time hoping God would hear my prayer to save us and that I only had him, Claudia and the Bible. This time I said in a tone that implied that the bravado was not with him, and there walking my way through the water and saying all that nonsense was when suddenly I heard someone say - First the girl! The girl! Then I thought, a spirit spoke to me. Crap! But they were the shadows who spoke and it scared the hell out of me. So that was when I realized that we had reached the boat. Then they pulled Claudia up and when my turn came, I warned – careful with the book! I tried jumping high to reach the boat to touch the bottom with my feet and the third pulse already launched me to the top floor of the boat like sardines in a fish net fished out of the water.
Lying on the boat clutching Claudia while the wind dried us both, suddenly, Claudia raised a fuss and I reacted this time without getting scared and Claudia made me realize that the sky had a star. We both celebrated by giving us kisses and hugs and Claudia insisted - Mommy give me the star! And so I gave her the star. I said - Claudia now stay still and stop talking about the star because the star is watching us and I know she wants to speak with us. Let’s ask her with our mind what her name is and what she wants to know. The two of us laid down concentrated on the star and wrapped in the warm air expelled by our breath, and we stared for a long time at Claudia’s star in the sky. Meanwhile, the shadows quickly took over the boat and started speeding the trip offshore to challenge the waves, to challenge the sharks, to challenge the Coast Guard. And that's how we achieved freedom.

 Biografía de Dioly Araque 

Dioly Araque nació en Maracaibo, Venezuela. Obtuvo la Licenciatura en Comunicación social mención Audiovisual en la Universidad del Zulia (LUZ).
Cursó estudios de teatro en la Escuela de Teatro Inés Laredo y estudios de Fotografía en la Escuela de Arte Neptalí Rincón  en Maracaibo, Venezuela. Estudió en el taller Literario del Profesor y Escritor Orestes Pérez en Miami Atenea, Miami, Florida. También tiene estudios en Business Miami Dade County. Miami, Florida.
Trabajó como Script, Asistente de Dirección y de Jefe de Producción para la Televisión Venezolana. Créditos repartidos en diferentes proyectos audiovisuales como Documentales Cuadernos Lagoven en la Pantalla, Series de televisión Infántil Los del Galpón y Comerciales de TV.
Realizó el cortometraje Halcón Negro en formato Umatic como tesis de grado para la Universidad del Zulia. Ejecutando el rol de Dirección General y Adaptación de Guión del cuento Halcón Negro del reconocido escritor venezolano Orlando Chirinos.
Dioly Araque es autora de los libros Palabras en Sepia (Poesía, 2013), Serie Infántil de cuentos,  Los cuentos de mi Barrio,( Libro Inédito),  Mario Benedetti y otros cuentos (Libro Inédito). Participó en la Antología de cuentos Latinoamericanos editada por el Taller Literario de Miami Atenea. 2003. Participó con la Editorial Voces de Hoy en Miami Book Fair International (2013).
Actualmente trabaja en Garmed Art Studio y simúltaneamente escribe sus dos próximos libros, una Novela y un libro de Poemas.

 Biography of Dioly Araque

Dioly Araque was born in Maracaibo, Venezuela. She earned a degree in Social Communication with an Audiovisual mention in the University of Zulia (LUZ).
She studied theater at the School of Theater “Ines Laredo” and studied photography at the School of Art “Neptali Rincon” in Maracaibo, Venezuela. She studied at the Literary Workshop of teacher and writer Orestes Perez in Miami Athena, Miami, Florida. Also, She has studies in Business in Miami Dade County. Miami, Florida.
She worked as a Scriptwriter, Assistant Director and Head of Production for the Venezuelan Television. Credits distributed in various audiovisual projects like documentaries “Notebooks of Lagoven” on the Screen, Child's television series of the shed and TV commercials.
She made the short film “Black Hawk” in U-Matic format as thesis for the University of Zulia. Having the role of General Direction and Adapted Screenplay of the “Black Hawk” tale of the renowned Venezuelan writer Orlando Chirinos.
Dioly Araque is the author of the books “Words in Sepia” (Poetry, 2013), “Infant Series of stories”, “Tales of my neighborhood” (unpublished book), “Mario Benedetti and other stories” (Unpublished book), an illustrated children’s short story “When The Rain Comes to My Neighborhood” (English-Spanish and an Unpublished book). She participated in the anthology  “Latin American Stories” edited by the Literary Workshop of Miami Athena, 2003. She participated with the Editorial Voices of Today (Voces de Hoy) in Miami Book Fair International (2013).
Currently, she is working on Garmed Art Studio and simultaneously writes her next two books, a novel and a book of poems.