18 jun. 2017

Ana C. Blum: La inocencia natural del poeta

La inocencia natural del poeta
Comparto esta entrevista de Marcos Rivadeneira a la poeta ecuatoriana Ana C. Blum, exquisita y puntual semblanza en la voz de una de las más connotadas poetas latinoamericanas.


UN CAFÉ CON: Ana C. Blum (Ecuador)
Redacción: Quito - Ecuador.
1. ¿Cómo empezó tu relación con la poesía?
Yo crecí junto al mar, en un pueblito de la costa Sudamericana llamado Manta, -hace más de 40 años era un pueblito colmado de arenas que parecían llevarse gente y casas; ahora es una ciudad grande pero en aquel tiempo no era tal, al menos así yo lo percibía-. Recuerdo que la escuela era una casa vieja de ventanas abiertas, y en el cuarto grado me asignaron un pupitre desde el cual yo podía contemplar y oler las olas del Pacífico, eso me hacía sentir una emoción muy grande que quería plantar en palabras y no sabía como; pronto la profesora se dio cuenta de que el mar me distraía demasiado y me mandó al otro extremo donde solo tenía en frente una pizarra oscura, allí terminaron mis ansias de poetizar a los nueve años; sin embargo, el destino no es semilla que se escoge y fue a los doce, en 1984 cuando la poesía me agarró desprevenida, me apuntó con su varita y un torrente tomó mi cuerpo y mi mano, nacieron entonces unos primeros versos estrellados y llorones, y así empezó este andar de cantos a veces alados a veces dolientes.

2. ¿Existe algún libro que te ha causado impresión positiva o negativa?

Son tantos textos que me han emocionado, arrastrado, pinchado, quebrado. En poesía más que libros enteros son poemas, por ejemplo algunos de Residencia en la tierra de Neruda; otros de las Obras Completas de Cavafis; varios de Szymborska, Ileana Espinal, Rosario Castellanos; muchos de Eliseo Diego, Holan, Paz, Montale, Cernuda, Carrera Andrade; ya en narrativa tengo libros favoritos como Cien años de Soledad y El amor y otros demonios de García Márquez; Un viejo que leía Novelas de Amor de Sepúlveda; La Casa en Mango Street de Sandra Cisneros; History of love de Nicole Krauss; y probablemente el que más me ha traspasado y ocupa un lugar especial en mi corazón: Beware of Pity de Stefan Zweig, es una novela desgarradora de un autor extraordinario, que la siento muy cercana, seguramente porque la protagonista es una joven afectada con poliomielitis, enfermedad que también me afectó a mí de pequeña y de la cual arrastro sus secuelas de por vida… Bueno, son muchos los textos que me han punzado y fascinado –y lo siguen haciendo- entre otros tantos libros y otros tantos poemas que faltaría página para nombrar.

3. ¿Cómo es tu momento creativo? (cuándo y cómo escribes)

Antes, en mis primeros años, cuando apenas empezaba a escribir, yo creía mucho en la inspiración como un halo mágico, una presencia, un espíritu que llegaba a poseerme y me susurraba misteriosas líneas y versos. Hoy, creo más en las ideas, en mis humildes poderes terrenales. Admito -sin lugar a dudas- que hay momentos, circunstancias, estados de ánimo que por su intensidad y conmoción convocan al proceso creativo y que tal vez podrían confundirse con momentos de inspiración y tal vez lo sean –no me obstruyo a la idea- sin embargo ahora me apego más racionalmente a la conversión de las ideas sobre el papel, me obligo a pensar sobre un tema que me ha inquietado o emocionado y estas elucubraciones se hacen versos, y estos versos se hacen poemas.

4. ¿Tienes alguna organización, disposición, estructuración o ejes temáticos, para conformar un libro y editarlo?

Yo trabajo poemarios que intentan expresar mi experiencia y la de otros; reflexiones sobre mi mundo interior y el que me rodea; poemarios que guardan muchas voces, muchos “tú”, muchos “yo”, muchos “nosotros”, y dentro de todos estos hablantes es posible contemplar uno solo que gobierna. No me preocupo por una estructura ideal, siento que si lo haría estaría forzando el proceso. Que venga lo que quiera venir, ya luego arreglo, limpio, armo, doy sentido y siempre de alguna manera el libro terminado guarda la unidad que brota de mi particular forma de decir.

5. ¿Cuáles son los temas que despiertan tu necesidad de escribir, hay algunos recurrentes?

Algunos de los temas que he trabajado hasta ahora son la infancia perdida; el oficio como un fatum; las dimensiones de la ciudad; el drama del desarraigo; el cuerpo incompleto; el sentir de uno como el sentir de todos; entre otros que a ratos se escogen pero que más a menudo asaltan. En general mis poemas hablan sobre la experiencia y las emociones humanas. Son un popurrí de viñetas propias y ajenas que voy recolectando al andar. Ahora, el que me lea deberá tener un gusto particular, porque yo escribo sencillo, nunca me conquistaron los artefactos crípticos, trato de ser lo más diáfana posible, eso sin perder la intensidad y la porción de misterio que deviene de la palabra misma; entonces quien ande buscando formas y contenidos exuberantes y/o enmarañados y/o eruditos pues vaya nomás y busque por otro lado.
6. ¿Hay una fórmula para lograr el poema perfecto?
La poesía es perfecta. Los poemas nunca. Se alcanza cierta excelencia en ciertas cosas que hacemos en la vida pero no la perfección, quien la busque se apunta para recibir una decepción inmensa. Por mi parte a veces logro hacer poemas que parecen terminados, acaso totales; no obstante, la mayor parte del tiempo no lo logro, y sin embargo sigo intentando, gozo comunicar en verso y no me rindo, todo lo contrario, encuentro sosiego en saber que siempre será un plan incompleto, un proyecto de vida; es decir, hay trabajo por hacer hasta el último suspiro.

7. ¿Qué lugar ocupa la poesía en este nuevo milenio?

El lugar que siempre ha ocupado. El lugar de los asombros. Su posicionamiento de hada que puede hacernos mejores seres humanos. La poesía no se marcha, no se extingue, no pasa de moda porque la poesía va con la vida, y va adentro del ser y va afuera del ser. No obstante, en este nuevo milenio rodeado de mares cibernéticos las carabelas de la poesía pueden llegar a más orillas, y más rápidamente; y esto hace que se expanda su poder de encantamiento y sanación.

8. ¿Tienes alguna idea para incrementar la difusión de la poesía?

Mira, yo creo que tomamos mucho de la poesía y que le ofrecemos muy poco. Hay que dar, aunque se tenga poquito hay que dar. Ahora mismo con las redes sociales y el correo electrónico contamos con una plataforma impresionante para la difusión: Copie y comparta un poema que le ha gustado, hable de un libro que le han hecho llegar, empiece un blog (hay servicios gratuitos para ello), si sabe hacerlo construya una foto-poema de otro autor para subir a las redes, arme una revista o antología electrónica y compártala por correo. Fuera de lo digital: Organice un evento en su barrio, un mini-festival en su comunidad, organice un recital en su propia casa si no cuenta con otro espacio, haga un compendio, preste libros, done libros, regale libros, facilite un taller. Se puede hacer tanto por la poesía, esto que tú estás realizando Marcos es un ejemplo de ese dar al que me refiero, afortunadamente hay muchos que sí lo hacen pero desafortunadamente también muchos que no, entonces, hay que parar de ser poetas glotones, seres humanos glotones, todo para mí, mí, mí; es preciso repartir los panes.

9. ¿Qué es lo que buscas cuando abordas un libro de poemas?

Que no me diga como sentir sino que me haga sentir; me gusta encontrarme con poemas que me inquieten, sacudan, alumbren y me permitan entrar en un estado de reflexión; libros que me sigan persiguiendo aún después de cerrarlos.

10. ¿El poeta debe estar comprometido con algo?

El poeta, el ser humano quiera o no está comprometido con el momento que le ha tocado vivir. El crítico estadounidense Jameson “se opone a la idea de que la creación literaria puede tener lugar aisladamente de su contexto político”, yo comparto esta idea, porque incluso cuando el poeta, el artista vocifere que no está afiliado a ningún partido o causa, pues está equivocado, porque está afiliado a la causa de existir y crear desde un lugar, una cultura y una época específica que de alguna manera lo define o al menos lo salpica a él y a ella, y a lo que va construyendo.

11. ¿Es necesario relacionarte con otros poetas? ¿Para qué?

Yo tengo amigas y amigos entrañables que son poetas, a quienes quiero y admiro mucho, son familia que no me dio la sangre sino la poesía, a los cuales recibo en mi vida con regocijo y busco constantemente para sentirme hermanada y para aprender de sus jornadas y sus voces; sin embargo resulta que mi círculo cotidiano es un ramillete de seres con diferentes oficios, profesiones e intereses, lo cual creo que también es bueno, porque de ellos y ellas obtengo otro conocimiento, otras historias, otra forma de aprender y aprehender la vida.

12. El poeta es un ser ¿tocado por la divinidad?, ¿un personaje al que le falta algún tornillo? o ¿Un simple trabajador de las palabras?

A ver, creo que todos los seres humanos hemos sido tocados por la divinidad o energía universal –como quieran llamarla-; a todos nos falta un tornillo –hasta ahora no he conocido un solo hombre o mujer que no padezca de algún síndrome mental diagnosticado o no-; y así mismo cada humano es un trabajador de la palabra desde que nace hasta que muere dentro de sus particulares conocimientos y contextos. Ahora, yo rechazo el concepto de la poesía como un “género sagrado” fraguado y destinado a un grupo reducido y atribuido a un ser “alado, un hacedor, un semi-dios”. No, el poeta es solamente alguien muy sensible que escribe versos para expresarse; que camina la existencia y en su lectura de ésta hacia la escritura de la misma, utiliza imágenes para revelar lo que encuentra, lo que somos; se arriesga a decir, ha escogido como medio para comunicarse la escritura del poema, porque se ha entrenado a observar, a jugar verbalmente con aquello que sintió y razonó cuando entró por sus sentidos, y entonces se sirve del lenguaje para procurar una experiencia textual-estética.
La vida del poeta y la vida del ser que guarda al poeta deben ir de la mano, construidas no solo para inventar sino para hacer el bien, tratando de incinerar los egos, encontrando en la humildad y las practicas espirituales un camino, procurando la empatía, la compasión, la bondad, el trato ético hacia los animalitos. Hay una inocencia natural que no debe escapar al poeta, y este debe servirse de ella, como una fuente a la que se retorna a sanar para no perder la fe en el mundo ante el cinismo y las monstruosidades que abundan pero que no son más grandes que lo maravilloso y lo bueno. Como escritores, como artistas, es necesario entender que nuestros poemas, nuestras obras y nuestro oficio no son más importantes que nuestra capacidad de amar.

Ana C Blum (Ecuador, 1972). Poeta y ensayista. Estudió Letras Hispánicas en Estados Unidos y Ciencias Políticas en Ecuador. Autora de los poemarios: Descanso sobre mi sombra, 1995; Donde duerme el sueño, 2005; La que se fue, 2008; La voz habitada (Co-autora), 2008; Libre de espanto, 2012; Todos los éxodos (Antología Personal), 2012; Poetas de la Mitad del Mundo, Antología de Poesía escrita por Mujeres Ecuatorianas (Co-Antóloga), 2013; Áncoras, 2015; Rituales (Co-Autora), 2016. Ha sido invitada a leer su poesía en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, dentro del marco del encuentro literario La Pluma y la Palabra en Washington D.C.; ha participado en varios festivales literarios en América y Europa. Actualmente es profesora de español y dirige la gaceta literaria Metaforología.